Por Karla* / Un repaso por la historia de las operaciones caseras para tener tetas o cola. El riesgo para la salud, y la importancia de que se cumpla la Ley de Identidad de Género en todo el país.

Las formas de travesticidio, ya se dijo, son muchas. La falta de acceso a la salud pública fue y es una de ellas y con eso, no poder acceder a cirugías seguras. Antes y después de la Ley de Identidad de Género y Salud Integral, las chicas trans y travestis solían, (suelen) acudir a operaciones caseras, uno de los métodos más peligrosos para el cuerpo. Esto es, inyectarse silicona líquida (aceite industrial) en zona de lolas, caderas, glúteos, rostro. La silicona líquida va entre las capas de la piel y suele correrse. Muchas compañeras no tuvieron esos riesgos en cuenta y sufrieron trombosis, flebitis, moretones, problemas de circulación de sangre. Y muchas veces, esa operación fue causante de la muerte de muchas chicas.

Antes y después de la Ley de Identidad de Género y Salud Integral, las chicas trans y travestis solían, (suelen) acudir a operaciones caseras, uno de los métodos más peligrosos para el cuerpo.

Siempre tuvimos una compañera o compañero que se dedicaba a ponernos siliconas. Era todo tan casero. Primero, nos mostraban cómo se esterilizaban las agujas, y era hirviéndolas en agua caliente. Después, nos inyectaban xilocaína (un anestésico local) en la parte donde iba el aceite. La silicona se inyectaba con agujas que llamábamos “trocas”, gruesas como un palito de fósforo. Para que te imagines: son las que se usan para inyectar a animales grandes, como los caballos. La persona que colocaba el aceite, además, le daba forma. Se ponían uno, dos, tres litros, lo que cada una quería y según la zona. Y para que no se salga, se sellaba con pegamento tipo la gotita. Así de precario.

Luego, venía el reposo, tres o cuatro días en cama. Si por ejemplo te habías hecho las caderas, eran tres o cuatro días boca abajo, durmiendo y tratando de comer como podías. Si te levantabas o caminabas, corrías el riesgo de que la silicona se corra. Pero también es cierto que después de los tres o cuatro días, la silicona se podía correr igual. Y ahí venía un problema enorme de salud. Cómo esto no lo hacía un profesional, no teníamos antibióticos, nada; en los hospitales no sabían cómo tratar los casos cuando se corría la silicona o empezaba a perder (sí, también), porque no puede extraerse ni operar. Es muy riesgoso. Hubo casos donde se puso el aceite con otro método y se fue a los pulmones o cualquier órgano: muchas chicas murieron en el instante por eso.

Si te levantabas o caminabas, corrías el riesgo de que la silicona se corra. Pero también es cierto que después de los tres o cuatro días, la silicona se podía correr igual.

Lo que hay que entender es que si recurríamos a estos métodos era porque los implantes mamarios con un cirujano plástico eran muy caros y no se podía acceder. Pero además, porque muchos profesionales se negaban a operarnos por el simple hecho de ser trans, travestis. Escribo en pasado pero también hay que entender que eso sigue siendo así, y el peligro es el mismo.

Muchos profesionales se negaban a operarnos por el simple hecho de ser trans, travestis

La Ley de Identidad de Género y Salud Integral ya lleva casi seis años de sancionada y todavía sigue costando muchísimo hacerse una operación mamaria en la salud pública. Eso implica que muchas chicas sigan cometiendo el error de inyectarse aceite industrial (que cuesta menos que la mitad que un implante en un privado) y poner su vida en riesgo. Con la ley sancionada, el Estado es más culpable que nunca, porque debería hacer posible que todas las cirugías estén disponibles. En Rosario, por ejemplo, hay un solo lugar público para hacerlas; y es un lugar que recibe también a muchas compañeras de pueblos y ciudades pequeñas de la zona, donde no existe ningún tipo de aval para cumplir la Ley. Si bien se han hecho cirugías, no fueron todas las requeridas. Y lo que se percibe es que muchas veces falta voluntad política para garantizarlas. La lista de espera crece con el paso del tiempo y no es justo: todas somos prioridad.

Con la ley sancionada, el Estado es más culpable que nunca, porque debería hacer posible que todas las cirugías estén disponibles.

Las compañeras que tuvieron acceso a cada operación a través de la ley de identidad de género sostienen que les cambio la vida. Se empieza a vivir acorde a como cada una quiere, se percibe, siente. Los implantes y cualquier necesidad de cambiar tu cuerpo son muy importantes: hacen a la construcción de tu imagen y eso es también la construcción de tu identidad. Se trata de mirarte al espejo y ver lo que querés: mujer, mujer trans, travesti. Cómo te autopercibís. Operarse las lolas u sobrevivir es sentir que nos vamos adecuando al cuerpo que queremos y sentimos.

*Militante trans independiente

Imagen: beadealejandría.wordpress.com

1 Comment

Deja un comentario