Por Martín Paoltroni / Edson Bastos y Fabio Vidal pasaron por Rosario con “Joelma”, la historia de una de las primeras trans de Brasil. Un relato sobre las migraciones del cuerpo que transcurre al amparo de espíritus protectores. 

Joelma es la historia de la desobediencia hecha carne. Y no es un mito viviente porque nada hay de imaginario en la vida de la primera trans de Brasil que a los 72 años sigue tensionando los límites de lo posible. Vivir una vejez trans, se transforma en un realidad donde abrevan las muchas Joelmas latinoamericanas que sobrevivieron al genocidio travesti. Es también un derrotero de  convicciones profundas frente a las múltiples violencias del heteropatriarcado. Y es una poesía que habla de la fortaleza de una mujer que se reconstruyó en su ámbito natural, rodeada de espíritus protectores que la guiaron en tiempos de sombra y de luz.

Vivir una vejez trans, se transforma en un realidad donde abrevan las muchas Joelmas latinoamericanas que sobrevivieron al genocidio travesti.

Y así lo relata la obra homónima puesta en escena por Edson Bastos y Fabio Vidal, con el propio Vidal como Joelma, que se presentó en Rosario en el marco del Festival Internacional de Teatro frente a una platea rebosante de jóvenes que estremecían a cada momento con las pinceladas de una vida tumultuosa, incesante. ¿Cómo narrar sobre tablas una biografía repleta de acontecimientos complejos, tal vez, disímiles? La proyección en paralelo de un cortometraje que también relata algunos momentos de la vida de Joelma y que se entrelazan con la obra, dan una pista de la magnitud del relato.

Joelma 4
Vidal hace la coreografía y mímica de la canción “Tigresa” de Caetano Veloso.

La transformación en escena de Vidal en Joelma, la caracterización de la trans en distintas edades, la ductilidad para mostrar su costado místico y mutar inmediatamente a una escena de cabaret, las escenas de la vida cotidiana, y sobre todo el cuerpo como hilo conductor de las muchas vidas que transitó, marcan el pulso de una existencia caracterizada por el deseo como elemento vital. Sensual y provocadora, la piel del actor se confunde con la de Joelma, en una ida y vuelta constante con el público, donde se hace necesario escuchar el proceso de construcción de un personaje que se deconstruyó para poder ser.

La incorporación de datos estadísticos sobre los crímenes de odio en la población LGTBI de Brasil sirven de contexto para entender el caso policial que atraviesa la obra y marcan un punto de inflexión en la vida de Joelma. Un intento de abuso y dos hombres muertos en un episodio confuso, ponen fin a un período en la vida de la protagonista signado por el amor. La expulsión temprana del hogar durante su adolescencia y la intervención permanente de las “13 almas benditas, sabidas y entendidas” también imprime un sello de religiosidad exacerbada a partir de la invocación permanente de las entidades espirituales que la protegen y guían a cada paso.

Joelma 8
Fabio Vidal y la auténtica Joelma en su casa de Ipiaú, Bahía.

Joelma trasciende con toda claridad la mera representación biográfica de la vida de una mujer trans; es una interpelación directa a los viejos moldes que el capitalismo y su heteronorma insisten en mostrar como las únicas posibilidades de existencia. Es una flecha certera al corazón del sistema binario de género que habla de un destino natural basado en las características morfológicas del cuerpo. Porque si el feminismo nos enseñó que la “biología no es destino”, entonces nunca es el cuerpo equivocado y Joelma lo expresa haciendo carne las revelaciones que alguna vez tuvo Pizarnik: “Que tu cuerpo sea un amado espacio de revelaciones”.

Fotografías: Joelma no Teatro

Deja un comentario