Por Flor Mainardi / La bisexualidad está plagado de mitos ¿De verdad te gustan las dos cosas? Algunos pre conceptos que circulan en el imaginario popular y una recomendación: no nos convirtamos en policías de la sexualidad ajena. 

Soy bi, visible.

Cuando empecé a salir con S., no se cansaba de preguntarme si de verdad me calentaba chupar una pija.  Cuando conocí a V., una amiga le contó que mi ex era una chica. Una vez mi mamá me aseguró que no me podían gustar las dos cosas. Nico suele decirme que empezó a creer en la bisexualidad cuando me conoció. A mí me costó un tiempo nombrarme bi aunque hace más de ocho años mis andanzas amorosas, sexoafectivas, chapes de una noche, bailes y miraditas son puramente bisexuales.

Pase varios años creyéndome algunas cosas que dicen de la bisexualidad. Las peores de todas son aquellas que niegan la posibilidad de ser bi. “Es una fase”, “ya te vas a definir”, “querés sostener los privilegios heterosexuales”, “te da miedo salir del closet”, “estas confundida”. Ahora, cuando escucho alguna de estas frases, sólo puedo sonreír o poner cara de “¿me estas cargando?”.

Ser bisexual y ser visible a veces te trae dolores de cabeza. Tener que pararte frente a alguien y hacer que legitime tu decisión, cansa y, sobretodo, aburre. Por eso quiero desarmar algunos mitos en torno a la bisexualidad, no son los únicos y seguro que hay múltiples formas de derribarlos. Acá van:

  • “Tenés más opciones para elegir”. Error, las personas no son opciones. No las pensamos como objetos y no nos gustan todas las mujeres y todos los hombres.
  • “¿Con qué género garchas mejor?” No creo que sea una cuestión de género, es una cuestión de comprenderse y disfrutar con la otra persona o personas que están en ese momento con una. ¿Me vas a decir que nunca la pasaste mal con un chico o con una chica?
  • “Ser bisexual es una moda”: No reduzcas la decisión de una persona sobre cómo vivir su sexualidad a algo tan banal como la moda.

Seguro hay más ideas falsas sobre ser bi para tumbar a las patadas o a los besos. No nos convirtamos en policías de la sexualidad ajena. Experimentemos las mil formas de relacionarnos entre seres sentipensantes. No podemos separar la cabeza del cuerpo, ni la razón de la emoción. Ah! Me olvidaba, no pasemos de la heteronorma a la homonorma, no anulemos jamás ninguna expresión que nazca del deseo y del placer.

Imágen: weloversize.com

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