Para primerizos y novatos: breve historia de los lugares que fueron el semillero del activismo LGTB y que dan nombre a esta revista. 

Se denomina así en la jerga gay a los espacios públicos donde se producen encuentros sexuales entre hombres.

El origen de la palabra “tetera” tiene su historia: según relata el escritor Juan José Sebrelli, esta denominación  proviene del inglés; al baño se lo llama “toilet room”, expresión que muchas veces se acorta a “t-room”, una abreviatura que suena igual que la expresión “tea room”, es decir, salón de té en inglés.

Hasta el mundial de futbol del 78, antes de que se practicara una purga antihomosexual para dejar limpia la ciudad de “elementos indeseables”, había varios lugares donde ir a bailar. Pero en la dictadura, cuando todavía no se había privatizado los ferrocarriles y el SIDA no existía, el verdadero auge era el de las teteras.

Al baño se lo llama “toilet room”, expresión que muchas veces se acorta a “t-room”, una abreviatura que suena igual que la expresión “tea room”, es decir, salón de té en inglés

Estos lugares no sólo eran de prácticas sexuales, sino que se generaba un microclima o gueto, donde surgía un lugar de pertenencia, de contención, solidaridad y sobre todo de resistencia.

Por lo tanto el único contacto con el otro era a través del yiro por las peatonales, parques y teteras.

Las teteras eran lugares donde se compartía información científica, médica, política y de derechos civiles. Herramientas que van a servir de semillero para la organización y posterior conquista de los derechos que se alcanzaron durante la última década.

Imagen: Sra. Potts – Disney

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