Por Diego Bonzi / Con el orgullo marica y litoraleño a flor de piel, la Bonzi vibró al ritmo de la marcha del Orgullo Disidente en Paraná junto a sus hermanas de Victoria. Una crónica con gusto a río, purpurina y militancia de pura cepa entrerriana. 

El sábado 11 de noviembre nos levantamos al mediodía un poco alteradas, con el maquillaje en estado abstracción y con una leve resaca. La noche anterior tuvimos festejo, un “baby shower fest” de una amiga que decidió ser madre soltera. Convencidos de que la familia la elegimos, la amasamos y la disponemos desde la libertad de nuestras subjetividades. Hubo quien abandonó su vestido para la marcha porque tiene demasiado poliéster para el húmedo y viscoso calor de la Paraná. Alcohol, telas metalizadas y sol pueden ser una combinación incendiaria.

Salimos desde Victoria Entre Ríos con la agrupación “Diversidad Victoria” de la que formamos parte. Nos consiguió una combi el gremio de ATE Seccional Victoria después de asediar a través de notas para pedir transporte al intendente, al consejo deliberante, al secretario de desarrollo social municipal, a la ministra de desarrollo social de la provincia y hasta a un senador provincial. Ninguno aportó a la causa, algunos ni contestaron las notas.

Los únicos que se arroparon en nuestra bandera y apoyaron el cuerpo político enardecido de la agrupación fue el gremio de ATE, como siempre entre compañeros se arregla. Quizás estuvimos lentos haciendo el pedido una semana después de las elecciones a quienes deberían ser nuestros servidores públicos. Tal vez una semana antes hubiesen destinado un poco de ese dinero que va para clientelismo, ese mismo que nos dejó videos indignantes del mismo intendente de Cambiemos de la ciudad de Victoria entregando boletas y “regalitos” en un barrio. Pero nada de facilitarnos salir a la calle a conquistar derechos, que además son derechos humanos.

Para algunes era la primera marcha del orgullo a la que asistían y había mucha emoción en el aire. Durante el viaje una parte nos la pasamos recordando anécdotas, cantando las consignas que nos empoderan “inserciones, laborales, para travestis y transexuales” y la otra parte pegando unos cartelitos a los forros que llevamos para repartir que decían: “Diversidad Victoria” exige la aprobación URGENTE de la nueva ley de VIH, Hepatitis Virales y Enfermedades Transmisión Sexual”, proyecto de ley que se encuentra frenado en la Cámara de Diputados y puede perder estado parlamentario.

Llegamos a Plaza 1° de Mayo, la plaza principal de la capital entrerriana, frenamos frente a la Catedral de “Su Señora del Rosario” (porque mía no es, así que tampoco es “nuestra”).  La puerta de la combi apuntaba directo al ostentoso pórtico de la institución que mantenemos económicamente con nuestros impuestos y que encubre a miles de violadores seriales. Algo nos decía que esto iba a ser un encuentro directo con la lucha social, cosa que no tardo en confirmarse. Pasamos un rato saludando conocidos, nos encontramos a las compañeras de “Comunidad Trans Rosario” y “Mesa de las Tortas Rosario”, amigues y otros seres bellos, compartiendo caminos tensados por la necesidad.

Marcha Parana 2017

Dimos una nota para Diario Uno Entre Ríos aclarando que demandamos la real y urgente aplicación de la “ley de educación sexual integral” (ESI) en todas las escuelas del país, remarcamos con énfasis que sin ella no hay “Ni Una Menos”. Este mismo diario al día siguiente de la marcha no presentó ninguna nota de cobertura, pero si una recopilación de tweets de radicales muy indignados por los grafitis en la fachada del Comité Provincial de la Unión Cívica Radical (UCR), en portada de su página web. Somos noticia solo cuando nos quieren embardunar con el moco de las buenas costumbres y la propiedad privada, somos directamente estampadas en la pared donde remachan a los “violentos de siempre”, en estos casos me vibra más que nunca en el cuerpo aquella frase de Hélio Oiticica: “sea marginal, sea un héroe”. Como todo accionar de un medio hegemónico en linealidad con el macrismo, pasan estos años de desgobierno y lo único que nos han dado a la comunidad lgbtttiqa es un protocolo de cómo arrestarnos, instalando en la opinión publica una relación directa entre el accionar delictivo y nosotres, se les hace agua la boca del gusto a la triada del partido judicial, mass media y el oficialismo.

Somos noticia solo cuando nos quieren embardunar con el moco de las buenas costumbres y la propiedad privada, somos directamente estampadas en la pared donde remachan a los “violentos de siempre”.

Quiero decir con énfasis que fue una marcha de resistencia cultural, la efervescencia de las artes de choque en el extrarradio de la marcha de capital, impulsados por la coyuntura de país necroliberal es realmente emocionante. Disfrute toda mi instancia al máximo. Ojalá todas las trans, tortas y maricas jóvenes de pueblos y ciudades del país tomen conciencia de sus cuerpos políticos y se sumen a militar el movimiento, es menester descentralizarnos, nos urge que la marcha nacional sea itinerante.

Una de las performances de apertura frente a la catedral accionada por el grupo “Danza Combate” me emocionó hasta las lágrimas. Sentí la catarsis que oscila entre el dolor y la risa, ver a muchos personajes “payasescos” transmitir a través de la magia del absurdo teatral perfomático: las risas desquiciadas, la indignación, el cuestionamiento y la expresión de obviedad ante determinadas frases gestadas en la normalidad del inventario hegemónico. Esas mismas por las que viaja el ejercicio del poder como: “machona”, “puta”, “y los hizo varón y mujer”, “una familia bien constituida”, “ella lo provoco”, “prostituta”, “son unas resentidas sociales”, “es gay, que desperdicio”, “las gordas son gauchitas”, “¿y cómo cogen?”. Mezcladas con algunas verdades monumentales, enunciados como: “la santa iglesia de los abusadores” y “si dios es todo también es puto”. Generaron una penetrante reacción de la gente que mutaba entre el asentimiento festivo y la desaprobación. Esa complicidad en la expresión inherente del inconsciente a través de la risa compartida y de los sentimientos simultáneos fue exquisito. Cada mensaje fue depositado uno a uno sobre los escalones que permiten el acceso al templo de la iglesia católica apostólica romana.

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Performance del grupo “Danza Combate” en las escalinata de la Catedral. 

La marcha fue un éxito, desembocó en plaza Alvear. La lectura del documento fue justa, medular y urgente. Se pidió garantía de trabajo, educación, salud y vivienda para personas trans, reparación histórica, declarar estado de emergencia de género, aborto legal, estado laico, basta de violencia hacia lesbianas, basta de travesticidios, se culpó a gendarmería, Macri y Bullrich de la muerte de Santiago Maldonado, se pidió la libertad de milagro sala, entre otros tópicos.

Había una barra autogestiva que fue prácticamente asaltada por locas sedientas, hubo muchos más artistas hasta tarde y se bailó una danza florida sobre la fértil tierra del litoral. El viento estimulaba las hojas del ceibo y sus flores, rojas como la lucha, acababan un líquido refrescante. Me sentí, como una amiga y compañera a la que llevo en el corazón: “más entrerriana que la chamarrita”.

Fotos: Sole Pellegrini

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