Por Cristian Alberti / La segunda edición del Ciclo Positivo en Rosario visibilizó los desafíos y tensiones del activismo de las locas. “Hay que sacar al VIH del gueto gay y llevarlo hacia otros entramados cuyo fin sea un posicionamiento político”, dicen. 

El espacio tenía las luces tenues y cada mesa estaba iluminada por una vela roja. En cada mesa un volante con la cara de Santiago Maldonado y fanzines rectangulares de color rosa, con infopositiva y citas de tías maricas que nos fueron dejando. La noche estaba húmeda y calurosa. El segundo Ciclo Positivo ésta vez tuvo convocatoria en el Espacio Mascaró, organizado por esas tres locas que, siguiendo lo iniciado en Casa Brandon Drago en Capital Federal, se animaron a ponerle fecha, hora y el cuerpo a esta necesaria instancia de encuentros, debates y charlas. Ellas tres, poniéndole el cuerpo pero también convocándonos a otras a construir ese espacio de socialización de información, para comprender, empoderarse, moverse un poco del lugar en el que estamos y permitir que nuevas cosas sucedan y nuevos encuentros y saberes se produzcan. Encuentros y saberes desde las experiencias del ser seropositivas, sidosas, embichadas y si no, desde el acompañamiento que tantas otras hacen de éste porque lo creen necesario.

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“Estos ciclos, si bien los organizamos nosotros, están construidos por todas las personas que participan y que aportan distintos temas. Así es que van saliendo distintos tópicos para pensar de acá a futuro”, piensa Ema Demagistris, una de las locas organizadoras. Entiende que: “no todo el colectivo visibiliza su situación serológica, sino que de momento, el activismo o la visibilidad del vih suele estar más marcada por la población homosexual. Históricamente se ha relacionado al vih con las maricas. La población heterosexual, por lo menos en estos casos, sigue siendo minoritaria en cuanto a la visibilidad”. La otra marica organizadora, Fernando Perezlindo, entiende que por ahí va la necesidad de este espacio, “sacar al vih del gueto gay y llevarlo hacia otros entramados cuyo fin sea un posicionamiento político y una lectura más amplia de cómo vivimos y quiénes somos los que vivimos con vih”. Fer reflexiona sobre el objetivo del ciclo y cree que es posible “encontrándose con ese otro que puede pensar distinto, o no, pero que si no nos encontramos ni escuchamos nunca vamos a saber cómo piensa”.

“Sacar al VIH del gueto gay y llevarlo hacia otros entramados cuyo fin sea un posicionamiento político y una lectura más amplia de cómo vivimos y quiénes somos los que vivimos con vih”

Vivir con virus es eso, seguir viviendo pero con vih; aunque también es mucho más, ya que acarrea una carga simbólica que históricamente se construye y refuerza desde la estigmatización, la culpabilización, la victimización y, en ocasiones, la criminalización de quien recibe el diagnóstico positivo. Crear lazos que nos potencien y a la vez produzcan post-significaciones de las vidas seropositivas es indispensable para que la tristeza no nos defina. Por lo que si éstos encuentros producen algo es la posibilidad de no quedarnos en la negación de esos discursos que tornan invivibles nuestras vidas por el sólo hecho de negarlos. Sino porque es en y a través de estos encuentros, entre otras posibilidad, en dónde tomamos esa verdad absoluta que generan los discursos hegemónicos e intentamos fugar de ella, para crear nuestras formas de resistencia, nuestras propias verdades, nuestras vidas orgullosas y alegremente vivibles y nuestros vínculos potentes. Fede Abib, en este sentido nos cuenta que el objetivo de ellxs es “crear un espacio que no tenga la misma narrativa y la misma estética que los otros espacios. No es que se quiera excluir un espacio de otro, ni se construya en contra dé. Pero siento, por una especie de palpito de loca, que era necesario”, y cree que: “hay que sacarle al vih esa carga del error, del equivoco o del castigo por una sexualidad polimorfa”.

“Crear un espacio que no tenga la misma narrativa y la misma estética que los otros espacios. No es que se quiera excluir un espacio de otro, ni se construya en contra dé. Pero siento, por una especie de palpito de loca, que era necesario”

¿Tenemos derechos las personas seropositivas?¿Qué es y para qué es necesaria la existencia de una Ley de VIH/Sida? El ciclo estuvo atravesado por una serie de interrogantes que encontraban sus respuestas, principalmente con los saberes que Mariana González y Walter Rojas fueron compartiendo, pero también desde la sumatoria de las experiencias que cada una pudimos relatar. El derecho a una Obra Social y el acceso a un tratamiento retroviral de las personas seropositivas es innegable, aunque en la actualidad, un gobierno que prioriza los intereses de aquellos sectores de la clase media, media-alta, restringe los derechos de las clases populares y el acceso a algunos esquemas de quienes se ven obligadxs a cambiar arbitrariamente sus drogas por faltantes en el sistema de salud público. El estado actual produce marginalidad y pobreza en sectores cada vez más amplios de la población, características de un régimen imperante que, cuando hablamos de VIH, es imposible no tener en cuenta y en el Ciclo estuvo presente: qué vidas merecen ser vividas según los discursos hegemónicos. Presente también como el derecho de cada una a compartir el diagnóstico con quiénes y cuándo queramos.

El estado actual produce marginalidad y pobreza en sectores cada vez más amplios de la población, características de un régimen imperante que, cuando hablamos de VIH, es imposible no tener en cuenta.

La posibilidad de interrumpir un tratamiento, de no medicarse o, incluso, exigir el cambio de esquemas cuando lo deseemos es una realidad, ya que las OS y los efectores de salud se encuentran obligados a garantizar la totalidad de esquemas existentes, no sólo porque mayoritariamente las drogas son compradas por el Estado, sino porque cada cuerpx es singular y en cada unx se producen diferentes procesos y efectos.

Muy de loca politizada, sobre tejes y estrategias, Fede piensa posibles cruces y complicidades y encuentra conexiones “entre cómo se ve involucrada la autonomía y la decisión sobre nuestro propio cuerpo con VIH y qué narrativa hay en la lucha por el aborto, o en la reglamentación del trabajo sexual” y piensa que estos “son tren nudos del rizoma que están ahí como muy atollados y que tienen conexiones en términos de estrategias, de cómo se piensa a la decisión en un lugar y en otro”. Cree que en la actualidad, el VIH “no está visibilizado desde la politización” pero también entiende que  “no es fácil hacerlo”, por lo que ve en esto una de las necesidades de generar este tipo de encuentros. Con este ciclo no se busca “acoplar otro espacio de catarsis ni de elaboración del trauma, sino directamente de indicación de una posible  dimensión de subjetividad que uno puede habitar o se ve obligado a habitarla de golpe”, nos dice Fede.

Es necesario, entonces, desmembrar, repensar y transformar esx sujetx constituidx por los discursos disciplinarios e imperantes, para dar lugar a nuevas discusiones, enunciaciones, vínculos y lugares de encuentros que sean nuestros en tanto nos movilicen y finalmente posibiliten devenires y vidas alegres. Quizá ésa sea la estrategia más potente, hacer de las vidas seropositivas vidas alegres.

 

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