Por Tijereta Afilada /  En la semana del orgullo, Tijereta se metió de lleno en el debate político del mundillo LGTBI. Entre el pinkwashing, la Ley de Libertades Religiosas y los actos oficiales, nuestra aguda cronista se animó surfear en las peligrosas aguas del colectivo y sus diferencias.

Voy transitando la lesbiana semana del Orgullo sin tiempo para el asombro. Aunque me toma por sorpresa la presentada Ley de Libertad Religiosa, que apaña el Poder Ejecutivo Nazional. Pienso en que la libertad de culto está garantizada en la Constitución Nacional y entonces recuerdo a todas las leyes que se incumplen. Me acuerdo de Dilma, las playas de Brasil y el rol de las iglesias evangélicas en su campaña de desprestigio. Y evoco a Bergoglia, devenida en transFrancisco, y no puedo dejar de sonreír. No me pongo queer porque tengo muchas reuniones.

Se vislumbraba en el comienzo de la semana que iba a estar duro y húmedo, porque recién estaba saliendo de un jetlag con el que me había comprometido monogámicamente hacía unos días y había que ponerse en modo terrestre. El 28 de junio del 2017 transcurrió entre wasups, reuniones de trabajo y mucha fiaca. También entre publicaciones de redes sociales varias, que puntualmente chequeo durante momentos claves, como cuando me aburro. Polémicas, posiciones encontradas, originalidades y hashtags de diversos tipos y colores. Parece que la Marcha Mundial del Orgullo que se había organizado en Madrid era capitalista, obscena, se vestía de pinkwashing, sacaba lo peor de los estereotipos y sobre todo, estaba lejos, muy lejos, de nuestro sufrimiento pos presentación de Ley de Libertad Religiosa y de Chechenia. Como es de rigor y consecuentemente con mi seudoizquierdista modo de vivir las redes sociales, me cuidé de darle “me gusta” o un “me gusta arco-iris” a los envidiables posteos de la gente que estaba en Madrid meta mangas cortas y cañas con tapas.

Parece que la Marcha Mundial del Orgullo que se había organizado en Madrid era capitalista, obscena, se vestía de pinkwashing, sacaba lo peor de los estereotipos

Me concentré entonces en la barceloneta rosarigasina (ya para ese momento de la semana, comparar el casamiento de Messi con el de Flor de V era pan con pan en los medios rosarinos). Me fue grato reconocer que todEs estamos en campaña. La sospechosa “campaña de unx mismx”. Pero campaña al fin. A ver quién es más queer, quién está real-mente comprometidx con la causa diversa-divergente-feminista, quién escribe con más X o con E, quién no descansa buscando la justicia social y la equidad de género. A ver quién es más puta, quién más activo ó analover encuerado. Según Wikipedia, el reconocimiento “es la acción de distinguir a una cosa, una persona o una institución entre las demás como consecuencia de sus características y rasgos”. A (casi) todxs nos gusta el reconocimiento, es una necesaria versión de las caricias, algo de agua fresca en este desierto sin oasis. Pero la cara más politizada de esta vidriera de apariencias homogéneas, fue la nota que dió la Municipalidad de Rosario, madre del Área de la Diversidad y emparentada con la joven botinera (pero legítima) Subsecretaria de Diversidad y Género. Y es que se atribuyeron, con bombos y platillos, la consecución del cupo laboral trans, para meterle moño a la idea de la ciudad “diverfriendly”. Logro de la puebla trava organizada si los hay. Esto generó suspicacias, fuego cruzado, errores (luego subsanados) de las instituciones instituyentes que se apropiaron del logro sin más mención que “… y las organizaciones LGTB” para referirse al enorme trabajo de lxs compañerxs trans que no solo le hicieron el lobby político a esas mismísimas instituyentes, sino que además se bancaron la transfobia y el machismo de sus propias organizaciones, hábilmente disfrazadas de corrección política. En fin. (Ya que estamos, le hago autobombo a la única nota decente sobre el tema, de una tal Laura Hintze, hetero devenida en “torta en apariencia”, que no para de robarme protagonismo en esta misma revista, ahora digital).

Se atribuyeron, con bombos y platillos, la consecución del cupo laboral trans, para meterle moño a la idea de la ciudad “diverfriendly”. Logro de la puebla trava organizada si los hay.

Reconozco que Madrid ocultaba orgullosa las enormes desigualdades que este sistema legitima, y también, que dejó en claro que el presente es lucha. Reconozco que el Estado no puede ser activista y funcionario (como ya reconoció Salum, una torta re-conocida). Reconozco que esta democracia es sospechosa de ser la Matrix. Reconozco que las invisibilizaciones responden a mecanismos de hegemonización heteronormativa (traducido al castellano madrileño: mejor si sos un puto presentable, o de una organización tipo LaPeter(Robledo). Reconozco que no alcanza con hacerme la graciosa. Reconozco a Miya, Michelle y Carla, cada vez que las veo. Y al trabajo que yo no hago, de muchxs compañerEs que le ponen el cuerpo. Literalmente lxs reconozco. Públicamente lo reconozco. Cada vez que te veo, las veo ó nos veo, me reconozco. Eso sí me da orgullo. Reconozco también que vienen por nosotrxs y no por todxs. Ellxs no son nosotrEs, urge reconocerlo.

Igual, me fui a tomar unas cervecitas con las tortas y lEs orgullxs, para finalizar el día del Orgullo. Lo reconozco.

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