El gobierno nacional anunció la falta de retrovirales para personas que viven con VIH.  La responsable: María Cecilia Loccisano, esposa del Ministro de Trabajo Jorge Triaca, quien intenta frenar el envío de medicamentos a hospitales públicos hasta fines de febrero.

En noviembre de 2017, el proyecto para una nueva Ley de VIH/Sida y Hepatitis Virales perdió estado parlamentario y volvió a foja cero; esto fue precedido por un faltante de retrovirales en el año 2016. En los últimos días, nos enteramos que el Gobierno Nacional da un nuevo golpe en materia de VIH, golpe que afecta a personas seropositivas que no tienen cobertura privada, suspendiendo la entrega de antiretrovirales y pasándole la responsabilidad a las Provincias.

Si de familias blancas, puras y hermosas tenemos que hablar (siguiendo esa caracterización aportada por nuestra mortífaga preferida de los medios audiovisuales, Pamela David) sin dudas hay que hacerle un lugar a la familia Triaca. Parece que, no conformes con negrear a trabajadoras, María Cecilia Loccisano, subsecretaria de Coordinación Administrativa y esposa del Ministro de Trabajo Jorge Triaca, es la responsable de que el Ministerio de Salud haya intentado frenar el envío de antirretrovirales a Hospitales Públicos y Provincias al menos hasta fines de febrero. Es que sí, cambiamos futuro por pasado, y dentro de estos cambios están los implementados por la subsecretaria Loccisano, que, demorando la compra de fármacos, descarga el ajuste neoliberal sobre personas seropositivas que ingieren el jarabe de Zidovudina. En principio el faltante iba a afectar a quienes adhieren a esquemas conformados por Dolutegravir, Darunavir, Efavirenz y Abacavir/Lamivudina, pero la rapidez y el fuerte repudio ante esta situación hizo al gobierno rever su accionar. O eso parece, ya que en la era de la pos-verdad sólo sabremos si esto es cierto cuando las infectadas vayan a retirar sus medicamentos a los efectores de salud.

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La realidad es que hace algunos días atrás la Dirección Nacional de Sida, a través de un
comunicado firmado por Sergio Maulen, informó sobre el faltante de algunos fármacos a las provincias y a la vez solicitó que “dentro de las posibilidades, se pueda gestionar la adquisición de los mismos hasta tanto se regularice la situación”. Algunas provincias como Santa Fe y San Luis anunciaron que tomarían la responsabilidad durante el mes en el que el Estado Nacional se haría presente ausentándose. Pero ante el pedido de Maulen surgen también algunos interrogantes: ¿qué pasa en las provincias en las que no hay presupuesto para realizar la compra? En aquellas en las que no hay stock de fármacos ¿cómo se garantiza la medicación a quienes la necesitan? ¿Qué sucederá con aquellas personas que adhieren a un esquema afectado por este faltante y tienen que interrumpir la adherencia sabiendo que esto implica, entre otras cosas, la posibilidad de que el virus puede generar resistencia? Aunque el Ministerio de Salud de la Nación haya dado por resuelto (aunque no completamente) el faltante anunciado a través de su área de VIH/SIDA, las preguntas continúan teniendo vigencia, ya que no es la primera vez que el gobierno de Cambiemos produce demoras en la entrega de estos fármacos.

También, aunque parezca que esta situación comienza a resolverse, empieza a ser notable (nuevamente) el desinterés por aquellas personas que vivimos con el virus. Alarma que lo que realmente le importó a la buena conciencia y a la opinión pública, por un momento, son las nuevas infectadas. Total nosotras algo habremos hecho. Sabemos que desde el liberalismo, los regímenes de gobierno dependen en cierto punto de la producción de subjetividades que se amolden a su gestión para poder dirigir las conductas de individuos o grupos diferentes. El hacer vivir y dejar morir que Foucault nos mostró en su análisis de la biopolítica sigue teniendo vigencia, y en estos tiempos puede verse como recrudece.

Particularmente, no me mueve el deseo ni el interés por las campañas con los imperativos noventosos a los cuales muchos quioscos, ONGs y activistas (de la mano de AHF) han retornado. Cuando, en realidad, lo único que hacen en sus intervenciones es decirnos que tenemos que usar preservativos y tener sexo responsable, como si coger sin preservativos y a sabiendas de las posibilidades que hay en esa práctica no fuese responsabilidad. Campañas que en ningún momento reproducen la voz de aquellas que intentamos poner en marcha una ética seropositiva para dejar atrás la vinculación de la vida con vih como una vida subsumida en la tristeza sino que propagandean la culpa, la lastima y la pena al mismo tiempo que, en tiempos de lo políticamente correcto, rediseñan el slogan de la peste rosa para dirigir sus mensajes a hombres que tienen sexo con hombres.

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Seguir responsabilizando a las infectadas por el cuidado de todo el mundo no sólo produce la culpabilización de nuestras vidas sino que también desvía el foco de atención. Son quienes manejan los fondos del Estado lxs responsables de gestionar las políticas y ejecutar los presupuestos para responder las demandas, necesidades y urgencias de todas nosotras. La naturalización de la pobreza y la precariedad en contextos como estos, en los que las políticas neoliberales se profundizan con extrema velocidad, no sólo resulta evidente sino que también se vuelve peligrosa. Nos queda, entre tanto, seguir en estado de alerta y atentas para evitar ser nosotras las que también caigamos en ese lugar pantanoso, ya que resulta menester continuar visibilizando estas políticas de ajuste que recaen de lleno sobre nuestras vidas. Cabe remarcar que fue la rapidez de las denuncias y acciones llevadas adelante por algunas de las pocas organizaciones y activistas que continúan siendo consecuentes, las que pusieron en jaque al gobierno y desnudaron una de las tantas políticas antipopulares.

Quizás, mientras lo permitamos, las políticas que se continúen implementando serán esas que apunten a igualarnos a Estados Unidos: fortaleciendo cada vez más, en materias de salud, una estructura al servicio de los privados. Por otra parte, creo que de seguir profundizando el activismo del imperativo y del reparto de materiales de AHF sin siquiera investigar qué esa sigla y cómo opera a nivel internacional, pronto arribaremos a lo que necesita el neoliberalismo: una militancia del VIH/SIDA culpabilizante y entristecedora de las vidas seropositivas. Y también, una militancia pro-farmacéutica, esa que le allana el camino al actual régimen para que el Estado deje de ser el responsable y los laboratorios privados acumulen cada vez más dinero gracias a nuestras vidas y la experimentación que hacen de estas. Desde luego que estas políticas y estos discursos infieren en el ideal regulatorio de qué vidas son merecedoras de ser vividas y qué cuerpos son ideales de habitar y cuáles no. Pero por mucho que intenten hacernos olvidar, siempre tenemos que recordar que no sólo podemos, sino que también tenemos el derecho de decidir cómo vivir nuestras vidas seropositivas.

 

Fotos nota: http://www.pictaram.life/user/1435874545

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