El patriarcado consagra a través de la moda y sus tendencias un sistema que reafirma lo binario del género. ¿Pero cómo es la experiencia trava expuesta a la búsqueda de indumentaria? Cuando los colores para el nene y la nena rebasan ampliamente los límites de nuestras cuerpas.  

 

Pensar la indumentaria de una forma binaria, definitiva, es algo que pasa constantemente. La identidad nos precede. Aun antes de  haber nacido tenemos un estigma ya consagrado por nuestra familia. La tendencia que te define perpetuamente está puesta en el color: rosa para la nena  y celeste para el nene.

La  genitalidad  nos condena a  no pretender elección  distinta, pero ¿cómo es un cuerpo trava puesto a la experiencia constante de encontrar indumentaria? La suposición siempre está acometida por un artículo “el trava o la trava”, no hay posibilidad ni siquiera en el lenguaje para una nueva experiencia  que no salga del patriarcado.

Lo  femenino o lo masculino son formas. Las confusiones de un  cuerpo redondeado por la travestidad que se vuelve híbrido en el imaginario social, confunde, perturba, da intranquilidad   y no permite ni siquiera la visibilización.

¿Cómo vas a pretender un  zapato talle 41, 42 o  43 en un mercado machista  que proyecta que las mujeres biológicas  calcen 35 toda su vida? Todo aquello que sale de ese parámetro es  condenado. Si tu talla es otra, sos patona, si tu cuerpo es grande,  no sos mina.

¿Cuáles son los  legados que hay que seguir para  transitar la indumentaria? ¿Quiénes son los  que lo escribieron? ¿Y porque les tendríamos  que hacer caso? Tendencia, moda, todo está viciado por el marketing.  Se socio-culturiza un estándar que no existe, un ridículo parámetro de formas mal logradas  que se convierte en eso que llaman moda.

La división  de los baños  nos devuelven a la vista las icónicas figurillas rígidas de un “hombre” y de una “mujer”. Entonces  pretenderán preguntarme ¿dónde va una travesti? o ¿cuál es la forma de desagotar  su necesidad? Por supuesto que yo contestaré:  sigan ustedes perteneciendo a esos lugares definitivos, ustedes pueden  ir a un determinado lugar a descargar sus desechos. Nosotrxs tenemos el mundo para descargar nuestra porquería, sentadas, paradas, de rodillas, con lluvias doradas atiborradas de placeres.

Elegir entre  dos caminos no es una elección  segura.

El aplauso maravillado del consumidor a un vestido puesto en la pasarelas de parís es por el solo hecho del contexto en el que se presenta. ¿También aplaudiremos desde nuestra geografía latina a ese mismo  vestido? ¿Aun cuando nos parezca una gran bazofia? ¿Es el parámetro que hay que seguir?

No hay  alta costura en latinoamérica  porque el recurso, la escuela, está en otro lugar Nosotrxs somos imitadxres de un arte que le pertenece a  otra cultura. ¿Le pertenece?

No espero que algo cambie, solamente pretendo un lugar y la oportunidad de otras posibilidades. No se preocupen, no me hace  falta definir mi cuerpo, ni mi vestuario, ni mis formas, soy lo que deseo constantemente, como  dice mi amiga Susy shock “ ni xxy , ni h2o”.

 

 

 

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