Por Martín Paoltroni / Bajo el lema “Orgullo es lucha”  el colectivo LGTBI  marchará este sábado 7 de octubre, en coincidencia con el “día de la ciudad” en homenaje a una virgen. Reflexiones en torno a seguir pensando a Rosario en base al calendario religioso. 

Un tufillo sacramental con aires virginales merodeó este año la organización de la Marcha del Orgullo. Ojo, no estoy de hablando de curas y monjitas adentro la comisión organizadora, sino de sectores vinculados a la iglesia católica (esa que pagamos todxs) quienes azuzaron una movida en los medios locales para monopolizar la fecha del 7 de octubre, día de la virgen que lleva el nombre de nuestra ciudad, o nuestra ciudad lleva el nombre de la virgen, o ¿la virgen y la ciudad son la misma cosa? ¡Stop!

La procesión de los hombres y mujeres que se pretenden inmaculados no puede leerse solamente como la contraposición de fechas en la disyuntiva marcha versus procesión. La disputa del sentido que se pone en juego al pensar “el día de la ciudad” a partir de un hecho religioso no es menor: si Rosario no tiene fundación oficial, según sostienen los historiadores, ¿por qué la versión gubernamental de la historia y sus correspondientes celebraciones deben inscribirse únicamente en el santoral católico?

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La idea de una rosario beata y pura solo existe en el ideal de los creyentes a partir de cuestiones dogmáticas. Y aunque nuestra constitución en su artículo segundo todavía reconoce al catolicismo como la religión oficial ¿qué parámetros amparan a la estructura eclesial para arrogarse la utilización de espacios públicos diferentes en un mismo día? Al parecer, hay quienes todavía pretenden ejercer cierta regulación social con el amparo político que en el pasado les permitió justificar las mayores atrocidades en el nombre de Dios.

Pero el avance en materia de derechos civiles de los últimos años generó un interesantísimo plafón para discutir con distintos sectores de la sociedad ciertos cambios que operaron de forma contundente. Esto no significa que todo se haya solucionado con Matrimonio Igualitario, Identidad de Género o la Ley de Educación Sexual Integral, muy por el contrario; son apenas unos mojones arrebatados al patriarcado en esta lucha por buscar la igualdad de oportunidades a partir de las diferencias.

Por eso este año nos movilizamos en “el día de la ciudad” con un lema que busca resumir el espíritu non santo de nuestras batallas: Orgullo es lucha. Porque lejos de la petulancia o las muchas connotaciones negativas que puede adquirir esta palabra, el orgullo representa para el colectivo de la diversidad sexual el motor para destruir la vergüenza a la que nos quisieron condenar durante siglos. Significa también llenar de contenido político una celebración que históricamente se caracterizó por el color y el brillo de nuestras existencias.

Porque Lejos de la muerte y el oscurantismo, la comunidad LGTBIQ en  sus múltiples y variadas manifestaciones ideológicas, es una espacio activo de construcción y participación donde tampoco faltan las contradicciones y los cuestionamientos internos. Por eso insistimos con el 7 de octubre, porque esta Rosario que crece de manera desproporcionada y desigual, también es refundada cada año con el grito de Ni unx menos, con el basta de travesticidios y crímenes de odios, y con el permanente reclamo de la aplicación efectiva de la ESI en todas las escuelas de la provincia.

Imágen portada: Sole Pellegrini.
Imágen nota: Susy Shock, la divina trans . Ivan y Gabo Fotografía

1 Comment

  1. Excelente como siempre, este año SI voy a la marcha, nunca lo hice porque me pareció un asunto como tantos otros, más comercial que otra cosa, pero este año creo tiene otra significación y obvio que estoy en contra totalmente de los travesticidios, tuve amigas que murieron a manos de retrógrados homófobos.

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