Por Leandro BarticevicLa obra “Alicia y el Papa” pone en tensión los siglos de dominación cultural de la iglesia católica  sobre los cuerpos y deseos.

La sala está a oscuras. Detrás del telón se escucha una voz de mujer intentando rezar el padrenuestro, intenta parafrasearlo sin éxito, solo recuerda la parte que podría ser el estribillo de algún hit del siglo XVII, pero a pesar de su dificultad para orar, se encarga de dejar una cosa en claro: es pecadora.

“Alicia y el papa” nos sumerge en una estética corrosiva, no intenta cortejar al público, sino interpelarlo. A través de múltiples disciplinas, la obra mete el dedo en las conductas talladas a través de siglos de dominio cultural eclesiástico. ¿Hasta qué punto puede soportar un cuerpo estar sujeto a las instituciones que nos modelan?

La obra surge en el marco de Alicia da la alarma, un colectivo artístico con el que venimos trabajando hace bastante tiempo, con el cual hemos realizado intervenciones urbanas en las calles y es con esa estética de denuncia política que se comenzó a pensar los textos de esta obra, generando una dialéctica entre lo personal y lo político para abordar la injerencia de la cultura represiva encarnada en la iglesia y en la policía”, dice Paula Alvarez,  mentora de la génesis que dio como fruto esta pieza difícil de encasillar, y cuya construcción fue colectiva.

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Prosigue: “Era una idea que la venía craneando todo el año pasado, pero en diciembre volqué al papel el esqueleto y empecé a convocar gente de boca en boca, primero para hacer la parte que me parecía más difícil que era la musical, en febrero ya estábamos ensayando. Las letras las hice yo, pero los chicos también empezaron a escribir y la música la hicimos entre todos. Lo que surgió luego de la convocatoria fueron personas que aparecieron para terminar de escribir los textos, armar los personajes y poner los cuerpos”.

A través de un estilo que evoca el under porteño de los ´80, la obra atraviesa distintos soportes: música en vivo con performance, y técnicas actorales más tradiciones que se conjugan para invitar al espectador a reflexionar sobre la violencia a la que es sometido nuestro  cuerpo de forma visible o invisible. Esa multiplicidad de disciplinas vuelven a la obra difícil de etiquetar, y no es posible trazar una historia lineal, es la incitación a un recorrido sobre la complejidad de la injerencia nociva de la iglesia en la cultura.

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La saga de Alicia es algo que no tiene fin, porque lo que nosotros queremos mostrar es cómo funciona toda la forrada de todos los contextos que nos toca transitar a lo largo de nuestra vida, pasando por todas las instituciones que transitamos, ya sea la familia, la escuela, la iglesia, los laburos y todo lo que implica para la subjetividad en términos de encierro y encasillamiento, por momentos lo hacemos metafóricamente, otras veces como una directa denuncia y siempre desde el parlamento de quien lo está sufriendo o quien lo pudo haber sufrido”, reflexiona Paula y nos adelanta que la próxima obra será “Alicia y Sarmiento”, donde abordarán la educación y los cuerpos disciplinados en el trabajo.

Transitar “Alicia y el papa” puede incomodar, pero sobre el final nos invita a comenzar una liberación ante esas estructuras que nos someten y nos propone la posibilidad de una transformación.

10 de agosto / 21 horas / Club 1518 / Salta 2829 / Rosario.

Ficha técnica:

Sabrina Lapunzina (guitarra)

Lucas Barraguirre (guitarra)

Matias Nandin (batería)

Paula Alvarez (voz)

Emiliano Quintana (bajo)

Flavia Decoppet (actriz)

Ariel Kalainis (actor)

Rosana Pompei (actriz)

Gabriel Menichelli (actor)

Yanina Gonzalez (actriz)

Judith Rodríguez (actriz)

Natalia Lorenzón (vestuario)

Claudio Claudet (luces)

Emmanuel Sanchez (sonido)

 

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