Celeste Castro es trans y orgullosa trabajadora sexual desde hace 18 años. En esta entrevista con La Tetera asegura que la prostitución le dio todo lo que tiene y que es necesario que el estado regule la actividad porque si no lo hacen las mafias. Y sobre el final abre el debate: si se discute una ley sobre trabajo sexual ¿Lxs abolicionistas estarán del lado de la iglesia?

 

Celeste Castro tiene 36 años y hace 18 que es trabajadora sexual. Es de Ulapes, un pueblito del sur de La Rioja y vino a Rosario en el 99’ para estudiar derecho. Desde los cinco años que se siente trans y poco a poco se fue despojando del miedo y de los prejuicios para finalmente asumirse en el 2003 como mujer trans. En ese momento el único medio que tenía para sobrevivir era el trabajo sexual. Antes había trabajado lavando copas en un bar para poder alquilarse las pelucas y salir a trabajar.

“Yo siempre fui muy puta, y lo hacía gratis. Y a veces me sentía ultrajada por hacerlo gratis. Para mí es un ultraje hacerlo gratis y no cobrar. Siento que es ahí cuando te sentís un objeto y te usan, no cuando cobrás. Los flacos después de acabar me cerraban la puerta en la cara y  no tenía ni para el taxi, entonces ahí dije: ‘Yo voy a empezar a cobrar, gratis nunca más’. Empecé a ver que la plata que  hacía en un día era lo mismo que ganaba en tres semanas en el bar. Era mucha la diferencia.”

En ese momento, Celeste era “la nuevita” y no tenía muchas amigas ni conocidas, salía de día como gay y de noche híper montada a prostituirse  para hacer el mango.

¿Cómo fueron tus primeros años como trabajadora sexual?

Cuando empecé no tenía dónde vivir. Como  les pasa a muchas, nadie te alquila y entonces no tenía a dónde parar. Averigüé con la dueña de un privado y me fui a vivir ahí. Esta mujer se comía el abuso, como la mayoría. Me explotaba sabiendo mi situación, que sabía que nadie me iba a alquilar, encima una travesti que recién empieza y que está con problemas por la expulsión de la familia, con los falsos amigos que te dejan de hablar, todo. Pero todo esto sucede porque no hay una regulación del trabajo sexual.

¿Y qué hiciste frente a esa situación?

En el privado me cobraban todo. El alquiler, el papel, los forros. Además del 50% de todos los clientes que hacía. En ese momento no dormía, no descansaba, porque esta mujer se enojaba cuando me iba a bailar y me decía: ‘te vino un cliente’. Pero eso sí, a pesar de haber pasado todo eso yo no estoy en contra del trabajo sexual, sino todo lo contrario. Considero que hay que regular, porque todo el problema de la explotación surge porque no está regulado por el Estado. Porque si no lo terminan regulando estas mafias que son dueños de varios puteros. Y yo era el eslabón más bajo. Seguí trabajando mucho para construir mi cuerpo, mi identidad. Yo me veía al espejo y no me veía a mí misma. Fue lo primero en lo que invertí el dinero. Porque en esa época no estaba la Ley de Identidad de género, todas las cirugías me las pagué yo, y esa fue la forma que tuve para irme de ese lugar.

¿A partir de ahí empezaste a trabajar de forma autónoma?

No. Cuando llegué a Rosario trabajé un tiempo en otro privado, pero también  empecé hacer la calle a la noche. Ahí me di cuenta que era yo la que ponía el cuerpo y lo empecé a cagar al dueño del privado. En ese momento el pete estaba 20 pesos y el completo 40, imaginate. Yo le decía que hacía un bucal pero hacía un completo. Hasta que me descubrió, me sacó y me echó a la calle. Un cliente vino a ayudarme y me llevó a mí y a todas mis cosas a la casa de una amiga. En el trabajo sexual lo que hice son amigos, más que personas que te toman por un objeto. Porque los clientes, muchos vienen por sexo es lógico, pero hay muchas cosas en el trasfondo, porque tampoco se mira la necesidad de la otra parte del contrato sexual, se desconoce. Los clientes muchas veces son solos y necesitan compañía. Me han invitado a pasar Navidad y Año Nuevo juntos. Yo tengo clientes del 2003 y todavía siguen viniendo.

¿Qué pensas de quienes se oponen a la prostitución con argumentos morales?

Creo que hay que sacarse de la mente el prohibicionismo y el abolicionismo porque el trabajo sexual siempre existió y siempre existirá. Es algo que nunca se va a sacar. Es como el aborto, los abortos se van a seguir haciendo y nadie te está obligando a abortar, pero debe ser amparado por un marco legal y no criminalizar a las chicas que deciden hacerse uno. No se logra nada con medidas represivas o punitivas, al contrario, eso lleva más a la clandestinidad y a la explotación. Está demostrado que prohibir nuestra actividad no sirve para nada. Creo que tienen una mirada hipócrita porque victimizan a las chicas que están trabajando y las ponen en un lugar peor. Si lo quieren hacer que lo hagan y punto, hay que darles las condiciones nada más.

¿Y lxs que te dicen que lo haces porque no tuviste otras oportunidades? ¿Qué les contestas?

A mí el trabajado sexual me empoderó, me dio el dinero para construir mi identidad, tener mis tetas, que no es barato. Y en un solo año, año 2007, junté todo el dinero para hacerme todo. Si me das la posibilidad de elegir otro trabajo ni en pedo lo cambio. Yo entiendo que haya otras chicas que les gustaría tener otro trabajo y por eso apoyo la ley de cupo laboral trans, obviamente. Pero el trabajo sexual me permitió incluirme en la sociedad, a la gente no le importa lo que una haga, te toman por cómo te sienten.

Muchas veces el estigma del consumo problemático y las ITS recaen sobre el trabajo sexual…

Algunas chicas travestis atacan al trabajo sexual y dicen que eso las hizo entrar en un consumo problemático y contrajeron enfermedades de transmisión sexual. Pero en realidad no es por culpa del trabajo sexual, sino es por culpa de ser una travesti y vivir en una sociedad que te discrimina. Yo pasé por eso, me sentía una basura, me sentía fea, excluida. Tenía la autoestima muy baja y por eso hacía cualquier cosa. Y más por tener ese paradigma, o por lo menos yo, de morir jóvenes, de saber que a los 32, 35 tenía que estar muerta, porque es la realidad de todas, por eso vivía el día a día. Hasta que un día me enfermé fuerte, me infecté de sífilis y de hepatitis B. Me sentía muy mal porque me sentía sola. Me largué a llorar con la doctora porque no le podía contar a nadie, porque en esa época había muchos prejuicios, se burlaban, te escrachaban, te dejaban de lado. Después hablé con un psicólogo y me aconsejó que lo compartiera con alguien y ahí fue cuando se lo conté a un amigo y me sentí más contenida, ya que no tenía a nadie, ni a mi familia.

¿Y qué pasó después de eso?

Pensaba voy a llegar a vieja y no tengo ni sábanas ni nada. Y a partir de ese momento yo dije voy a llegar a vieja, y empecé a trabajar y ahorrar para empezar a formarme. Entonces no es culpa del trabajo sexual que caigamos en consumos problemáticos o tengamos ITS, es culpa de una sociedad que te discrimina y un Estado ausente que no tiene políticas públicas a nivel integral, que atienda todas las demandas de las chicas trans, que son muchas, por ejemplo trabajo, vivienda, salud, educación.

¿Ser trabajadora sexual es algo que elegís para toda la vida?

Yo creo que cuando llegas un poquito más a grande quizás ya te dan ganas de hacer otra cosa. No es mi caso, pero a otras chicas capaz. Más que nada cuando trabajas en la calle, porque las condiciones  son peores, es más duro el trabajo sexual ahí, la policía te pide coimas, la gente que pasa en la calle te puede agredir, te pueden tirar cosas de los edificios. Eso pasa. A mí me pasó.

Estuviste en Alemania algunas veces y allá el trabajado sexual está regulado ¿Pensás que es posible avanzar hacia algo similar en Argentina?

En Alemania hay un sistema reglamentarista, que lo comparto en partes y en partes no. Hay edificios destinados al trabajo sexual, hay chicas trabajando de todo el mundo. De esta forma se soluciona un tema habitacional enorme. Por otro lado lo malo que tiene ese sistema es que obliga a las chicas a realizarse exámenes de salud. Ya todos sabemos que debemos usar preservativos, el cliente sabe que si toma un servicio debe utilizar un preservativo, y si no quiere, es su responsabilidad. En ese caso el Estado toma una forma paternalista que no corresponde. Entonces ¿qué pasa con las chicas que dan positivos al test? ¿Se quedan sin trabajar? ¿O pasan nuevamente a la clandestinidad? Por otra parte no se debería obligar a las chicas a registrarse como trabajadora sexual, la ley debería ser inclusiva y no restrictiva. Las chicas que se quieren registrar que lo hagan, pero las que no quieren, por cuestiones de privacidad, también deberían tener la posibilidad de no hacerlo.

¿Imaginas un gran debate nacional con este tema como ocurrió con el aborto o el matrimonio igualitario, por ejemplo?

Hay muchas feministas en contra del trabajo sexual, y yo pienso si en algún momento se llega a debatir en el Congreso una ley de trabajo sexual, ¿de qué lado estarán esas mujeres? ¿Acompañaran a las putas? ¿O estarán del lado conservador y moralista, junto con la Iglesia y los que pretenden ejercer control sobre nuestros cuerpos?

4 Comments

Deja un comentario