Cecilia Rodríguez presentó “El Triángulo”, una historia de tres donde el conflicto no pasa por la ruptura de la monogamia o la heterosexualidad obligatoria.  Un relato para seguir cuestionando los lugares comunes que impone el sistema para vivir la sexualidad.

 

“Vos haceme todo eso que decís. Inmovilizame en la cama. Cogeme despacio durante horas. Ahorcame, pegame si querés. Quemame con cera de vela”, pide Malena, una de las protagonistas de este triángulo que escribió la rosarina Cecilia Rodríguez, y nunca se sabe si lo pide buscando el placer, el punto erógeno exacto o es una súplica para rasgar su cuerpo y escapar de su propia piel. No hay estructuras pre-fabricadas en los caminos que dibujan los tres protagonistas que conforman este ¿romance? No se sabe, nunca se sabe. Los límites se desdibujan, porque estos personajes, lejos del amor romántico, elijen recorrer las aristas de su propio deseo, a veces más dulcemente, otras con una violencia que estalla en el orgasmo.

¿Cómo describirías “El triángulo”?

Yo diría que se trata de un triángulo, si no amoroso, sexual. Un triángulo como se ve mucho en series, en películas, en distintos productos culturales; pero este tiene la particularidad de que el conflicto no está construido sobre la ruptura de la monogamia (en los triángulos amorosos tradicionales hay una pareja convencional y aparece un tercero que viene a disputar el amor de uno de los integrantes de esa dupla y así se construye más o menos la historia); pero este no es el caso, este es un triángulo que ya de entrada no hay problemas con romper la monogamia, ni la heterosexualidad. El triángulo genera otros conflictos que mueven a los personajes y construyen la historia.

 Con un trasfondo decididamente contemporáneo Malena-Martin-Manolo, son los nombres que conforman esta historia de seres vulgares, mediocres, que odian su trabajo; como antihéroes, se conforman solo con resistir el transcurso de los días. Son personajes demasiado reales que casi pareciera que podemos tocarlos, como cualquiera, pasaron por diferentes experiencias y cada uno de ellos hizo con esa experiencia cosas diferentes, hizo lo que pudo, lo que le salió. Lo particular yace en el paradigma que Cecilia decide pararse para contarlo. La novela está narrada desde el punto de vista de cada uno de los personajes, pero es la mirada de Malena la que se impone como una forma de ajusticiar todas esas narrativas que han invisibilizado las problemáticas de género. No es casualidad que sea Gabriela Cabezón Cámara quien escribe la contratapa del libro, porque es justamente una novela capaz de golpear al patriarcado hasta interpelar nuestras propias ideas.

¿Cómo fuiste construyendo esa mirada?

Es algo que fue surgiendo en el proceso mismo de la escritura y supongo que tiene que ver con destacar el rol y la mirada de Malena. También tendrá que ver con mi propia experiencia, pero sobre todo, fue algo que surgió. Generar personajes que tengan que ver con la actualidad y con el momento político actual, no solo en nuestro país, sino a nivel internacional. Aunque no es el eje de la novela, sino que es el trasfondo, el escenario, pero sentía la necesidad de ubicarlos en este tiempo y este espacio, porque es el tiempo y el espacio donde yo actuó. Me interesa mucho la coyuntura actual y actuar sobre ella, entonces fue inevitable ir hacia ahí, porque lo veía necesario para la historia o para el relato que se estaba armando de alguna manera.

También me pareció interesante que no fuera contada desde un lugar que se sienta ajena a las vidas que nosotros podemos tener actualmente. A mí me parecía que no podía construir una historia verosímil, sin eso, a mí no me salía, no me resultaba  convincente, atractiva, seductora, si no era gente que fuera tan común como todos y entonces se enfrentaran a la dificultad de plantearse como hacer para vivenciar la sexualidad de un modo  libre, en una sociedad donde hay que hacer un montón de cosas para sobrevivir. Las formas de vida que tenemos nos pone en el medio un montón de obstáculos y me parece interesante contarlo desde ahí para reflexionar sobre cómo construir una sexualidad diferente a la que se nos imponen. Cuando te corres de ese lugar tradicional,  esperado, de lo que se supone tienen que ser las relaciones amorosas y de pareja, también surgen un montón de dificultades, que tienen  que ver con la vida que tiene cada uno. Entonces me pareció interesante que fuera una historia que sea parecido al mundo en que vivimos o por lo menos el mundo que yo pienso que vivimos.

EL TRIANGULO 1 (1)

¿Cómo llegaste a la editorial “El Salmon”?

Yo ya la conocía a Rocío, una de las directoras de la editorial, hacia dos o tres años, no recuerdo bien, empecé a ir a uno de los talleres que ella da, al que iba yo se llama “Mala Fe”, tengo mis grandes amigas ahí. La novela empezó a surgir mientras yo iba al taller, entonces fue un poco como una novela por entregas y las compañeras del talle fueron las primeras lectoras. Rocío y Beto (el codirector de “El Salmón”) ya  tenían el plan de dedicarse al laburo editorial desde hacía un tiempo, y cuando lo pusieron en marcha, ya estaba más o menos terminada la novela y cerró todo.

“El triángulo”, ópera prima de Rodríguez,  tiene la particularidad de haberse lanzado en tres formatos: el convencional en tinta, pero también en audio (en la voz de su autora), y en braille. Rompiendo con la hegemonía de la tinta como único acceso posible a la lectura. Tres soportes que interpelan los lugares de poder de la literatura, como lo hace “El triángulo” con las formas de amor.

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