Escribe: @LejosEnBerlin

Cuando se acercó mis piernas temblaban. Con ese aire de machito seguro me dijo: “Flaco, ¿tené fuego?” Busqué en mis bolsillos: llaves, papelitos, forros, plata. Todo menos el fucking encendedor. Él me miraba fijo. El cuello de la camisa desabrochado dejaba ver esa maraña de pelos que bajaba hasta meterse en sus calzones y coronar su pija. El sudor de la calle Córdoba brotaba en mi frente. Él parado frente a mi, impaciente pero relajado. Todo el peso de su gran cuerpo estaba sobre una de sus piernas. La derecha o tal vez la izquierda. El pantalón de vestir caía suavemente hasta sus zapatos negros. Recto, sin arrugas, acentuando su ingle y su virilidad. La mirada en los ojos, en su boca. Le convidé de mi cigarro. Pitó profundo, bajando la mirada y le dio mecha.
“Gracias loco”. Y sus ojos me atravesaron. Entraron por mis corneas hasta lo más oscuro y caliente de mis recuerdos. Y así sin más se fue. Como bailando, meneando la cola. Le pasó el brazo por el hombro a su mujer mientras pitaba. Y cuando se dio vuelta y me vio y lo vi en mi cara estaba esa expresión. Esa expresión que no sé bien cuál es pero que decía: “Sí, yo era el de la tetera”.


Fui a pagar el alquiler pero no pude. En lugar de sacar la billetera de la cartera saque un dildo enorme. De esos color carne humana. Pero de humano de África. Cuando la señora Silvia lo vio no supo qué decir. Y claro, ella esperaba ver un toco de billetitos esos, los de la ballena. Su boca quedó entreabierta, como esperando a que apoye la puntita. Pero sus ojos no se desorbitaron, estaban fijos ahí también, ahí en la puntita. La otra chaboncita en cambio se reía nerviosa, como si su tajo baboso hubiese estado privado del ir y venir de la cuestión. El cuadro de los girasoles de Van Gogh, el lapicero, la boleta de cambiemos mezclada entre papeles, la risita frenética de la piba que cobra, todo en esa habitación por un instante parecía girar en torno a ese oscuro pedazo de goma. Mi cara como haciéndome la tonta, tampoco pudo escapar de su centro de gravedad. Pero mi lengua, rapidísima, empezó con esto y aquello, que viste como está el país que ahora hasta las billeteras se parecen a las pijas. Y me fui de ahí no se con qué excusa, dejando atrás a Silvia petrificada y no sé si con un preinfarto. Le cabe por botona.

*Agradecemos la imagen a https://m.facebook.com/JonAmarilloDibujo

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