La última entrevista de Isabella para La Tetera: en junio de 2016, la joven trans que padecía obesidad mórbida denunció en las páginas de nuestra revista su situación de extrema vulnerabilidad y la responsabilidad del estado. El viernes pasado falleció durante una internación en el Hospital Provincial.

Con un hilo de voz, Isabella Amaral apareció por última vez frente a las cámaras de televisión el pasado 15 de noviembre con un pedido desesperado: necesitaba ser trasladada a un hospital con urgencia para ser sometida a un tratamiento por una infección: “Ya no tengo más fuerzas”, le dijo a una periodista de Canal 3. Por unas horas, su historia volvió a ganar la atención de los medios de comunicación a los que acudió con persistencia durante los últimos años para hacer oír su reclamo: el gobierno provincial debía garantizar un tratamiento efectivo en una clínica especializada. Pero esa instancia nunca llegó, y después de un derrotero de internaciones fallidas, comenzó a recibir asistencia estatal en su propia casa. El viernes pasado fue confirmado su fallecimiento en el Hospital Provincial de Rosario a raíz de causas derivadas de su enfermedad. Isabella tenía 32 años y había llegado a pesar 490 kilos en los últimos meses. En esta crónica, Julián Fernández repasa los momentos más sobresalientes de la última entrevista que realizó con la joven trans en su casa de zona sur a mediados del 2016.

Es vox populi: llegar tarde tiene cierta elegancia. Como no quiero pecar de croto (porque en estos últimos meses ser croto se volvió motivo de represión), llego a la casa de Isabella una hora después de lo acordado. Ella no se planteó, nunca, que la puedo haber dejado plantada, sabe que de una forma u otra cumplo mi palabra. Golpeo la puerta de su casa, ya son más de las 17. Uno de sus acompañantes terapéuticos, Rodrigo, me invita a pasar y entre chistes me acerca una silla.

Empezamos la ronda de mate, de fondo suena reggae – o alguna música estilo porrera – y la lengua se empieza a aflojar. Le pido a Isabella que me cuente, una vez más, su historia. No quisiera mentirle o darles datos imprecisos a los lectores de esta nota. Isabella es una chica trans con un serio problema de obesidad que la tiene en la cama hace años. Isabella está pesando aproximadamente 410 kilos y tiene dos tumores en sus piernas que no pueden extraerse quirúrgicamente porque su corazón no soportaría la anestesia necesaria para la intervención. Ella solicita que la provincia cubra los gastos – tal como lo indica la Ley Nacional de Obesidad – de una internación en una clínica especializada,  pero los funcionarios provinciales  del área de salud solamente han aparecido para discriminarla.

Su primera internación fue hace diez años pero no fue voluntaria ni por obesidad, sino a raíz de un intento de suicidio. Así empieza el transcurrir de Isa por las distintas instituciones: del hospital Provincial al Centenario, del Centenario a la Clínica Cormillot, de la clínica Cormillot de nuevo al Provincial, del Provincial al Gamen, del Gamen al Eva Perón, del Eva Perón a internación domiciliaria y en la internación domiciliaria esporádicamente al Provincial. ¡Atenti! Uno de los mayores saltos de peso que hizo fue durante la internación domiciliaria que hasta el día de hoy la provincia de Santa Fe insiste en sostener.

Isabella hizo el cambio de identidad mientras estaba internada. En el hospital Centenario se parió a Isabella. Sabemos que las instituciones y sus vacas sagradas, a quienes los simples mortales llamamos médicos, enfermeros y demás dioses que bregan por nuestra salud, avanzan a un ritmo mucho más lento que las demandas de la sociedad. Isabella lo sabe mejor que nadie: lo vivió, lo sufrió. Ella se vio violentada de forma reiterada (me animaría a decir “sistemática”) por su identidad y por su enfermedad: los médicos la llamaban por su nombre anterior insistiendo que hasta que no tuviera hecho el cambio de DNI ellos no tenían por qué respetar su identidad autopercibida, los enfermeros se burlaron de su obesidad, los funcionarios provinciales afirmaban tener ya firmado el certificado de defunción de nuestra compañera… ¡STOP!

No me la voy a agarrar únicamente con los y las trabajadores -aunque no están exentos de culpa-, pero los principales responsables, son los políticos. La cabeza de las instituciones son quienes tienen que asegurar el real acceso a la salud de toda la población. Los principales responsables de estas vejaciones son el ministro de salud de la provincia de Santa Fe Miguel González – y sus antecesores – y el gobernador de la provincia Miguel Lifschitz… Muchas fueron las promesas que le hicieron a Isabella, pocas fueron las que cumplieron.

Se termina el agua. Rodri va a cambiar la llevar y la música cambia drásticamente: suena Abel Pintos. El ambiente es ahora más romanticón. Damos un volantazo y empezamos a charlar sobre su vida persona. ¡Ja! Como si lo otro no lo fuera. “Cuando una empieza a pasar tanto tiempo en los hospitales termina conociendo a la gente que está en estas salas” me cuenta Isabella. Pareciera que los pasillos de hospitales son buen lugar para conocer chongos pero no voy a ahondar en detalles. Cada quien pueda darse una vueltita y comprobarlo.

Ya para cerrar, porque Rodrigo me da mates cada vez con menos ganas y la charla se nos iba para cualquier lado, le pregunto qué es lo que ella quiere y no duda en dar la respuesta: “yo quiero que la provincia cubra mi internación en una clínica especializada en obesidad. Yo quiero tratar mi enfermedad, una clínica que trabaje con obesidad mórbida. No quiero ninguna internación para que me traten la putosidad”.

 

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