Por Juan Pablo Di Lenarda Pierini / La violencia hacia personas del colectivo LGTBI nunca cesó, pero en los últimos meses se registró un aumento de agresiones en la vía pública. Una experiencia personal y una propuesta: llenar la calle de nuestros besos hasta que revienten los machitos. 

Este año viví un hecho de violencia homofóbica arriba del 122 verde.

“Te voy a romper todos los huesos”,  me dijo el señor de unos cincuenta años, bañado en canas y con la mirada cargada de odio.

“Das vergüenza, sos un payaso, mirá lo que sos”, me gritó mientras amagaba levantarse del asiento, y el silencio cómplice de lxs pasajerxs se adueñaba del bondi.

Me sentí tan miserable que pasaron dos paradas y me bajé a las arcadas.

Caminé, y lloré más de veinte cuadras, y también recordé cada una de las veces en las que me sentí un miserable, y fueron muchas y lloré aún más.

AMOR del BUENO

Recordé cuando mis compañeros varones no querían compartir el banco conmigo en el colegio, o cuando la señorita de cuarto me decía que les pegue para qué me dejen de decir marica, o también cuando en clases de literatura había que leer en voz alta, y las risas aumentaban contagiando a lxs más 30 niñxs púberes, víctimas de una institución y un estado que no brinda Educación Sexual Integral (ESI).

Nací hijo del patriarcado, y estoy atravesado por él desde que vieron en la ecografía mis bolas, me alimentaron y construyeron en base al machismo, y me hicieron creer que mi amor no era del bueno.

Éstxs son lxs sujetxs mediocres que no caben en su inmensa mediocridad, humanos que carecen de humanismo, y encima lxs mal llaman animales.

No pido lástima, ni justicia, y mucho menos una palmada en la espalda. Pido sentido humano, hermandad, sororidad o como quieran llamarle, la violencia destruye, pero el amor es inquebrantable.

Quiero ver muchas tortas chapando por ahí, en los parques, las esquinas y las plazas. Quiero vernos de las manos y abrazados, quiero que mi calle se llame Furia Trava, y hacer un piquete de mariposas.

Quiero no tenerle miedo al amor, nuestro amor, quiero ser un sin vergüenza, y gastar las zapatillas en el barrio con vos. Sin golpes, sin miedos ni gritos, sólo orgullo, inflarnos lxs cuerpxs de orgullo, esa es la respuesta, y también su más temible miedo.

Ilustración: Franco Rasia

 

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