El Tribunal Oral en lo Criminal 4 condenó a prisión perpetua a Gabriel David Marino como coautor del delito de “homicidio agravado por odio de género y violencia de género” de la dirigente travesti Diana Sacayán, asesinada el 11 de octubre del 2015. En un fallo inédito, la justicia utilizó por primera vez la figura de “travesticidio” para juzgar el caso. La Tetera fue al rescate de una semblanza publicada con motivo de su muerte, cuando la desolación ganaba el corazón de la manada trava. 

 

Las travestis son como Mazingers con siliconas. Supehéroas de historietas ajadas y raídas por la intemperie tan majestuosa como asesina, que las ve parirse en el abominable paisaje de la ciudad gótica. Invencibles samuráis de taco aguja y truque, con modernos yorois escotados para la lucha.

Así se proyectaba una Kill Bill de Lafferrere, que también supo ser una pequeña niña diaguita amasando la arcilla de su cuerpo, y luego artesana de su historia. Chamana de la senda trava, cambió los espesos montes tucumanos por la selva matancera.

Lejos de anhelar a Pocahontas, y ungida por la Pacha, decidió parirse Diana: Diosa de la caza, guerrera de la furia travesti que estalló sobre el pomposo terreno de la moral y las buenas costumbres. Muxe de plata y cara cuadrada. Espíritu sabio que molió a golpes los despachos cuando fueron tiranos, y supo abrazarlos cuando fueron trincheras.

Última guardiana del carrilche, aquel mítico idioma encriptado de tradición oral que amamantó cual difunta Correa en las banquinas del sexódromo. ¿Qué pasa cuando la tribu pierde a la lenguaraz? ¿Quién toma el machete de la caída? ¿Qué grito de guerra limpiará ese dolor cuando las palabras del mundo no alcanzan para llorarla?

Las palabras no borran el dolor, pero ayudan a abrazar la ronda que protege el fuego donde habita esa lucha por aunar dos mundos: vida e identidad, se funden en las mismas brasas, y el desafío es preservar ese calor.

Por ahí andará su energía ancestral rodeando las asambleas, las vecinales, los ranchitos, los guisos, las  travas fajadas por la yuta, y los calabozos que apagan el vuelo de las pajaritas magentas. Y en cada niña trava norteña expulsada del amor tomando la ruta de las primeras cacicas que marcaron la huella del taco en los polvaderales.

Publicado en Cosecha Roja el 14 de octubre del 2015
Dibujo: Mariano Utín
Edición de imagen: Franco Rasia

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