Después que el Jurásico Senado de la nación votara en su mayoría por el aborto clandestino, se conoció la muerte de otra mujer a causa de una práctica insegura. Dolor y bronca pero una advertencia: los pañuelos verdes seguirán visibles porque sabemos que  mas temprano que tarde, se va a caer. 

 

El jueves 9 me desperté sabiendo que estaba por encarar un día difícil: habíamos perdido. Hacía día que sabíamos que los números no daban pero la lucha no se abandona por especulación.

Habíamos perdido pero no saqué el pañuelo verde que está atado a mi mochila. El pañuelo me lo regaló una putiamiga al ver que el anterior que cargaba estaba destrozado de ir y venir. El pañuelo no se agota en un debate entre viejos vinagres, se sostiene porque representa la autonomía sobre nuestros cuerpos y nuestras decisiones, la posibilidad de elegir seguir nuestro deseo y no chocar con un Estado que lo estigmatiza.

Ese jueves, cuando me tomé el primer colectivo un hombre (pretends to be shocked) me empujo cuando pasé a su lado y escupió “además de asesino, torpe”. Se excusó diciendo que yo lo había empujado primero, cosa imposible de creer sabiendo los niveles de THC que llevaba en sangre para sobrellevar ese día (para sobrellevar todos los días). Violencia gratuita de un antiderecho que al verme con el pañuelo no dudó en hacerse el vivo.

Entre dormido lo bardié y fui hacía el fondo del colectivo. En ese corto trayecto encontré varias, que como yo, tampoco habían sacado el pañuelo de sus mochilas. Cargábamos nuestros trapos verdes como cuando pierde un equipo de futbol y los chongos salen con la camiseta y el pecho hinchado. La diferencia está en que nuestra pulseada si era importante. Mientras avanzaba crucé miradas con ellas, entre todas intercambiamos un mensaje silencioso repetido como un mantra: “se va a caer”.

Hoy me entero por las redes que murió Liz. El domingo ingresó a un hospital del conurbano a causa de un aborto que se practicó de forma insegura. Yo no puedo evitar pensar en el hombre que me empujó en el colectivo ¿con la misma saña estará festejando este femicidio social? ¿Se frotará la barriga y sonreirá creyendo ingenuamente que alguna vida se está salvando? ¿Cuántas muertes pueden ablandar ese corazón?

El pañuelo verde seguirá en mi mochila porque ante cada empujón en el bondi son 5 las miradas que me acompañan. Machirulos del mundo oíd: somos un montón y seguimos acá.

Deja un comentario