Polvos que se vuelven amigues, amigues que quieren probar. ¿Las maricas nos vinculamos solo a través del sexo? ¿Hasta donde pesa el mandato de tener que coger con todo lo que produzca sombra?  Una historia y mil preguntas solo el sexo, el amor romántico, la amistad y la eterna deconstrucción de los vínculos sexo-afectivos. 

 

Quería que seamos amigos pero me lo cogí. No me lo cogí, cogimos. No soy ningún violadorcito, acá quisimos los dos. Quisimos los dos, ese es el problema.

No ronca pero siento que a mis espaldas, al otro lado de esta cama grande, hay un pecho que sube y baja con ritmo pausado. No me cucharea, solo está ahí, y creo que así estamos bien, mejor que no pinte arrumacos porque ya sería todo muy raro. No es mi primera vez en esta situación solo que esta vuelta no la busqué ni la vi venir.

Yo había aceptado ir a cenar a su casa “así estamos más tranquilos y podemos fumar” me había dicho. Además sabía que tenía una Play, eso siempre sumar. Yo a él lo tenía en la friend-zone porque su pito no me generaba ni curiosidad. No sé qué magia hizo pero terminamos culeando hasta las 4 de la mañana.

“Las magias que hizo” es una forma bonita de decir que lo único que hizo fue tirarme la boca cuando yo gané una lucha en un videojuego de monstruos. Quise hacerme el vivo gozando mi victoria pero el muy atrevido se me fue a la boca y yo, más atrevido, bajé con mi mano habilidosa a sacarle el cinto.

Como les decía, no es mi primera vez en esta situación. Es difícil la amistad entre las maricas. No lo estoy planteando como un titular “¿Pueden ser amigos los hombres y las mujeres? Disertan Marina Calabró y Rolón”. Lo digo con conocimiento y análisis de causa: el problema es que fuimos criados como hombres y respondemos al mandato de tener que cogernos a todo lo que produzca sombra. Podría aburrirlos haciendo el listado de todos mis polvos con amigos o de todos los amigos que quisieron volverse garche. Yo sé que un polvito no arruina la amistad pero no estoy hablando de UN polvito sino de una conducta reiterada y sistemática que hemos aprendido: vincularnos a través del sexo.

Recuerdo a no-se-quien diciendo “cogé, que cogiendo se conoce gente” pero yo a veces necesito conocer a alguien para pasarla bien. Capaz por eso anoche la pasé bien.

El sol ya está calentando el ambiente, en cualquier momento se levanta. Espero que en cualquier momento se levante. Estoy ante la prueba de fuego: si se despierta cariñoso, voy a tener que frenarlo, si en cambio se pone incómodo yo me voy a poner incómodo también. ¿Tiene novio? ¿y si caé el novio? ¿Serán monógamos? No me acuerdo su estado civil y pretendo adivinar los acuerdos que tiene con una pareja que no sé si existe. Tengo que salir de acá. Si me sacudo un poco quizás lo saque de su pereza. No, mejor no, es muy obvio y yo ya estoy apuntando a los 30 como para seguir haciéndome el boludo. Tengo que despertarlo, pasar el momento que si o si va a ser una mierda y vestirnos rapidito para que baje a abrirme.

Roto sobe mi hombro y quedo frente a él. No tuve que despertarlo: tiene los ojos abiertos, me mira y sonríe.

Imágen de portada: Franco Rasia 

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