A pocas horas de la votación histórica que definirá si el aborto en Argentina es legal o clandestino, un repaso por los discursos no binaries que ampliaron el debate por la Interrupción Voluntaria del Embarazo: personas con capacidad de gestar que aportaron información y saber popular en la ruta abortera. 

 

El 8A se juega la final del mundo para quienes luchamos hace años o hace meses por la legalización del aborto. Una final en la que ansiamos un resultado a favor, en la cual deseamos que el poroteo sume unx senadorx más a nuestra lista y podamos celebrar como nos lo merecemos. Perder no entra en nuestras cabezas y el empate lo pensamos como el peor escenario. ¿Por qué? Deja la definición en la vicepresidenta Gabriela Michetti. Si, la misma que ante la pregunta “¿No permitiría el aborto ni en casos de violación?” contestó: “No. Lo dije claramente siempre. Lo podés dar en adopción, ver qué te pasa en el embarazo, trabajar con psicólogo, no sé”. Como podemos ver, la vice desconoce totalmente el fallo FAL, el protocolo de interrupción legal del embarazo y el Código Penal argentino que desde 1921 despenaliza los abortos por causal violación.

Como somos memoriosxs, también nos acordamos sus dichos en plena campaña electoral sobre su voto en contra a la ley de matrimonio igualitario en 2010. En ese momento, la entonces diputada nacional, dijo: “No voté la ley de matrimonio igualitario porque me hacía ruido, pensé en los hijos que podían adoptar”. Por eso, cuando alguien pregunta, “¿Qué tienen que ver las lesbianas con el aborto?”, “¿Por qué una trava lleva pañuelo verde?” o “¿Por qué dicen que los varones también abortan?”, nosotrxs encontramos respuestas a esos interrogantes.

Más de ciento diez horas de exposiciones a favor y en contra del proyecto de ley en el Congreso, más una sesión histórica en la cámara de diputadxs, nos valieron la media sanción. Nos resulta importante destacar algunas de las intervenciones a favor, aquellas que pusieron el eje en lo LGBTTIQ+ de la cuestión.

Una de las primeras expositoras abiertamente lesbiana fue María Rachid, dirigente social del área de derechos humanos y del colectivo LGBT Argentina y secretaria general de la FALGBT, ella dijo: “Nosotras y nosotros también fuimos delito, y somos delito hasta con pena de muerte en muchos lugares del mundo. Somos delito, enfermedad y pecado. Los mismos sectores que se negaron a reconocer nuestras identidades son casualmente los mismos que quieren meter presas a las mujeres por abortar. Podría hasta señalarles todos los oradores y oradoras que se repiten. Son los mismos que mandaron a la cárcel a Galileo por decir que la tierra era redonda y que quemaron brujas por ser mujeres fuertes y que quemaron a científicos y filósofos a través de la santa inquisición.”

Durante estos meses, fuimos muchxs lxs que insistimos con hablar de personas con capacidad de gestar y nos enojábamos cuando escuchábamos hablar solo de mujeres. Hablamos de todas aquellas personas sean varones trans, lesbianas, bisexuales, no binaries, mujeres que pueden llegar a gestar y no decimos gestantes, gestantes es alguien que ya está gestando. El proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo es para todxs. Para quienes están gestando y quienes no. Es un derecho para lxs que vienen y por todxs lxs que no llegaron a vivir este debate histórico.

Diego Watkins, comenzó su exposición diciendo: “Soy un pibe trans, al momento de mi nacimiento se me asignó el género femenino por tener una vagina entre las piernas. Al comenzar mi adolescencia sentía, casi como una obligación, que a futuro debía tener una hije o dos o tres, porque para la sociedad era mujer y ser madre era el rol apropiado, aunque yo no lo deseara.”. Después, Diego, militante de Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina-ATTTA- contó que a los 17 años comenzó la construcción de su identidad de género como un chico trans y para la mirada propia, familiar y social, lo que antes era un destino biológico -ser madre-, ahora parecía quedar fuera de sus posibilidades vitales. Y afirmó: “Muy especialmente la posibilidad de gestar”. Y como si se estuviese revelando algo que estuvo siempre silenciado Diego dijo: “Los hombres trans podemos querer gestar, los hombres trans podemos necesitar abortar. Al igual que las mujeres cis, los pibes trans, también morimos por abortar en espacios clandestinos e inseguros. (…) Por eso, los pibes trans también estamos acá para pedirles que se sancione esta ley”.

Quizás, es probable, que quienes están del lado Michetti de la vida hayan tenido un colapso por las declaraciones citadas. Eso es lo que buscamos. Incomodarlxs, siempre.

El saber popular nace desde abajo

Hay un tejido subterráneo que construye conocimientos y saberes por fuera de las academias. El saber ancestral circula por lo bajo, se comparte con muchas ganas. Crece y se reproduce por las bocas y los oídos que lo narran.

Las tortas agrupadas en Lesbianas y  feministas por la descriminalización del aborto comenzaron en nuestro país a brindar información sobre el uso del misoprostol como medicamento abortivo hace una década. Un saber descubierto por las propias personas con capacidad de gestar. Un saber nuestro, propio, que derriba mitos e ideas sobre cómo abortamos en América Latina. Un conocimiento que garantiza acceso a abortos seguros incluso antes del protocolo de Interrupción Legal del Embarazo.

Una línea de teléfono, un grupo de lesbianas y mucho saber popular sacaron al aborto del armario para ponerlo en la agenda pública. Luli Sánchez, abogada y militante de Lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto, dijo: “Se aprovecha este debate social muy presente en la juventud para volver a instalar como figuras autorizadas a quienes ya estaban autorizados para hablar, se reinstalan las voces oficialistas que son las que tienen todo el espectro de medios para hablar, nos hablan todos los días y nos hablan durante el debate del aborto. Terminamos adorando a Lospennato o a Lipovetzky, nos hablan médicos, nos hablan juezas y abogadas consagradas, personas que tienen mucho conocimiento pero no son las únicas personas que tienen mucho conocimiento”. Luli continuó diciendo que esos sectores sociales no son “ni los únicos que producen conocimiento, que producen comunicación y, obviamente, no son los únicos sectores sociales que producen abortos y que producen abortos seguros”.

Para la militante de LyF, la selección que se hizo de quienes pudieron exponer en el Senado de la Nación fue más elitista que en la cámara de Diputadxs. En esta última, se filtraron exposiciones por fuera del guión clásico pero para Luli, “en el Senado se cerró aún más la posibilidad de plantear la legalización del aborto desde distintos lugares”. “El lesbianismo estuvo totalmente ausente como teoría política, fundamentalmente en el Senado, no hubo absolutamente nada lésbico, ni siquiera una persona lesbiana que hable de otra cosa, ni siquiera ese mínimo derecho a la participación en el debate, nunca hubiésemos dejado que hablen varones solo heterosexuales o cissexuales pero lo entiendo como una discriminación hacia las tortas”.

Luli hizo hincapié en la importancia de la producción lésbica de conocimiento alrededor de la legalización del aborto para ella ese conocimiento estuvo presente pero “pasteurizado”. “Se habló muchísimo de misoprostol, se habló de los abortos desmedicalizados, se hablaron de muchas cosas que en la última década la producimos desde LyF”.

Reconocer de dónde vienen algunas ideas que hoy son remera es reconocer el recorrido político y la construcción que hubo detrás de esas ideas. En un país donde se afirmaba que ninguna mujer aborta porque quiere, Verónica Manzano invitó a sacar el aborto del closet. Frase plasmada en remeras sin citar, sin reconocer esa construcción anterior. Las torta de LyF fueron también las que pintaron una bandera hace mucho tiempo que dice “Orgullo de abortar”. Sacándole al aborto todo el drama construido por el heteropatriarcado que quiso anular nuestro deseo de no ser madres y castigarnos por eso.

El misoprostol se instaló, nuestra provincia lo produce públicamente y los abortos seguros con pastillas son ambulatorios. Ese saber -popular, horizontal, desmedicalizador- se gestó de abajo hacia arriba, del pueblo a la academia.

Que Sea Ley

La manija recorre todo el cuerpo. Es lunes y se hizo eterno. La precarización laboral que nos atraviesa a todxs amenazó mi posibilidad de viajar a poner la cuerpa el 8. La sororidad le ganó a esa amenaza, todo se pospone una semana.

Hace unos años, aprendí de grandes compañerxs a militar el aborto desde el deseo y el orgullo. Me acuerdo que muchos años antes de esos años estaba a favor del aborto pero repetía hasta el cansancio esas frases hechas: “ninguna mujer aborta porque quiere” o “ninguna mujer quiere pasar por esto”.

Un día me encontré capacitándome junto a otrxs compas para atender la línea más hot del condado, la de Lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto y me enfrenté a mis prejuicios, mis miedos y mis tabúes. Fue colectivamente que aprendí a derrumbar uno a uno los mitos sobre el aborto, a visibilizar los abortos, los nuestros, los de lxs demás. Le perdí el miedo a la palabra, la hice mía. Materialicé la idea de “la información es poder” y supe que distribuirla, compartirla, viralizarla, defenderla, militarla era algo que teníamos que hacer en todos los lugares y espacios que habitábamos.

De la mano y las bocas de esas compas, supe que no era mujer, que quería ser políticamente lesbiana, leímos a Wittig, a Paul Preciado. Me apropié de esas ganas de no volver nunca más a los armarios, me empapé de orgullo, de deseo y de goce.

Hice un hermoso menjunje con esas palabras: aborto, orgullo, deseo, lesbianas, mujeres, bisexuales, armarios, misoprostol, autogestión. Supimos recolectar anécdotas, supimos discutir en los encuentros nacionales de mujeres, hablar de abortar en casa, de abortar con amigues, de abortar mirando una peli o de abortar escuchando Shakira. La camiseta que nos pusimos y llevamos puesta es la del deseo.

El deseo de ser quienes queramos ser, el deseo de elegir no maternar, el deseo de elegir con quién coger, el deseo de tomar nuestras propias decisiones. El deseo de compartir con otrxs lo que sabemos, colectivizar los conocimientos, distribuirlos por abajo, tejer redes y alianzas. El deseo de abrazar, el deseo de poder decir: aborté porque quise.

Por esto, por todxs lxs compañerxs que conocí y conozco gracias al feminismo. Por el manual que no te puede faltar en la biblioteca de tu casa o entre los archivos del celu. Por los abortos que compartimos y los que compartiremos. Por todxs nosotrxs, por todas las personas que tenemos capacidad de gestar, necesitamos superar el protocolo de interrupción legal del embarazo. Necesitamos no depender de lxs médicxs, de encuadrar en una causal.

Necesitamos #AbortoLegalYa porque nuestro deseo es profundo, es fuerte, nos moviliza y nos hace manada.

A todxs lxs compas de ruta abortera, amor eterno.

 

Diseño de portada: Franco Rasia

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