Por Fede Abib / Confesa “fetichista butleriana”, el autor de esta nota repasa los conceptos mas sobresalientes de la presentación en Rosario de dos libros que tienen a la teórica feminista en el centro de la escena:  “¿Qué hacemos con las normas que nos hacen? Usos de Judith Butler” y “Eroticidades precarias. La ontología corporal de Judith Butler.” 

Les artesanes

La puesta en marcha de estas pequeñas máquinas me parece una oportunidad para refrescar y remarcar las posibilidades de apropiación que tiene la obra de Judith Butler en nuestros territorios; y en un horizonte más enriquecedor, conocer y acercar la experiencia de espacios políticos arraigados en la ciudad de Córdoba Capital, que durante los últimos años construyen y deconstruyen desde diversos pliegues de activismos, inspirados en las producciones butlerianas y sus derrames.

La trastienda de estas producciones bien pueden ser reseñadas como el efecto directo de una continua apuesta por radicalizar al máximo, desde posicionamientos pro sexo feministas explícitos,  las trayectorias y narrativas de cada una de las vidas involucradas en estos textos; no sólo porque en sus extensiones se transparentan procesos de rescritura y análisis de las coyunturas políticas del vasto campo de las disidencias sexo-afectivas, sino además, porque dichas líneas de politización alcanzan hasta el mismo sello editorial que lanza ambas obras.

Desde el 2010, Asentamiento Fernseh y Sexualidades Doctas se configuran  como espacios de intercambio y producción estética, teórica y política sexo-disidente,  inmersos en los activismos feministas y de la disidencia sexual, abocados en disputar y corroer los márgenes posibles en los devenires teoréticos sobre sexualidades, feminismos, cuerpos, deseos, sus luchas y proyecciones. Con las reflexiones de Judith Butler como denominador común, sus apropiaciones resultan “imprevisibles recorridos que van desde el análisis filosófico de textos sobre el neoliberalismos, hasta la lectura en clave butleriana de fenómenos locales de violencia estatal”.

Ambos libros representan una disputa sobre la obra de Butler abocada en profundizar sus zonas de vacancia, extremar sus argumentos y habilitar otros modos de crear teorías, logrando una analítica del presente de los procesos políticos de las disidencias sexo-afectivas y sus materialidades culturales.

De la presentación

Hace poco más de un mes, Beto Canseco me adelantaba la idea de traer ambos textos a Rosario, invitándome a presentar el formato libro de su tesis de doctorado titulada “Eroticidades precarias. La ontología corporal de Judith Butler.” Yo, fetichista butleriana, acepté encantada.

Sin rodeos, el libro nos propone un recorrido artesanal de la obra reciente de Butler, aquella que se cataloga desde el 2001 hasta nuestros días, cuya extensión filosófica toma cuerpo en reflexiones teoréticas y políticas derivadas de los acontecimientos posteriores a los atentados a las torres del World Trade Center.  El bosque es frondoso, lleno de malezas, y para no extraviarnos, Beto nos propone trazar algunas coordenadas sobre el territorio butleriano, siguiendo la pista de lo que él denomina un símbolo cartográfico, apelando con ello a revisar las variaciones de uno de los nudos problemáticos insistentes en los devenires de la autora, a saber, la disputa por el reconocimiento.

Yo, loca dramática asumida, conforme fui avanzando algunos pasos, intuí que podía revolver mi baúl de citas butlerianas para armar algo así como una presentación de semejante hazaña. Justamente, una frase muy subrayada en los textos de Judith es aquella que aparece en un artículo llamado “¿Puede hablar el otro de la filosofía?” en la que señala que el problema con nosotros es el drama del reconocimiento.

Las lugareñas que compartimos cierta obsesión cosificada sobre la autora, sabemos que en la trieja emergente entre Buenos Aires, Córdoba y Rosario, en cuanto bulbos de resistencia sexodisidentes, nuestra ciudad resulta la más olvidadiza a la hora de explorar las herramientas butlerianas como instrumentos de lucha, lectura y reflexión teórico-políticas. Las apropiaciones y lecturas de Judith Butler en Rosario devienen en una extraña soledad, casi autodidacta, y aplicadas a poco más que algunas reflexiones en torno a las variaciones entre sexo y género. El detalle resulta paradójico si consideramos que el imaginario vertebral de la filosofía de Butler insiste en la radicalidad del carácter social, abierto y recíproco del terreno donde libramos nuestras vidas. Parafraseando a Idea Vilariño, pareciera que una siempre está sola, pero a veces, con Butler, está más sola.

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Los autores junto a los miembros del Programa Universitario de la Diversidad Sexual de la UNR. 

Del llegar a ser a un cuerpo

La idea de tomar la obra butleriana para ficcionar mapas que nos permitan indagar recorridos no explorados de nuestros territorios, uno de los objetivos del libro de Beto, parece remitirnos directamente al proyecto de una Micropolítica, propuesta por Suley Rolnik y Felix Guattarí, que nos convocan a la actualización permanente de nuestras cartografías del deseo. En dicho texto, los autores exploran los avatares maquínenos entre cultura, subjetividad, políticas y deseos, siguiendo algunas indicaciones de método como por ejemplo, relevar y denunciar, en todo punto posible, nuestros sistemas de culpabilización, como un modo de desandar las afectaciones que anestesian y enajenan nuestros procesos singulares y agenciamientos colectivos.

El libro de Beto puede ser leído como una profundización hacia zonas imprevistas de uno de los pliegues de la matriz de heterosexualidad obligatoria menos explorados en la propuesta butleriana. Dicha red de inteligibilidad cultural es una figuración del entramado discursivo y material que posibilitan la emergencia de nuestros existenciarios, cuyos trazos se extienden y tensan cercando las posibilidades de cuerpos, sexos, géneros y deseos.

Luego de un recorrido minucioso por las fuentes de los argumentos butlerianos sobre las disputas por el reconocimiento, Beto logra actualizar, en el plano del deseo, algunas coordenadas que nos permiten la fuga de paradigmas esencialistas, románticos, biologisistas o psicoanalíticos, que actualmente hegemonizan sus enunciados, limitando los modos de pensar nuestras formas de encarnar un cuerpo a veces sexuado, a veces pasional, a veces deseante.

“No nacemos con sentimientos, llegamos a sentirlos como propios”

La vulnerabilidad común postulada por Butler representa uno de los puntos más fecundos del terreno. Con ella la autora entiende que nuestras vidas están expuestas a condiciones materiales diferenciales y desigualadas que jerarquizan qué vidas cuentan cómo vida, y cuáles no. Dichas condiciones operan a la vez de manera productiva y regulatoria, amenazando con desbaratar y expropiar nuestras posibilidades de acceder o garantizar lo que cada una considera una vida buena. Recuperando las consecuencias éticas derivadas de estas reflexiones, y apoyado en lecturas disidentes del deseo hilvanadas por otras autoras, Beto extiende la pregunta por el ser del cuerpo hacia su dimensión erótica, apuntando a cuestionar las posibilidades – o imposibilidades – a las que estamos expuestos a la hora de ser afectadas por la pasión sexual.

 En su andar, logra desligarse del manto santo que aún se filtra en muchas de nuestras lecturas sobre sexualidad/es, avanza desconectando la identidad del sexo y del género, dejando atrás cualquier puritanismo esencialista, para invitarnos a diseñar nuevas éticas de lo erótico, atentas a nuestra condiciones de eroticidad, entendida como la distribución diferenciada y desigualada de las posibilidades de nuestros cuerpos a ser reconocidos como agentes de pasiones, placeres y afectos. El diseño de estas eróticas se apuntalan en un proyecto de justicia social erótica convocado por Beto,  cuyas creaciones deberían garantizar el ejercicio del derecho al placer sexual y la protección contra todo tipo de violencia sexual.

La propuesta abierta al final de la novela filosófica que nos ofrece Beto representa en sí misma una actualización de símbolos cartográficos, las brújulas puestas a nuestro alcance, por obra y artesanía de las trayectorias cordobesas, para orientarnos en las explosiones venideras de la pasión desordenada que resiste a la homonormatividad en las trincheras de nuestras disidencias afectivas.

Tal como él recupera e insiste, consecuente con el proyecto más utópico de la obra Butleriana, y por ende, con el horizonte político más prometedor, la estrategia feminista que sobrevive a toda crítica consiste en un ejercicio imaginativo que produzca materialidades a través de un desafío a los límites de lo que se considera realidad. Porque, como sugiere la misma Butler, pensar sobre una vida posible es un lujo para aquellos que ya saben que son posibles. Para quienes todavía están tratando de convertirse en posibles, esa posibilidad es una necesidad.

Imágenes: Emma Song
En Rosario “¿Qué hacemos con las normas que nos hacen? Usos de Judith Butler” y  “Eroticidades precarias. La ontología corporal de Judith Butler” están disponibles en Mandrake Libros, Rioja 1869.

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