Las aplicaciones de levante surgen como el reducto ideal para varones gays que reafirman su masculinidad y rechazan a las mariconas orgullosas de su putez ¿Por qué los “ceros plumas” se ofertan como garantía del placer? 

 

Hace tiempo que veo en determinadas aplicaciones de levante que cada vez más se usan los “gustos” como filtros o categorías políticas.

Y en uno de esos perfiles leí: “menos reinas y más hombres no estaría mal”. Uno lo lee y es difícil de digerir, sobre todo en esta coyuntura social, económica y política. ¿Qué es lo que hace que un “cero plumas” pueda ofrecerse como garantía fálica al goce? ¿Qué violencia simbólica se esconde atrás de denostar a las reinas, divas y locas?

Por momento parece que sin darnos cuenta convertimos todo en categorías políticas y de ahí pasamos rápidamente a convertir esas categorías en posiciones éticas y morales. Una línea incomoda por la que todxs (lgbttiq+h) andamos a los tumbos. Como la espada de Damocles de nuestra marica facha interna, nos balanceamos entre “el gusto personal” y el ejercicio político de la segregación.

“Dejen de creerse reinas”. ¿Por qué? ¿A qué parte de tu tentada hombría en fuga le resulta peligroso que alguien se sienta con el orgullo de vivir su sexualidad en el plano de la realeza? Quizás el temor. Ves como seres indignos a quienes se sienten orgullosxs de sostener su presente y el pasado histórico de todxs nuestrxs madres locas que con su vida y lucha hacen que vos (con tus aires de macho digno) puedas ejercer tu sexualidad como te plazca. #AsíQueMejorTeCalmas

Los gustos, las preferencias, los morbos no son más que elecciones personales y subjetivísimamente construidas sobre un universo fluido de humanidades. Puede que en ese océano de posibilidades algo del orden de lo propio acontezca en el encuentro con otro. Pero puede que no. Y cuando eso no ocurre toooooodo el capital simbólico que suponemos tener se nos cae. No sabemos qué hacer con el otro cuando no entra en los márgenes reducidos con los que elegimos filtrarlo.

Solo se lo que me gusta de otrx cuando lx tengo enfrente y dice una o dos o tres cosas… o no dice nada pero algo de la mirada, el gesto, el trazo, el tacto, el pelo, la luz que iluminó justo cuando dijo que no votó a Macri (por ejemplo), o no te gustaba tanto hasta que lx viste cantando la marcha peronista en el monumento con los deditos en V mientas atrás se sacudían las banderas arcoíris en plena marchafiesta del orgullo.

Hace unos días “alguien” (sin mucho más entidad y otredad que esa) me decía “entiendo que cada uno prefiera cosas de otra persona en relación con lo físico, pero no tiene sentido meter en eso a la política (sic)”.

A ver, cuanta cantidad de cosas que hay que desandar en esa frase. Filtrar, preferir, exigirle a otrx, para que sea deseable, una determinada categoría física, es un ejercicio político sobre el cuerpo. Son siglos de perfeccionamiento de esa violencia a través del mercado. Y todxs sumamos a esa historieta, sobre todo cuando llega el verano.

Los que circulan o hayan circulados por las APP en cuestión sabrán que el discurso que opera es más bien imperativo. Hay enojo: “Busco chico gym si no lo sos pasá de largo”. Categorías absolutas que se ejercen en un universo que parece integrarse por varixs, pero en realidad solo tiene las líneas y formas de lo propio.

Lo político no es solo lo partidario. Esa observación no es ningún malabar conceptual muy atrevido. Cualquiera que se detenga a observar el mundo sabe que el ejercicio de la polis se da en un entramado de discursos que se mueven, se pisan y se ejercen mucho más allá de lo que las cabezas individuales y recortadas de cada unx de nosotrxs nos lo permitan suponer.

No sé si es lo mismo abandonarnos al ejercicio político de los cuerpos sin estar advertidos que eso también ejerce un modo de vivir en el encuentro con otrxs. Te pueden gustar las personas gordxs, flacxas, petisxs, osxs, grandes, milf, daddy etc, etc. Pero reducir la historia de un otrx a las categorías propias de segregación es un acto de violencia del que todxs formamos parte, a pesar de ejercitar todos los días otros modos de habitar la humanidad.

Ilustración: Franco Rasia

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