Parte de la obra de Effy quedó reunida en el libro “Que el mundo tiemble” (Edulp, 2016), donde aparecen textos en primera persona que muestran la rigurosidad conceptual de sus performances. La tetera reúne nueve claves para acercarse al lenguaje de sus manifestaciones artísticas y, de paso, alejarse del morbo que generó su temprana muerte, a los 25 años.

1) Sembrarse

En la primavera de 2010 Effy empieza a estudiar en la Universidad Nacional de Artes. Escribió esto:

“Abril ha sido un mes muy hermoso. Tras varios años de mucha introspección, ha coincidido en la misma semana el momento de hacer oficial dos caminos paralelos que comencé desde antes de ser consciente de transitarlos: el ser artista y el ser mujer. El mismo día que comencé mis estudios en el IUNA, fue también el día en que oficialmente pasé a ser reconocida por la medicina como una persona en activo proceso de transición, debido a la suministración legal de hormonas femeninas,  habiendo nacido con genitales del sexo opuesto. Aunque falte mucho tiempo (seguramente muchos años) para que reciba un reconocimiento social y justo de ambos aspectos de mi persona, me es inevitable producir obras que registren lo que me sucede internamente”.

El trabajo práctico que entregó fue una tira de retratos con su rostro antes de la transición, enterrados en una maceta. Esos retratos, al contacto con la tierra, estaban nítidos, pero al ir asomando se esfumaban. Algo bajaba y algo emergía, transformado.

“En una caja que simula ser una parcela de tierra, donde crece el césped verde y vivaz, no entierro un muerto, ni escondo algo de lo que me avergüence, sino que hago entrega de algo mío que se vuelve ajeno: varias representaciones de mi no-rostro, de mi no-documento, de mi no-pasaporte, de mi no-yo. Las coloco en la tierra tal como se colocan varias semillas, a la espera que de aquella identidad surja otra mayor, alguna que atraviese la tierra en busca de luz, y yo pueda finalmente decir: esa soy yo”.

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2) Resiliencia

Vamos a hacer un pacto de lectura: Effy no es un final. En marzo de 2014 se quitó la vida y cada cual hizo lo que pudo para entender o interpretar lo que hizo. Pero su obra no es un final. Las 370 páginas que registran de forma incompleta su producción, Que el mundo tiemble, son un catálogo de invitaciones a pensarla en su conexión con la vida y el intento de alivianar el peso de la existencia. Aunque ese día de marzo sea una línea dentro de su biografía, la pregunta se repite con insistencia ¿por qué se mató? El pacto, por favor: el suicidio no es algo lineal, no es causa y efecto. Qué sabemos para responder esa pregunta y, sobre todo, ¿a dónde nos lleva? Al morbo. No todas las personas que se hacen una reasignación genital se matan, ni todas las personas que no consiguen un trabajo, ni todas las que sufren. No. En uno de sus videos Effy se filma llorando y cae, en cámara lenta, una lágrima mientras ella susurra “no me quiero quedar con la tristeza”. Eso se repetirá: no se quiere quedar con la tristeza, por eso la registra y exhibe. No se queda con la tristeza: la hace obra.

3) Incomodidad

Dos preguntas frente a la manifestación artística son para qué y para quién. Y al circuito del arte le aparecen dudas cuando la obra no es condescendiente. ¿Cómo se registra este problema? ¿Qué pasa cuando la obra no invita, sino que pelea? Effy podía ser peleadora y se peleaba incluso consigo. Muchas de esas peleas terminaban en una foto, una performance o un dibujo. Lo que nos llega son reconciliaciones.

4) Queer

Esta respuesta de Effy es muy clara para entender su postura como artista queer:

-Se puede hablar de arte queer cuando su finalidad problematiza el discurso hegemónico que rige en un tiempo y espacio específico. Una obra de teatro que acerca de manera popular un tema tabú puede considerarse queer. Como así también un proyecto conceptual como lo fueron mis menstruaciones ficticias, donde no usé pintura sino que me extraje medio litro de sangre como una absurda deuda social, más cerca de ser una denuncia sobre las exigencias culturales de lo que significa ser una mujer en la sociedad en la cual viví un tratamiento de reemplazo hormonal. Una obra de teatro sobre una pareja compuesta por dos varones homosexuales no es necesariamente queer en su contenido.

5) Trabajo

Nos conocimos en 2011, cuando empecé a ver sus performances y entrevistarla para hacer una crónica. Effy se presentaba con profesionalismo, una gran seguridad sobre la valoración de su obra emergente, y repetía un pedido: trabajo. Es 2018 y el pedido urgente de muchas personas trans sigue siendo el mismo.

6) Disciplina

Las reuniones para la edición del libro duraron seis meses intensos de catalogación junto a Dori, su madre, y María Julia Prut, quien hizo la curación de una muestra que reunió su obra. Effy tenía una notebook rigurosa en la que guardaba fotos, textos literarios, textos programáticos y ejercicios experimentales (versión I, II, III, IV y más). Un libro de cuentos con prólogo e índice incluidos. Un proyecto de libro de retratos antes y después de su reasignación genital, en el que participaron varixs fotógrafxs. Fuera de la notebook, cajas: cientos de retratos (más de 500) de personas que la dibujaron. Cartas. Carteles. Collages. Dibujos. Por las dimensiones, para concretar la edición hubo que dejar cosas afuera, ya que el proyecto se empezaba a parecer a una enciclopedia. Gracias a la plataforma de la editorial de la Universidad Nacional de La Plata (EDULP), quienes pusieron a su equipo de edición y diseño sin interés comercial, la descarga del ebook es gratuita. Es el deseo de muchxs que en algún momento se materialice en papel, para que pueda llegar a los lectores también a partir de otros canales que no sean digitales.

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7) Lazos

Hubo muchas personas que volvieron sobre los archivos y participaron para sumar contenidos al libro. Además de los aportes fotográficos, se compilaron más de diez relatos en primera persona que cuentan cómo era ser parte de una performance de Effy. Escribe Susy Shock:

“Le dio un sentido a cada paso y a cada vínculo, armando la gran puesta total, la gran obra en devenir: ella misma. Por eso cuando me dicen Perfo, y me invitan a ver como burgueses con culpa, furiosxs, orinan bronca sobre lxs espectadores a lxs que inmediatamente después del autorreferencial ahogo le pasan la gorra, siento que Perfo es una palabra tan alta, y cada vez más inalcanzable: ¡Lemebel frente a Pinochet!, ¡Batato con sus tetas en los 80!, ¡Hija de Perra frente a lxs caretas! y ¡Effy frente a la vida toda, con su vida entera!”.

8) Lenguaje

Al comienzo de Que el mundo tiemble, la madre de Effy, Dori, escribió un texto titulado “Effýmia, mía y de muchos otros”. Acá aparece otra clave, de alguien que la conoció muy de cerca:

“Effy salvó a aquella niña encerrada que no sabía cómo seguir viviendo y la artista conceptual salvó a Effy, permitiendo que su voz silenciosa exprese todas las palabras por decir”.

En el arte de Effy hay un lenguaje que toma diferentes formatos, y le pone palabras a la angustia de degenerar al género en un mundo binario.

9) Seguir

Al googlear Effy, Effýmia o Elizabeth Chorubczyk aparecen cientos de artículos. Su obra integra crónicas, reportajes, bibliografías, papers y exposiciones. Fueron 25 años intensos, que dejaron una producción clave por el momento histórico en el que se dio (antes y después de tener ley de identidad de género) y que todavía guardan porvenir. Invitamos, a quienes deseen aportar al archivo, que envíen un mensaje a la página de Facebook dedicada a ella.

Fotos: Nora Lezano, Que el mundo tiemble (EDULP, 2016)

 

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