Correa, el doctor que no entiende

Por Ana /  Una periodista ecuatoriana refrenda las críticas de La Tetera: desde adentro, Ana relata el machismo exacerbado que caracterizó su gobierno, y recuerda como las legisladoras de su partido fueron sancionadas cuando pidieron que se legalice el aborto en caso de violación. 

Rafael Correa empezó su nueva colección de doctorados honoris causa en noviembre pasado, en la Universidad de Grenoble Alpes (Francia). Y cosechó los dos últimos la semana pasada en Argentina.Los otros 14 se quedaron en la casa de Gobierno de Quito, Carondelet. En lo que él denominó un museo de la historia presidencial; pero que a primera vista era un extenso homenaje a su sola persona.

Esa exposición duró apenas nueve meses. La administración actual decidió, en febrero pasado, que los “documentos personales” se depositaran, “bajo las condiciones adecuadas”, dentro de la Reserva de Bienes Culturales de la Presidencia.Por supuesto, esto ocasionó la tan conocida ira del ex mandatario. Ira que probablemente solo habíamos conocido de cerca los ecuatorianos. Esa misma ira que quienes más seguido la vivimos fuimos los periodistas.

De a poco nos fuimos acostumbrando a sus ataques de cólera. A su ceño fruncido y sus amenazas. Los “sicarios de tinta” o “bestias salvajes”, como cariñosamente nos llamaba, tal vez, sin quererlo, nos fuimos acostumbrando a ese maltrato. Supongo que así debe suceder también en los casos de violencia intrafamiliar. Un maltrato que era generalizado, pero que se puede diseccionar. Por lo que, en esta oportunidad, me enfocaré en dos temas: la equidad de género y la diversidad sexual.

Primero, cabe mencionar, que el doctor Correa, autodenominado de izquierda progresista, nos trataba casi a todos por igual: con una prepotencia iracunda. El macho alfa debía dominar a todo aquel que pisaba su territorio. En esa tarea no falló. Y, bueno, diez años de dedicación debían dar resultado (contando que tenía todas las herramientas en sus manos, incluidas la judicial y la legislativa).

Pese a sus ahora 17 doctorados honoris causa, a las mujeres siempre nos tuvo a menos, nunca nos vio como iguales. Basta con recordar que a él no le queda claro si la igualdad de género ha mejorado la democracia, “lo que sí es seguro, ha mejorado la farra impresionantemente” y por ende lo que él denominaba el “buen vivir”.

Las bromas sexistas siempre estaban a la orden del día. El saludo a cualquier ministra de su gabinete siempre venía precedido de algún piropo barato. Una vez, incluso, llegó a pedirle al presidente de la Asamblea (2012) que aumente el sueldo de las legisladoras “porque no tuvieron plata para comprar suficiente tela y todas con unas minifaldas, dios mío”.

Pero no eran solo los comentarios. Era la mirada con la que los lanzaba y la risita que los sucedía. Las aludidas casi siempre respondían también con una sonrisa, aunque, en su mayoría, se notaba torpe y forzada. Pero había un público que entretener a través y detrás de las cámaras. La humillación así se incrementaba.

Pero el doctor Correa no lo entendía. Nunca lo entendió. Sancionó a sus propias legisladoras (2013) por pedir que se legalice el aborto en caso de violación. Las acuso de traición y amenazó (como tantas otras veces) con renunciar si se aprobaba esa legislación.

Pero el ‘Mashi’, como le conocen por acá, no entendió nunca que en la actualidad, cerca de 380.000 mujeres han vivido una violación sexual en el país. Las cifras oficiales son más altas entre niñas y adolescentes. En los últimos 10 años, el embarazo en las de 10 a 14 años se incrementó el 74,8%.

Y no contento con eso, en 2015, mandó cambiar la Estrategia Nacional Interseccional de Planificación Familiar y Prevención del Embarazo de Adolescentes (Enipla), por una oscura y retrógrada visión denominada “Plan Familia”, que puso en manos de una colaboradora cercana al Opus Dei. La idea era que las mujeres mantengamos nuestras piernas cerradas hasta, al menos, terminar la universidad o llegar a la santidad del matrimonio.

Correa sostuvo que la Enipla se “basaba en el hedonismo más puro y más vacío: el placer por el placer”. Dijo que se trataba de una “infiltración de toda una agenda abortista, una agenda gay”. Entonces cambió a una “estrategia que se fundamenta en valores” y, por supuesto, en la familia. O en su concepto limitado de familia, la religiosa, la de su moral.

El doctor hablaba de familia mientras el sistema ecuatoriano, su sistema, impedía que Satya tenga una existencia legal y disfrute de su familia homoparental. Sus dos madres esperan desde abril de 2012 a que llegue la justicia y puedan inscribir a su hija con sus apellidos. La pequeña ahora tiene más de seis años y sigue sin ser reconocida por el sistema. Dos madres y una hija, todas ignoradas.

Lo mismo sucede con el matrimonio civil igualitario. Quienes pertenecemos a la comunidad GLBTI solo tenemos derecho a inscribir una unión de hecho. En el Ecuador del doctor era y sigue siendo imposible que el Registro Civil case a dos personas del mismo género. Para Correa “badea” o “marica” siguen siendo una forma de insulto válida. Insultos que utilizaba para desprestigiar a sus “odiadores”.

Tampoco podemos adoptar. “No estoy de acuerdo con la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, porque creo que la naturaleza algo de razón debe tener y que los niños deben estar en la familia tradicional, conformada por hombre y mujer”, fueron sus palabras.

Lo que el doctor no entiende es que, en 2014, en Ecuador había 2.600 menores en situación de abandono u orfandad solo en casas de acogida administradas por el Gobierno. Sin embargo, en el año 2015 se registraron apenas 148 adopciones en el país.

Aunque, se debe reconocer, que hubo algunas medidas que sí beneficiaron a la comunidad GLBTI. Una de las que más recuerdo es la que permitió que las parejas gay reciban la pensión estatal por defunción de su pareja. Y, aunque no es perfecto, que el género se pueda cambiar en la cédula de identidad, aunque no así el sexo de la persona.

Pero al final, ni los 17 honoris causa pueden borrar su lógica sobre lo que implica la lucha de la comunidad GLBTI: “son tonterías, novelerías que le están haciendo mucho daño a los proyectos de izquierda en América Latina y alrededor del mundo, porque muchas veces nos ponen ante imposibles”.

A los ojos de Correa, quien les escribe sería descrita como: coloradita, gordita horrorosa, bestia salvaje, badea y marica. Pero, eso sí, nunca me podrá decir sumisa, como se autodenominaban sus fanáticas legisladoras. 10 años después, yo sigo escribiendo en resistencia. Él, el doctor, ya no sigue en el poder.