“El pensamiento y la acción militante de Perlongher son un faro para pensar políticas de resistencias”

Por Santiago Santana /  Javier Gasparri presentó “Néstor Perlongher. Por una política sexual” un libro que indaga en las tensiones entre sexualidades y género en la literatura latinoamericana, con especial énfasis en la obra de la loca más hermosa que conoció la militancia disidente en la década del 70′. 

“Néstor Perlongher. Por una política sexual” tuvo su presentación oficial el pasado miércoles 28 de marzo en el Instituto de Estudios Críticos en Humanidades de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR. A 69 años de su nacimiento en la popular Avellaneda y a 26 años de su fallecimiento desde el exilio en tierras cariocas, desde La Tetera nos preguntamos por qué Néstor Perlongher -su vida, militancia, voz, visión- continua siendo actual.

Para desandar esta y otras interrogantes charlamos con el autor, Javier Gasparri, quien no solo desarrolló una investigación sobre sexualidades y género en literatura argentina y latinoamericana -con especial atención a la obra de Néstor Perlonger- sino que también integra el Programa Universitario de Diversidad Sexual (PUDS).

En esos recorridos y desplazamientos entre lo académico, lo literario y lo militante es donde se produjo el encuentro entre Perlongher y Gasparri dando como resultado una investigación de posgrado base para su tesis en la Maestría en Literatura Argentina. Sin embargo, no fue en la academia donde Javier se topó por vez primera con Néstor sino en una de las primeras Marchas del Orgullo que se realizaban en Plaza Pringles los 28 de junio y a través de la voz de Guillermo Lovagnini, primer director del PUDS.

Gasparri recuerda que “escucharlo en alta voz fue un momento epifánico, por la potencia que tenía, si bien ya había leído cosas de Perlongher fue un momento fuerte escucharlo como manifiesto”. Desde esa epifanía iniciática, los caminos de la potencia perlonghiana nos lleva hasta la posibilidad de pensar una política sexual y es que según Gasparri “este es un tiempo que nos permite revisitar a Perlongher y encontrar elementos para poder pensarnos”. Para el autor, la cultura de derecha que estamos atravesando es un contexto en el que “el pensamiento de Perlongher y su acción militante son un faro para confrontar y también para pensar políticas de resistencias actuales”.

En consecuencia, uno de las preguntas que surgen es cómo los distintos géneros literarios se vuelven herramientas en relación a la propuesta perlonghiana para la intervención social. Según Gasparri, “Perlongher participa de un contexto de interrogación en torno a los límites de lo literario y entiende una literatura que se hace a partir de una experimentación corporal muy intensa”.

Si bien lo que más se ha revisitado es su faceta poética barroca, que para Gasparri “ha sido muy limitante para poder leer su producción militante y su pensamiento en torno a una política sexual”, es esta obra-acción la que busca empujar los límites, corroerlos y llevarlos hacia un lugar desconocido.

Y es allí, en ese espacio entre lo ignorado y lo latente, donde la potencia de lo producido por Perlongher nos invita a (re)pensar nuestros espacios contemporáneos de yire, callejeo y teteras. Para Gasparri, estas prácticas “hoy son de resistencia, incluso de sobrevivencia, que nos enseñan, que incluyen deseos y saberes que van hacia el cuestionamiento de lo establecido, de lo normalizado”.

portada Javier Gasparri

Perlongher vive sus últimos años en medio de la crisis por el VIH-Sida presenciando cómo estos espacios de encuentro y (re)conocimiento entran en una fase de declinación y desuso y vuelca sus observaciones en “La desaparición de la homosexualidad”, un ensayo que según Gasparri “aborda el fin del homosexual entendido en términos trasgresores, en términos de sublevación e incluye la parábola que arma con el ascenso de la identidad gay normalizada”. Pero no se trata de una mirada melancólica o nostálgica sino de “pensar relecturas y relatos del pasado que nos sirvan para accionar en el futuro, es cuestión de hacer sobrevivir y reinventar esas prácticas”.

Otro de los interrogantes que cobran actualidad es el del debate en torno al trabajo sexual, su regulación y las relaciones que se dan entre sexualidad politizada y política sexualizada. Néstor Perlongher es quien, desde su exilio sexual en San Pablo, Brasil, con la perspectiva que le aporta su título como sociólogo y en el marco de una Maestría en Antropología Social en la Universidad Estatal de Campinas, realiza una investigación exhaustiva en el gueto de los michés paulistas.

Según Gasparri sus conclusiones “desarman mucho de los argumentos abolicionistas precisamente porque logra visualizar que las lógicas de poder son diferentes en el caso de la prostitución masculina”. Este trabajo también se da a partir de su abordaje territorial en Brasil, con sus conexiones con el Grupo Gay de Bahía y el Grupo Somos. Dice Gasparri: “Perlonher se inserta de una manera bastante significativa en ese contexto brasileño entre académicos y militantes de figuras que después serán muy relevantes en la transformación del pensamiento y la política brasileña y que tiene que ver con pensar las sexualidades disidentes en ese momento”.

En tiempos donde el recrudecimiento de la represión y disciplinamiento de los sectores populares en general pero de las otredades empujadas a las márgenes que constituimos las travas, tortas, maricas, putas y negras en particular, consultamos con Gasparri cómo la herencia perlonghiana parece ayudarnos a pensar acciones como el tuit de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación que incluye a la heterosexualidad dentro de la diversidad sexual: “En primer lugar lo que habría que cuestionar una vez por todas es la noción de diversidad, que como sabemos es un dispositivo liberal que neutraliza todas las diferencias y que pretende hacer que vivan armónicamente”.

Y es en el desplazamiento que hace el autor hacia la relación de Perlongher con el Estado donde podemos encontrar advertencias desde el pasado pero también propuestas a futuro: “Para Perlongher no hay posibilidad de negociar con el Estado, con ese Estado genocida y represor, y si bien nosotros hemos transitado por experiencias más o menos progresistas en los últimos años, el contexto de derecha actual nos sigue interpelando y Perlongher nos sigue enseñando en torno a cualquier forma de dogmatismo estatal y nacionalismo berreta”.