¿Cómo llegamos a vivir en una sociedad que premia la monogamia? ¿Por qué la exclusividad amorosa se vincula directamente con la fidelidad sexual? En este diálogo, Emma Song desanda los complejos caminos de los vínculos sexo afectivos y reflexiona sobre el poliamor y las complejas tramas que se tejen en torno al sistema económico. 

 

Estamos en un mundo prefabricado, todo pareciera tener su justo lugar preconcebido, incluso el amor. Heidegger, filosofo Alemán, planteaba que vivimos en un constante estado de interpretados, hay un enorme sistema que  piensa todo por nosotros, cosa que nos ahorra la terrible tarea de pensar, incluso, de pensar el amor. En esta parte del mundo que nos toca vivir: occidental y capitalista, la monogamia se impone desde todos los ámbitos culturales, institucionales y religiosos. 

Monogamia y capitalismo

Pero cómo es que la monogamia llego a normativizarnos en el amor, a marcarnos la forma de vivenciarlo. Emma Song* en dialogo con La Tetera, señala queen el medioevo los matrimonios eran arreglos político-económicos para una clase determinada o pactos de supervivencia para la otra clase. La invención del matrimonio por amor, propia del siglo XIX, ha contribuido a forjar como hoy entendemos nuestra manera de relacionarnos sexo-afectivamente. Es interesante pensar conjuntamente la aparición de la heterosexualidad como eso que no tenía nombre hasta que se nombró la homosexualidad, también en el mismo siglo. Ese velo de naturaleza que poseía la heterosexualidad, y que sigue teniendo para muchas narrativas hegemónicas, configuró la asimilación de la reproducción como algo que se podía elegir. Es decir, ya no era una imposición de las familias y su distribución política hegemónica, sino algo que se distribuía en la sociabilidad de las grandes ciudades ya instaladas“. 

En esta línea, agrega que la reproducción de la burguesía y la nueva forma de la economía mundial necesitaban una organización social instalada en la reproducción y la familia nuclear. Y para ello, las narrativas del amor romántico fueron la clave para enlazar, el apego a la tierra, la familia heterosexual y la cohesión social de los jóvenes estados-naciones emergentes del siglo XIX. 

Es interesante destacar como la monogamia termina por operar bajo las leyes del modo de producción capitalista. En este sentido, Song marca “que la formación del sujeto en el siglo XIX es la formación del sujeto liberal propio del capitalismo que se siente y se piensa autosuficiente en sociedad pero no dependiente de esta. Ese sujeto liberal es el que ama, y ama para sí. Es la idea de “mi amor”, la idea de propiedad privada no iba a quedar solo en el orden de lo económico, o para decirlo más específicamente: no habrá más que una economía amorosa . La metáfora del amor como un intercambio de capitales emocionales solo se sostiene si seguimos sosteniendo al sujeto liberal. El amor, en un sentido, parece un efecto de las sociedades industrializadas de organización capitalista”.

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Poliamor y re-educación emocional

El poliamor, que es el establecimiento de múltiples relaciones sexoafectivas en simultáneo, irrumpe como una forma disidente de organizar los afectos. Emma entiende que lo problemático de la palabra está en la no-exclusividad afectiva. Así como el sexo es principalmente lo que determina en las prácticas monógamas la peor de las infidelidades, muchas veces el salir de la monogamia solo se hace desde la exclusividad sexual, pero no desde la afectiva. Y ahí hay una trampa enorme. Se ratifica por lo afectivo aquello que se dejó en lo sexual. El amor es a la vez aquello que nos puede permitir decir que amamos a muchas personas, como el invento del matrimonio por amor; en esos dos extremos de su uso las relaciones no-monogámicas amorosas parecen cabalgar.

En este punto, parece que lo que el poliamor pone en jaque es la fidelidad amorosa: “el amor, esa palabra que está sobresaturada de sentido, que rebalsa de sentidos es principalmente usada en las narrativas afectivas desde la fidelidad al objeto amado. ´Solo te amo a ti, solo quiero estar con vos´ y demás cosas por el estilo. Y lo que devuelve como gesto narrativo, es una norma afectiva: como puede ser que yo que te amo solo a ti, no sea correspondido con: ´y yo solo te amo también solo a ti´. Con suerte esa cadena de fidelidades en las relaciones sexoafectivas se rompe, pero tantas otras producen violencias extremas, si pensamos en el femicidio donde se conjuga con la parámetros patriarcales en la relación con las mujeres”. 

Pero pensar el poliamor queriendo evidenciar cómo los afectos están tejidos por las estructuras de poder que ordenan la realidad, es solo una parte. La otra se concreta en los hechos, en la posibilidad de re-organizar nuestro propio amor en las acciones. “Emprender una relación no-monogámica puede presentar infinitos obstáculos. Muchas veces una se presenta no monogámica y establece vínculos fuertes en el tiempo y en el espacio con esa otrx persona, y es muy común que esa persona se siente agobiada por sus propios celos, por más cuidados que haya, en la relación con una persona no monogámica. Eso siempre representa un desafío muy grande, porque muchas creemos que no hay por qué imponer una visión del mundo sobre otra, por más hegemónica que sea una de esas”, reflexiona Emma. 

Con respecto a lo jurídico, es un tanto más problemático, sobre todo por las relaciones poliamorosas que duran mucho en el tiempo, y cuando una de esas personas muere se ocasionan problemas de herencias lo cual también está atado a un tipo de políticas económicas específicas . Y claro está, si hay hijxs a cargo de esas personas, qué derechos y obligaciones aparecen o pueden hallarse en el reconocimiento jurídico: “Hay proyectos en algunos lugares del mundo para el reconocimiento de las triejas o cuatriejas, como un matrimonio expandido, lo cual genera una seguridad a las personas involucradas en ese compromiso. Pero realmente, es algo que debe pensarse con mucha atención, los efectos performativos de las normas son casi imposibles de predecir. Muchas habitamos esta manera de relacionarnos con lxs otrxs porque abrazamos esa radical diferencia que nos separa, los tiqqun decían que la orgía prueba solo eso: la distancia que hay entre los cuerpos, que es una distancia ética, diferencia/distancia que también nos conecta con lxs otrxs. La tarea que queda por delante es reinventarnos la pena que haga valer el esfuerzo por llevar adelante nuestras vidas”, concluye Song.

*Emma Song: Feminista pro sexo de la disidencia sexual de Córdoba.
Imágen portada: www.abc.es
Imágen interior: i24mujer.com

 

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