Por Walter Rojas / La redacción de un protocolo para detener a personas LGTB por parte de la ministra de seguridad Patricia Bullrich revela los planes del gobierno para el colectivo de la diversidad sexual. Preocupación y críticas a un texto que confunde definiciones y da vía libre para la represión. 

La heteronorma siempre encuentra nuevas maneras de etiquetarnos y avanzar sobre nuestras trayectorias vitales, si a esto le sumamos el odio de un estado represivo, el resultado es que de ahora en más seremos también vidas protocolizadas. Con fecha del 30 de octubre de 2017 se publicó en el Boletín oficial de la República Argentina la resolución 1149-E/2017, firmada por la siniestra ministra de seguridad Patricia Bullrich, que regula un  “Protocolo General de Actuación de Registros Personales y Detención para Personas Pertenecientes al Colectivo L.G.B.T.”

Las dudas son muchas y las certezas, como siempre, son las que pagaran nuestros cuerpos. ¿Qué intereses hay detrás de la implementación de este Protocolo?. Hace unas semanas atrás, desde la marcha del orgullo local, denunciábamos el recrudecimiento de las políticas represivas, de la criminalización social y el retroceso en materia de políticas públicas. Este protocolo se enmarca en las políticas que viene implementando el macrismo y que no hace más que delatar el deseo del Estado represor: reprimir pero con dignidad a un cuantomaslejosmejor colectivo LGBT.

Con una liviandad siniestra encontramos términos como “tortura”, “uso racional de la fuerza”, “persona extranjera”, “cacheo”, “registros personales” y el listado de términos en materia de una llamada seguridad continua sin tener en cuenta que nuestra historia se ha escrito con la sangre derramada por la violencia institucional. Sabemos muy bien que son las razias, sabemos que están ansiosos de disciplinar nuestros cuerpos, cercenar nuestro deseo y limitar nuestros fluidos.

Si pensabas que no podía ponerse peor, que el globo amarillo no te distraiga. Es un protocolo que confunde definiciones, cuya redacción es confusa, opaca y por demás sobreabundante en lo que quiere protocolizar. Después de años de trabajo, luchas y conquistas legales y judiciales volvemos a encontrar que una normativa se refiere a nosotres recurriendo a categorías tales como “condición biológica” y “pudor” y deja librado al criterio de efectivos policiales determinar si una persona integra el colectivo LGBT o no. Ya sabemos cómo funciona esto, si nosotres no nos nombramos a nosotres mismos son otres lo que lo hacen y siempre será en perjuicio nuestro.  Jamás podemos dejar que un hetero gestione nuestras plumas porque sin darnos cuenta terminamos degolladas y con las plumas en una bolsa.

Si pensabas que no podía ponerse peor, que el globo amarillo no te distraiga. Es un protocolo que confunde definiciones, cuya redacción es confusa, opaca y por demás sobreabundante en lo que quiere protocolizar.

Es obligatorio mencionar que la Ley de Identidad de Género ya contiene en sí misma lineamientos para el trato digno de las personas del colectivo LGTB en todas las esferas sociales y que el anterior Protocolo del año 2011 (dejado sin efecto por esta nueva resolución) fue elaborado con el consenso de varias organizaciones de la Diversidad Sexual y su fin era garantizar el respeto de la identidad de género autopercibida.

Insisto con la duda. Habiendo tantas políticas por implementarse, tantas otras pendientes de ser trabajadas, tantas situaciones críticas por las cuales responder ¿lo primero que se les ocurre hacer vinculado al colectivo LGBTI es un protocolo para decir cómo van a detenernos y como pueden torturarnos? ¿No debería ser prioridad cuestiones de mayor urgencia como el acceso a la salud, la educación y el trabajo en lugar de pensar en el accionar de las fuerzas represivas del Estado? La respuesta es claramente obvia, este modelo amarillo solo cierra con ajuste y represión.

Protocolo 2

Sigo dubitativa (que pesada la marika). ¿Me sentaría en una mesa de trabajo en la que me convoquen para trabajar junto al Estado en este protocolo? Y la verdad es que la respuesta es un no. Primero quiero que deroguen todas las normativas que penalizan nuestras existencias, aquellas que nos discriminan y aquellas en virtud de las cuales nos detienen arbitrariamente. Primero quiero que respondan por todas las compañeras trans asesinadas y que den respuesta a los travesticidios sociales. Primero quiero políticas públicas concretas y de verdad, no parches estatales. Esta marika que escribe es una teórica pero aprendí hace mucho que la acción revolucionaria no nace de Judith Butler, nace de las trans.

Primero quiero que respondan por todas las compañeras trans asesinadas y que den respuesta a los travesticidios sociales. Primero quiero políticas públicas concretas y de verdad, no parches estatales.

No me voy a sentar a decirles como tienen que detenerme y cuál es la formita que más me copa para que me normalicen. Las historias kafkianas las dejo para el ocio de mi lectura y no para el devenir de mi existencia. Este reprimir con dignidad que trata de vendernos este protocolo es la respuesta más clara de lo que quieren de nosotres. Nos quieren encerradas, torturadas, calladas y normalizadas.

Hay algo que pese a todo el odio no pudieron tener en cuenta. Hace mucho que manejamos un lenguaje que elles no entienden, no tenemos miedo de correr con los tacos en la mano, nos seguimos encontrando y hace mucho tiempo que no nos escondemos. Nunca seremos pakis. Si nos buscan van a saber lo que es la furia travesti y como dijo nuestra querida traviarca: “a la cárcel no volvemos nunca más”.

 

 

 

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