Rafael Correa pasó por Rosario y fue recibido con honores. Pero las locas no olvidamos: durante su gobierno retrasó el avance de derechos para la comunidad LGTBI ecuatoriana y reafirmó su visión heteropatriarcal  de la familia. 

 

La visita de Rafael Correa a Rosario causó sensación. Ícono nac&pop, latinoamericanista indiscutido y líder exiliado por las traiciones internas, el ex mandatario ecuatoriano convocó a toda la militancia del campo popular en una gira que cosechó halagos, selfies por doquier y títulos honorarios para subastar. Y sí, en tiempos donde la derecha avanza con violencia, ver a uno de los líderes que integró el “consenso sin Washington”, utilizando sus propias palabras, algo produce: esperanza, admiración, fuerzas para seguir.

Es claro que ´la revolución ciudadana’ inspiró a un sector de la dirigencia local, y que su visión sobre la economía marcó un rumbo.  ¿Pero bastan todos estos atributos para borrar de un plumazo su defensa irrestricta de la familia nuclear y heterosexual como único modo de habitar el mundo? ¿Se puede acaso trocar el progresismo económico y social por el conservadurismo moral? Y hay que reconocerlo, Correa siempre fue honesto: “Soy muy progresista en la parte económica y social y bastante conservador en cuestiones morales”, declaró.

Pero hay más: al referirse a la ‘ideología de género’ no dudó alinearse con la doctrina católica: “Dicen que la libertad es incluso elegir si uno es hombre o mujer, pero por favor… eso no resiste el menor análisis, es una barbaridad que atenta contra leyes naturales, contra todo… y se lo están intentando imponer a nuestros chicos”, aseguró frente a una multitud emulando a Chiche Duhalde en el debate por el matrimonio igualitario en Argentina.

Por eso resulta incómodo que su paso por la ciudad sea tan complaciente- Quienes dicen acompañar las reivindicaciones feministas y del colectivo LGTBI ¿otra vez van a poner en debate la prioridad de nuestras demandas? ¿Por qué insisten en polarizar pobreza y cuestiones de género como si estuvieran desligadas? ¿Acaso se desliza la idea de que es un lujo pequeñoburgués? Si el concepto de Patria Grande nos hermana en solidaridad con los reclamos  de todos nuestrxs hermanxs ¿Por qué negar sororidad a las trans, las maricas y las mujeres ecuatorianas que se quedaron esperando?

Disculpen, pero nuestro movimiento usa taco aguja y resulta que vienen afilados. Correa, que reproduce el discurso de Bergoglio, trabajó activamente para impedir el avance de derechos a toda nuestra comunidad, y esa factura – tarde o temprano – esperamos cobrarla. Porque creemos que el sostenimiento de patrones culturales que niegan nuestras existencias y nos criminalizan, resultan tan asesinos como la pobreza material que dicen combatir. Si la redistribución de la riqueza es solo para la familia heterosexual mientras en la esquina matan a otra trava, o una piba muere por un aborto clandestino, entonces la revolución me huele a farsa.

Vi morir gente al lado mío por lo insoportable que se puede tornar el mundo cuando te consideran un monstruo, y vi llorar a mis compañeras trans cuando la impunidad heteropatriarcal se llevaba a una de las nuestras. Por eso juré no aplaudir jamás al macho que nos desprecia, aun cuando tome la forma de un líder progresista de América Latina. Disculpen, pero no me interesa una revolución donde no puedo loquear.

 

1 Comment

  1. las cuestiones económicas están totalmente desligadas de las cuestiones morales y religiosas. en la antigua unión soviética la homosexualidad estuvo considerada como “degeneración de la burguésia” y penalizada con cárcel hasta inicios de los años sesenta. si por ejemplo un sacerdote cree que el capitalismo es un sistema inhumano que genera miseria, hambre y desigualdad, y que hay que cambiarlo por un sistema mas justo e igualitario, el hecho de que dicho sacerdote no sea ateo, o coma carne o considere al aborto y a la homosexualidad un pecado, no lo hace ni mas socialista ni menos socialista, ser socialista es querer cambiar un modelo económico por otro, eso es todo! lo demás son cosas añadidas y opcionales, prueba de ello es que hay muchos liberales de centro derecha que apoyan el veganismo, el feminismo y los derechos homosexuales.

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