Por Diego Bonzi / “Es una obra que cautiva incluso antes de verla” dice la Bonzi sobre “Manifiesta, cuerpo en expansión” la obra que dirige Carla Tealdi y protagoniza Jesica Biancotto. Una charla a fondo para descubrir el proceso creativo y las implicancias políticas de una apuesta reveladora.

DB: ¿Cómo surge el proyecto manifiesta?

CT: Yo había investigado algunas cuestiones respecto al feminismo que me interesaba trabajar y empecé a laburar con Virginia Brauchli que es bailarina (ella luego hizo la asistencia coreográfica en Manifiesta) trabajamos en un proyecto que no prosperó y me quedaron boyando algunas cosas escritas e ideas. Luego pensé en una obra con dos bailarinas y con Jesica Biancotto, las dos bailarinas desistieron; así que en septiembre de 2015 empezamos a ocuparnos del proyecto, con Jesi las dos solas.

En ese momento yo había escrito un texto, que nos sirvió como punto de partida, no es el texto de Manifiesta. La búsqueda en ese momento era realizar un entrenamiento físico, a mí me moviliza siempre poder indagar desde el cuerpo.

Cuando la llamamos a María Belén la Rocca, no la conocíamos, no sabíamos cómo tocaba. Resultó ser una grosa, toca en la orquesta provincial y municipal. Ella nunca había laburado en algo así como Manifiesta, nunca había trabajado con improvisación, para ella también fue un gran desafío.

DB: ¿En la obra que produjiste anteriormente que se llamó “Anonymous” también trabajaste desde el cuerpo?

CT: Si, en Anonymous también empezamos con un entrenamiento intensivo y a partir de eso desarrollamos los personajes, la indagación tenía que ver con el loco de cada actor, el que no encaja en la sociedad. Era una cuestión avocada al consumo y al capitalismo. Inevitablemente también trabajamos sobre feminismo, enlazado a los demás factores que nombraba, las problemáticas de la mujer nos atraviesan directamente y durante toda nuestra vida, por lo tanto, era recurrente y pendiente.

En manifiesta fue otra la búsqueda; fue un proceso muy rico, porque estuvimos mucho tiempo Jesi y yo solas, acercándonos vivencias propias y situaciones del día a día: lo que nos pasaba cuando éramos pendejas, las experiencias con nuestras amigas. Con todo ese material que diariamente crecía, empezamos a trabajar; analizamos como nuestro cuerpo, el cuerpo de las mujeres y el de las personas en general es deformado a gusto de las exigencias sociales. Desde el pie chino que incluso investigamos y vimos imágenes tremendas, hasta cirugías estéticas con fines de aceptación social. Después nos dimos cuenta que había otras cosas más pequeñas que también nos atravesaban: la depilación, el maquillaje, el corte de pelo, cosas cotidianas; ahí empezó a aparecer el contraste de la mujer explotada y entregada a esos mandatos, surgió también la mujer mediática y una faceta del personaje que llamamos la Susana Giménez, un poco como representante de esa mujer sumisa, de ahí viene el: ¿cómo me ven? ¿cómo estoy? ¿cómo me da la luz? que aparece en el guion y a su vez también tiene que ver con la exposición en las redes sociales y el mass media. Más adelante Jesi trajo el texto: “Para acabar con la masacre del cuerpo” de Félix Guattari que nos fascinó y encaminó mucho más la obra, ese texto tiene algo de manifiesto, de hecho, la obra se iba a llamar Manifiesto.

A mí me interesaba correrme un poco de lo que había hecho en Anonymous y poder trabajar en diálogo directo con el público; menos ficcionalizado, más relacionado con lo performático, desde la presencia y no desde la representación.

DB: La primera vez que escuche de la obra, incluso sin saber que era una obra de teatro fue por los stickers, el collage, el decolage, la intervención callejera. Vi de alguna manera que lograron ocupar espacios públicos, expandirlos y confrontar mandatos de la publicidad, sitios cooptados mayormente por el establishment. Supongo que ese diálogo entre los mandatos publicitarios dominantes y la potencia conceptual de la obra, que además es teatro independiente, resultó algo muy rico. ¿Qué pueden contar de esa experiencia?

 CT: Bueno, eso también tiene que ver con la búsqueda que comenzamos en Anonymous, donde nosotros teníamos algo que le llamábamos “una campaña de difusión publicitaria”, ironizando un poco lo que sería una campaña política. Eran tres frases: una decía “pienso lo justo y necesario”, otra “soy re sana, lo normal” (el concepto de normalidad era lo que más estaba puesto en juego en Anonymous) y la última era “soy re cool, re open mind”. Fueron tres propuestas de sticker y afiches sin referencia directa a la obra.

Lo que nos interesaba y lo que a mí me interesa era pensar el todo como una obra de arte; no como teatro o performance, sino que pueda tener múltiples ramas que se extiendan. El teatro es algo muy pequeño, muy cerrado y difícilmente se abre hacia otros públicos; pareciera que en el arte es lo más viejo. Entonces deliberamos que esa es otra forma de llegar con el arte al espectador que camina por la calle, confrontar con lo publicitario que te bombardea, en contraposición, este tipo de imágenes no te están queriendo vender nada.

Con manifiesta imaginaba esa fotografía de Jesi explotada contra un vidrio, que es la imagen que usamos como tela gráfica. Tiene que ver también con la fragmentación, que es uno de los conceptos que trabajamos y nos pareció que era una iconografía concreta. Ir por la calle y encontrar pedazos de un cuerpo segmentado.

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DB: En la obra se hace hincapié en las figuras indiscutibles de la lucha de los siglos, les corporalidades travestis, transexuales, transgéneros. Es algo que me llamo la atención ¿cuál es el motivo?

CT: El proceso fue muy intenso y tuvo muchos altibajos, en un momento sentía que teníamos que hablar de algo más. Como yo escucho radio la tribu FM 88.7 y en 2015 estuvieron a full con el travesticidio de Diana Sacayán y otras chicas trans, me interesó mucho ese tema y descubrí que es uno de los colectivos más oprimidos, si no es el más. Sentí que era necesario hablar de eso. Me espantaron las estadísticas, el promedio de vida, como esto es tan poco comunicado –según un estudio en 2014 de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina (ATTTA) y la Fundación Huésped el promedio de vida de las corporalidades trans es de 35 años-. También me llamó la atención el caso de una persona mediática dentro del activismo LGBTTTI como es el ejemplo de Diana, de todas maneras, un hombre fue y la asesinó como si nada; inclusive para ella que era reconocida, imaginate para las que son invisibilizadas. De hecho, para la XXXI marcha nacional de mujeres yo marché con las travestis porque me parecía que inclusive ahí eran minoría, incluso ahí estaban excluidas. Toda esta situación me movilizó un montón, entonces en un momento fui y le dije a Jesi: tenemos que hablar de esto.

DB: Manifiesta de alguna manera se sirve tanto de ser potencial, de ser construcción, que es difícil pensarla en un instante, en el ahora. Ella necesita saber todo el tiempo como se ve, necesita seguir construyéndose y para eso pide información, quiere reconocerse, saber cómo la mira el otro ¿Quién es manifiesta? ¿Cómo se construye? ¿Es ella sola? ¿Son todas? ¿Somos todes? ¿Es entidad?

JB: Si, creo que tiene que ver con esto de la fragmentación, ella está consultando todo el tiempo quién es porque al mismo tiempo es pedazos de todos, está construyéndose todo el tiempo en escena. Incluso cuando plantea problemáticas de identidad y se pregunta: ¿dónde está mi documento? como si el otro debiera constatar legalmente quien es, para poder ser. Hay un juego en relación a eso, en el estar perdida cuestionándose: ¿qué de todo esto soy? Pero al mismo tiempo tiene una historia ¿qué hago con eso si el otro no puede dar cuenta de esa historia? ¿Soy lo que pueden ver, mi historia, lo que leen de mí, lo que quieren que sea?

CT: Una de las cosas que nos preguntábamos, para lo que no encontrábamos respuesta, es ¿cuál sería la verdadera naturaleza de la mujer o de todo ser humano si no estuviera atravesado por las exigencias sociales? ¿cómo seriamos nosotras?

También en 2015 surgió “Ni una menos”. Para nosotras el encuentro nacional de mujeres es muy movilizante, aparecieron todas las posibilidades de comunicación entre mujeres que nos han hecho perder, el intercambio de saberes; entonces volvía a surgir la pregunta de cómo seriamos o quienes somos en realidad. Además, la obra bordea hechos históricos, como por el ejemplo la ley de identidad de género, la identidad autopercibida ¿Qué significan? ¿Por qué una persona tiene que batallar por eso? No nos parece que este mal luchar por la identidad ante la ley, pero nos preguntábamos: ¿Por qué es eso necesario? ¿Por qué fabricaron esa necesidad?

DB: Manifiesta es una experiencia que interpela directamente al espectador, sin necesidad de contactar físicamente, nos atraviesa. Hay una onda expansiva de texto y biodrama que parece afectar dirimente al secreto lugar donde se esconde la instalación de los mandatos normalizantes en nuestro interior. En los espectadores durante la función, al irse de la sala: ¿Sienten ustedes esa energía renovadora, esa incomodidad, esa reprogramación micropolítica? ¿se los han dicho?

JB: Se ve y se siente de todo, por momentos se siente la incomodidad. Cuando miro al espectador, hay miradas que son difíciles de sostener. A cada uno le pega diferente. Pasan cosas. Para mí fue un desafío, no solo porque el texto va a público, sino porque el personaje no es hermético, duro, acabado. En manifiesta el personaje se construye también en escena, por más de que hay ciertas pautas, de igual forma te encontrás en la mirada del otro y jugas con esas reacciones.

CT: Eso fue una sorpresa, empezar a recibir una lluvia de devoluciones que hablan del proceso; gente que necesitaba hablar, contarnos, decirnos, escribir.

Estuvo re bueno, porque uno nunca sabe que va a pasar hasta que enfrenta al público. Fue muy interesante vivenciar como se puede leer en la obra todas nuestras búsquedas. Para mi Manifiesta teatralmente o dramatúrgicamente no es del todo correcta, tiene un montón de fallas, yo las puedo ver desde mi lugar de directora de teatro, pero a su vez sucede otra cosa que tiene que ver con la comunicación.

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DB: Está instalado en el ejecutivo y ha tomado el mando con un empoderamiento sin precedentes en la Argentina una vieja ideología que se presenta como “no ideológica” pero que en esa misma dicotomía se muestra en realidad como un partido indiscutiblemente de derecha neoliberal, necroliberal, lleno de preceptos que pertenecen a tiempos rancios de nuestra historia como país. Tenemos un presidente que ha declarado que a las mujeres les gusta que le griten cosas en la calle y que les miren el culo. A fines de julio de este año el ministro de educación Esteban Bullrich dijo que: “si hay una beba adentro, el aborto también es Ni una menos”. Contamos con una directiva fuerte de parte del oficialismo para mantener el orden de los poderes, porque son beneficiarios de este sistema opresor que coarta las libertades individuales de los cuerpos ¿Cómo se sienten ante eso? ¿les hace pensar que manifiesta cumple un rol imperativo debido al contexto sociopolítico del país? “tenemos que hablar, porque hay que hablar” (indica con fuerza el personaje en la obra) ¿de qué hay que hablar?

CT: Bueno. Cuando empezamos a ensayar allá por 2015, en diciembre, Jesi me dijo: si gana Macri tenemos que hacer algo, no podemos seguir ensayando.

De alguna manera nosotras sentimos que todos estos temas siempre estuvieron, pero cobraron más sentido con el triunfo de cambiemos; se profundizo muchísimo más la problemática y si, a veces a nosotros nos parece, en charlas que tenemos, que esto que hacemos es poco. Parece que todo lo que hacemos es poco. Hay una sensación de adormecimiento social desesperante.

JB: De hecho, coincidió un ensayo con la primera marcha de “Ni una menos”. Teníamos ensayo, pero dijimos: no, hoy tenemos que ir a la marcha. Porque teníamos que estar ahí. La marcha también fue nuestro ensayo.

CT: Aparecen todo el tiempo ganas de decir cosas, en la obra cuando Jesi dice ¿Dónde están? ¿Dónde están mis chicas? Siento muchas ganas de que diga: ¿Dónde está Santiago Maldonado? Todo el contexto social nos atraviesa, permanentemente.

Hay una pregunta que yo me hago todo el tiempo y es: ¿Por qué seguir haciendo teatro? ¿Por qué en sala? Al principio con manifiesta no queríamos que sea una obra de teatro en sala, eso también es una figura institucional, formal; yo tenía la idea de hacer la función un día en la terraza, otro día en un patio, en la calle, ocupar otros espacios. Después una cosa te va llevando a la otra y cuando necesitas plata tenés que pedir un subsidio, para pedir un subsidio tenés que inscribirte en Argentores y todo el tema burocrático. Pero a su vez es interesante lo que está pasando, la gente que podría haber ido al patio o a la terraza está yendo a ver la obra en sala, por el “boca en boca”, llegan grupos de mujeres feministas, ahí sentimos que hay un acto de resistencia de las dos partes, el feminismo es la fuerza revolucionaria más fuerte que tiene este país.

DB: Manifiesta es una obra que se abraza con la idea de sujeto en construcción permanente que plantea la filosofía queer; no solo que se modifica, si no que más bien se expande. Desde el punto de vista actoral y desde el punto de vista de la dirección: ¿ustedes creen que Manifiesta también es una obra en expansión?

CT: Si totalmente, de hecho, muto un montón desde que comenzamos hasta que estrenamos en mayo e incluso ahora. De alguna manera nosotras con el transcurso de la obra vamos entendiendo cosas, creciendo y expandiéndonos.

Pero también me pasa con Manifiesta que tiene cierta integridad de acabada, no se deja deformar tanto; hay cosas que las encontraste y son eso, no podría ser otra cosa. Por ejemplo, las imperfecciones respecto a la dramaturgia que observo, también me doy cuenta que no pueden ser de otra forma.

JB: Ese también es el desafío, de poder ver función a función si aparece otra cosa y afrontar los cambios, porque así es la naturaleza de algo que está vivo, la autenticidad del presente; creo que es lo más difícil. Ahí está la búsqueda y la resistencia, es una obra de aguante, los cuerpos son la resistencia.

CT: Todas las funciones son distintas, vamos encontrando sentido. Hay funciones que se intensifican por el contexto social. Por ejemplo, la función que hicimos después de la muerte de Micaela fue creo que la función más intensa de todas, no sabemos bien porque, si por una cuestión sobrenatural, pero cuando Jesi iba a hacer “la escena de la virgen”, que le llamamos nosotras (en la que se desviste y se mete en la pileta) justo ahí hay un cambio de luces y en ese momento no se movía una mosca en la sala, cuando fui a hacer el cambio de luces exploto la lámpara. Fue muy lúcido. Esa noche sentí que estamos ahí, hablando por un montón de mujeres que ya no tienen voz.

DB: ¿Ya tienen en mente nuevos proyectos o siguen totalmente abocadas a Manifiesta?

CT: No por ahora seguimos, es mucho laburo hacer una obra, ahora estamos disfrutando de hacer las funciones. Tenemos función en el marco de “Teatroxlaidentidad” el miércoles 20 de septiembre, 19hs en “Plataforma Lavardén” y después vamos a ir al 32º encuentro de mujeres a hacer la obra al Chaco.

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La rebelión inexplicable.

Donde hay poder hay resistencia, contraconducta (hay relaciones de poder porque hay posibilidades de libertad) Vivimos condicionados y una rebelión resulta inexplicable, si es así, deberemos ser inexplicables. Siempre va existir la posibilidad de una sublevación, hasta con las manos vacías.

Foucault dice que el poder es el pastor del hombre ¿puede el cuerpo ser el pastor del poder? En la sociedad capitalista contemporánea no hay panóptico, no se precisan barrotes, el poder se ejerce desde la libertad del individuo. Las redes por las que viaja el ejercicio del poder se han multiplicado de manera infinita, estamos todos conectados; quizás la nueva resistencia sea desconectarnos. El stablishment ha abandonado el ocultismo de la potencialidad y ya disfruta y trenza artificios para mantener la quietud de los órdenes vigentes; quien goza de los privilegios, no se espera una respuesta diferente de nuestros cuerpos, una posibilidad que subyace en lo que creemos debilidad, que desborda ampliamente lo que somos.

La respuesta quizás no sea nada nuevo bajo el sol, Roberto Kush ya lo vio en las cosmovisiones indígenas americanas:  El “estar” es asentarse en un polo donde se albergan las energías mágicas que se deben respetar y conjurar. Por otro lado, el “ser” se enlaza con la ansiedad occidental del “ser alguien”, el deseo de rellenar con contenido y significado un vacío que se acuña en lo más hondo del sujeto occidental. Quizás esa sea la clave de un nuevo poder que daría luz para revertir la infinita maraña en la que nos hemos tejido de afuera hacia adentro, se trata del poder de “no ser”, se trata del poder de “estar siendo”. De ser construcción, de ser cuerpo en expansión, de ser manifiestos. 

Podés ver “Manifiesta, cuerpo en expansión” jueves 14, 21 Y 28 de septiembre, 21:30 hs.

Cultural de Abajo-Sub Concert-On Gallery (ENTRE RÍOS 579)

Reservas al (0341) 155936171

 

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