Por Julián Fernández/  ¿Alcanza que haya listas con candidatos LGTBI para garantizar políticas públicas para el colectivo? Una lectura de las elecciones en perspectiva marica para no quedarnos con el marketing de campaña.

Los años electorales tienen ese no se qué. Estamos tapados de afiches con candidatxs sonriendo por motivo que desconocemos, camiones que al ritmo de “des-pa-cito” promocionan candidatxs como si fuera un nuevo tipo jabón en polvo, entrevistas con frases hechas: “queremos que todOs tengan trabajo”, “sin educación no hay futuro”, “no mezcles sandia con vino”. Pero cuando a unx candidatx se lx interpela en relación a políticas públicas para el colectivo LGTB, ¿contesta sin titubear? ¿Puede contarnos sus propuestas sin temer confundirse y decirnos “el” en lugar de “la”? Si no saben nombrarnos, menos van a saber qué hacer con nosotrxs.

No quiero plantear una dicotomía insalvable entre estar en la lista electoral o la existencia de un partido que incluya en su agenda los reclamos de la comunidad LGTB pero me parece necesario remarcar esta diferencia. Desde hace unos días venimos viendo como diferentes medios y referentxs de nuestro colectivo investigan y disertan sobre la cantidad de personas LGTB que integran listas o que partido lleva más personas LGTB a postularse para cargos legislativo. Pareciera que la política liberal en la que nos vemos envueltxs ha tomado también sus agendas porque en lugar de discutir sobre propuestas de los espacios, estamos discutiendo la identidad o sexualidad de quienes integran las listas.

Es importante volver a pensar cuál es nuestro punto de encuentro, en donde coincidimos y sobre que podemos trabajar de forma conjunta. No es por desconocer el peso simbólico que tiene que una persona LGTB integre una lista, ni hablar del peso real si esta persona tiene reales posibilidades de ser electx, pero no por marika esa persona va a ser revolucionaria.

En lugar de discutir sobre propuestas de los espacios, estamos discutiendo la identidad o sexualidad de quienes integran las listas.

Pesado el puto. Pero quiero una respuesta. ¿Cuál va a ser nuestro punto en común sobre el que trabajar? En la cámara de diputadOs de la Nación hay 257 representantes de los cuales 99 son mujeres (según la página oficial del congreso), es decir que, aún teniendo casi el 40% de las bancas ocupadas por personas con cuerpos gestantes, el aborto sigue siendo ilegal. Entiendo las dificultades de impulsar un proyecto, entiendo que no son mayoría, entiendo que tiene que pasar por comisiones que muchas están presididas por varones y que luego tiene que pasar por la cámara de senadorEs donde la derecha toma forma de legisladores con saco. No estoy haciendo una crítica hacia las mujeres ocupando cargos de poder (me encantan que estén ahí) ni a los proyectos de cupo femenino, pero sí un llamado de atención a la militancia y la construcción de nuestros reclamos.

En la misma línea quiero traer el caso de Mara Pérez Reynoso. Mara es una persona trans de 26 años que habiendo militado en Unión Pro Diversidad pasó a integrar, desde principio del 2016, un puesto en el ministerio de seguridad. ¿Esto garantiza que las compañeras dejen de ser perseguidas cuando estén en sus esquinas? ¿se está luchando desde ese cargo contra los códigos contravencionales y de faltas que aún rige en muchas provincias de nuestro país?. Bajo el criterio de suponer a Mara una compañera trans, ella debería llevar nuestras banderas en su cargo estatal. Pero sin embargo en distintas notas afirmó que su identidad es “solo un dato de color”. No sé de qué color hablará, pero yo la veo negra.

También podemos centrarnos en un caso local y contemporáneo: la lista 100% femenina. ¿Nos sirve una lista de estas características o solo le es útil al partido que la impulsa para que medios nacionales hable de ellxs? Depende. Depende de cuales sean las demandas del feminismo que esta organización busca convertir en políticas públicas, depende de cuales sean las propuestas que tienen y depende que tan seguido se lxs ve al lado de compañeras que tienen necesidades. No voy a ser yo quien te de las respuestas: informate, investigá, preguntá y despues me contas, la respuesta no te sorprenderá.

Por compartir identidad o sexualidad, es muy probable que hayamos tenido a grandes rasgos experiencias similares como la dificultad de salir del closet, la incertidumbre de sentir algo que nos insistían que estaba mal, la exclusión familiar, perder amigxs, tener que dar explicaciones por ser, incontables situaciones diarias de discriminación. Pero no por eso nos constituimos en personas que pensamos iguales. Como existe el pobre que vota a macri, existe el puto/torta/trava que que refuerza la heterosexualdiad obligatoria. Aglutinarnos únicamente por identidad o sexualidad es como cuando unx amigx heterosexual pretende presentarnos a su otro amigo “gay” porque en su imaginario si juntás dos maricas automáticamente cojen, tienen un bulldog francés y suben fotos a instagram en alguna playa divina. El mismo criterio aplica para las listas electorales, yo no quiero votar una lista solamente porque tenga una torta/trava/marica entre sus candidatxs, quiero una lista que en su totalidad vaya a luchar por mis derechos y los de mis compañerxs. Que me importa cuantos putos tengas en las listas si aún forzas imágenes de masculinidad para no piantar votos.

Como existe el pobre que vota a macri, existe el puto/torta/trava  que refuerza la heterosexualdiad obligatoria.

Y entonces… ¿cual es nuestro punto en común?. ¿Cómo hacemos para trabajar de forma conjunta si la identidad no es garantía de coincidencia? Nuestro punto en común, compañerxs, tiene que ser nuestra sensibilidad. Si te duele lo mismo que a mi, entonces vamos a estar juntxs en esta lucha porque sabemos quien causa el dolor, cuánto se sufre, conocemos a quienes están en la misma situación y solamente de forma colectiva podemos encontrar una solución.

Este año nos toca votar nuevamente y yo quisiera que por una vez podamos darnos cuenta cuando la política liberal se está metiendo en nuestro movimiento y nos hace perder el foco. Ajustemos y vamos de nuevo. Parafraseando al hermoso Perlongher, cierro gritando que no queremos candidatxs que nos persigan, ni que nos aprendan, ni que nos discriminen, ni que nos maten, ni que nos curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen, ni que nos toleren, ni que nos comprendan: queremos candidatxs que nos deseen.

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