Teteras: un espacio subversivo

Por Capristo /  El auge de las aplicaciones de levante no opaca la historia y vigencia de las teteras: lugares fluidos donde el encuentro de los cuerpos también puede devenir en compañía militante, amistad sincera o, quién dice, hasta tu próximo ex. 

Me gusta ver las Teteras como un territorio líquido, fluido, corriente, cambiante. Un espacio subversivo que se abre en medio de lo formal por una convencionalidad extraña, oculta, secreta. Un escenario donde los actores son siempre diferentes, las intenciones son dudosas; las intensidades, mutantes; las miradas, elocuentes; los diálogos, escasos; los silencios, cómplices. Uno mismo nunca es el mismo cada vez que entra en esa escena. 

Más de una vez, lo mueve a uno hacia la contienda la necesidad de la descarga inminente que no mira rostros, no pregunta, no responde, no sabe ni quiere saber de quién o quiénes se prestan como receptáculos. A fin de cuentas, en tal caso el encuentro es un trámite, como una transacción sensual sensorial.  Otras veces se pone en juego la exigencia y no toda oferta es un buen partido. Surge la codicia por los pectorales abultados, los brazos anchos, los abdominales marcados, las nalgas amanzanadas, los movimientos dominantes. Como si fuera cierto el dicho de que cuanto más atributos mayor diversión.

Lo cierto es también que quienes ya somos parroquianos de estos antros hemos sabido encontrar en este enjambre de cuerpos y deseos, sutiles pero valiosos resabios de sororidad. Personalidades con suertes afines a la propia, prontas a gestos atentos, afectivos, amenos. Sintonías tan cercanas que puede llegar a devenir en compañía militante o amistad sincera.

Ilustración: Juliana Casalli