Por Morena Pardo / La pareja ficticia conformada por los personajes de Flor y Jazmín en la nueva tira de Pol-Ka parece haber revolucionado Twitter, como todo fandom lésbico. Otra prueba elocuente de que las chicas que gustamos de chicas estamos ávidas de representación mediática.

Todas las noches a eso de las 21.30, el mismo hashtag empieza a circular en el timeline de Twitter: “#Flozmin”. Esta palabra extraña es la conjunción de los nombres Flor y Jazmín, los personajes que Violeta Urtizberea y Julieta Nair Calvo interpretan respectivamente en Las Estrellas, la nueva tira diaria de Pol-Ka. No hace falta explorar mucho la denominada “conversación” twittera alrededor de la palabra clave para comprender de qué va la cosa: detrás de la tendencia, hay cientos de chicas que disparan twits en tiempo real comentando sobre las vivencias (o la falta de las mismas) de la pareja ficticia.

¿Quiénes son esta mayoría de chicas adolescentes fanatizadas con los (por ahora) amagues de una nueva pareja lésbica en la tele? ¿Son pequeñas (o grandes) tortas y bisexuales que rebozan de entusiasmo al encontrar una posibilidad de verse representadas en una pantalla chica atiborrada de heterosexualidad obligatoria?

El 29 de mayo, El Trece estrenó Las Estrellas, su flamante novela para el horario central del prime time. El hecho de que esté protagonizada por cinco mujeres (Justina Bustos, Marcela Kloosterboer, Natalie Pérez, Celeste Cid y la propia Urtizberea) no tiene, en este caso, nada de revolucionario: fieles el viejo y querido modelo televisivo argentino, todas las hermanas Estrella (dueñas por herencia de un hotel porteño) son hegemónicamente bellas e ingenuamente heterosexuales.

En medio de la falta generalizada de sorpresa respecto de la construcción de los personajes (casi todas las hermanas andan, en general, sufriendo detrás de algún muchacho), asoman algunas luces de disidencia sutil: por un lado, Miranda, el personaje de Justina Bustos arrancó siendo trabajadora sexual. Pero esa es otra nota. La segunda novedad es Flor, el personaje de Urtizberea, que tiene Síndrome de Tourette, es vegana y desde el primer capítulo se la ubicó en el medio de un triángulo amoroso con una chica (Jazmín, claro) y un chico (Dani, interpretado por Nazareno Casero).

Flor es muy particular: además de sus tics, que la hacen socialmente incómoda (una “rara”) y propician situaciones de comedia y drama, tiene una personalidad frágil, dulce, confianzuda, querible. Cuando conoce a Jazmín, una joven y adorable cocinera que entra a trabajar en el hotel, la química es inmediata. Rápidamente queda claro (a partir de guiños) que Jazmín es gay (porque nadie es “lesbiana” en las tiras argentinas) y gusta mucho de Flor. Pero Flor, en su ingenuidad suprema, jamás sospecha que su nueva mejor amiga es torta, ni siquiera después de un beso “accidental” que se dan en una fiesta.

De allí, la trama se desenvolvió con algunos lugares comunes para quienes venimos escrutando de cerca todo el contenido lésbico que va apareciendo en las ficciones: Flor ama a Daniel con todas las leyes del heteropatriarcado (por ejemplo, lo cela constantemente), a las cuales la narrativa de las tiras diarias históricamente suscribieron (casi por un debido respeto al género en sí mismo, claro) aunque el muchacho le genere constantes desilusiones. Jazmín, obvio, se banca todo y está incondicionalmente al lado de Flor para consolarla y hacerle bien siempre (sorpresivamente, a Flor le aflojan los tics cuando está cerca de Jaz).

Pero a pesar de cualquier crítica que se pueda hacer a la tira en general o al desarrollo de la trama lésbico-bisexual en particular, Flozmin generó inmediatamente una base de fanáticxs sólida que capítulo a capítulo se entusiasma con fervor ante el más mínimo guiño, roce o intercambio sugerente entre las chicas. En Twitter, la cuenta Flozmin Updates acapara la mayor actividad “oficial” en torno a la pareja. Pero también está Flozmin Gifs (dedicada, claro, a gifs) y Flozmin Art (que recopila gráficas e imágenes intervenidas creativamente). “El grupo está formado por 19 chicas, pero fuera de este hay más grupos armados y un montón de fans más, ¡hasta ya de otros países!”, cuentan las usuarias detrás de la cuenta, emocionadas por la repentina visibilidad. A pesar de que afirman haber creado el espacio porque les gusta “la química” entre los personajes (incluso si la cosa quedara sólo en una amistad), aclaran que también les gustan “las chicas detrás de sus personajes” (hay consenso absoluto sobre lo enamoradas que estan -estamos- todas de Julieta Nair Calvo). Es que sí, aquella sospecha, aquella intuición primera tiene una respuesta clara, quizás un poco obvia: “Ninguna de nosotras se identifica como heterosexual, todas pertenecemos a la comunidad LGBT y quizá eso influya en el hecho de que nos guste tanto la pareja, es como que vivimos la relación más de cerca. El hecho de que sean dos chicas influye muchísimo ya que contribuye a la comunidad LGBT y a la representación que nos dan”. Las fanáticas, que tienen desde 14 a 22 años, dan solas con la palabra clave: representación. Aunque el fenómeno de Flozmin en Twitter es notable por la contundencia de su comunidad (“Gracias a ellas somos muy unidas, nos llevamos todas muy bien y nos queremos”, dicen), no es novedoso. Hace varios años que toda pareja lésbica en la televisión argentina viene generando algo similar: pasó con Agusleria (Agustina y Valeria de la tira Vecinos en Guerra), y antes de eso con Brendisa (Brenda y Marisa de Sos mi Hombre). En el medio hubo varios vínculos más entre chicas, pero con más o menos furor popular lésbico. La explicación de la tendencia parece casi obvia: la televisión argentina (fuera y dentro de la ficción) sigue presentando un modelo de heterosexualidad obligatoria y carece tanto de representaciones de la diversidad, que ante cualquier aparición de las mismas se suscita el fervor de esas identidades. Las lesbianas y bisexuales, sobre todo las más jóvenes, necesitamos desesperadamente vernos y encontrarnos en la pantalla, visualizar referencias a nuestras propias trayectorias vitales tan invisibilizadas, sentir que esas chicas viviendo una historia de amor en la novela tranquilamente podríamos ser nosotras. Como también pasó con otras parejas de chicas (y como pasa a nivel mundial con cualquier vínculo lésbico-bisexual de la ficción), hasta hay canales de YouTube que van subiendo periódicamente los resúmenes de la historia que interesa a tantas. De esta manera, se puede ver el contenido sin morfarse toda la novela. La demanda está clarísima.

Las chicas del “fandom” (tal el sustantivo que refiere a una comunidad de fanáticxs) Flozmin tienen muy claro lo que quieren: están hartas de los amagues de parejas que nunca son (veáse: el histeriqueo con chicas del personaje de Delfina Chaves en Amar después de amar sólo para terminar con un pibe), algo tan común que tiene nombre (queerbaiting) y de que las parejas heterosexuales tengan constantes escenas de afecto, chapes fuertes y sexo, mientras que hay que rogar por un besito entre dos mujeres. Es que ese es otro problema: las lesbianas y bisexuales de la televisión argentina se enamoran, sí, pero casi nunca cogen. La disidencia en los productos masivos parece sólo estar permitida en términos naif de amor, bien acomodada a las instituciones y normas heteropatriarcales.

Aunque, ojo, las fans también están dispuestas a conformarse (o hasta ahí): “Obviamente nos encantaría que la pareja funcione y se pueda concretar, y en caso de que no pasara, por lo menos que el vínculo hermoso que formaron Flor y Jaz no se corte”. Aún en este contexto, así le demandan a Suar por Twitter que active Flozmin de una vez por todas:

Todo esto también puede tener en parte que ver con el ínfimo y casi nulo número de personas no-heterosexuales (lesbianas y bisexuales sobre todo) fuera del closet en la farándula argentina: ante la falta de referentxs en los medios masivos (porque claro que existen pero parecen recluídxs en ciertos nichos), buscamos encontrarnos representadxs aunque sea en las ficciones. ¿Cuántas actrices que protagonicen tiras de las grandes productoras se identifican públicamente de alguna forma que no sea como mujeres cis-heterosexuales? Ninguna, claro. ¿No las hay? La estadística va en contra de una negativa rotunda. Las excepciones son tan pocas que están al alcance de la mano: Leticia Siciliani, hermana menor de Griselda, nunca tuvo reparos en hablar de su noviazgo con una mujer o de mostrarse en las redes y los medios con ella, aún después de pegar un papel en una tira furor adolescente como fue Esperanza Mía. En ese sentido, al menos, Violeta Urtizberea y Julieta Calvo entendieron bastante todo: viven interactuando son “las chicas” en las redes y tirando pistas sutiles al desarrollo de Flozmin. Reconocieron, quizás, que detrás de ese furor fanático hay una necesidad fuerte de representación, y se pusieron la camiseta. El fandom Flozmin reacciona con humor, creatividad y mucho involucramiento emocional a todo lo que vaya pasando en la tira, sobre todo cuando hay buenas noticias. Es que durante los capítulos más recientes, pasó de todo: Jaz le confesó su amor a Flor (que se está por casar con Dani) y la dejó más que nunca en medio de una encrucijada amorosa (literalmente: Flor hasta intentó evaluar a cuál de los dos quiere más a través de una pizarra). Incluso soñó que se casaba con Jaz (lookeada chonga) y casi hubo un beso. Las chicas, obvio, están como locas. ¿Pasará pronto? ¿Las lesbianas y bisexuales tendremos las representaciones que tanto deseamos? ¿Serán cada vez más y mejores? Ojalá.

 

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