Avanzar en la reglamentación del trabajo sexual parece una quimera en épocas de ajuste y flexibilización laboral. La imperiosa necesidad de insistir con la agenda de las putas y una pregunta ¿acaso vender la fuerza de trabajo con algunas partes del cuerpo tiene más mérito que otras? 

Las brujas a las que en el medioevo se perseguía hasta darle caza y matarlas eran mujeres con conocimiento transmitido de madres a hijas. Eran grandes conocedoras sobre sexualidad, amor y reproducción entre muchas otras cosas. Esto despertaba pánico a los hombres de la época, quienes dominaban el mundo sin darle a la mujer otro lugar que el de acompañante sumisa. Estas mujeres, libres e inteligentes, desafiaban la hegemonía masculina y solo por eso eran marcadas como brujas y asesinadas de forma violenta y sangrienta. En la actualidad, la persecución no solo termina en asesinato, sino también en la estigmatización y exclusión continúa. Las mujeres que desean decidir sobre sus cuerpos no pueden hacerlo porque es el Estado quien ahora las marca y reprime.

Si bien la prostitución no es ilegal en Argentina tampoco es legal por lo que se genera un vacío en el cual surge el proxenetismo, la coima policial y todo un mercado negro que se maneja por izquierda pero a la vista de todas. Si tenemos por objetivo el cambio real la única manera es legalizando el trabajo sexual, dando derechos a lxs trabajadorxs y permitiendo que el Estado sea  garante de esta profesión además de ejercer función de control sobre la misma. Un Estado presente es quien da un marco de legalidad a la profesión y permite que las trabajadoras puedan gozar de los derechos como cualquier trabajadora.

No queremos que nos bañen en su discurso moralista sobre qué está bien y qué no, como si hubiera partes del cuerpo que fueran más nobles para explotar que otras ¿a caso tiene mayor mérito vender la fuerza de trabajo de la boca para hablar y no así para realizar sexo oral? Parece que la opinión de terceros pesa más que nuestra propia decisión a ejercer esta profesión cuando, donde, como y con quien queramos. No estamos en situación de trata, ni de violencia, ni de objetualización, somos trabajadorxs precarizadas.

Somos las brujas que te hacen cuestionar tus preceptos, somos las brujas que todos los días decidimos ejercer el trabajo sexual, somos las brujas que no podemos aportar para jubilarnos pero somos quienes mantenemos nuestro hogar, las brujas que no podemos declarar ingresos pero que con nuestro trabajo alimentamos a nuestros hijos e hijas. Para estas brujas ya no necesitan hogueras porque nos matan de a poco dejándonos fuera del sistema.

Imágen: Ammar

 

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