Trabajo sexual y regulación: la experiencia uruguaya

Desde el 2002, Uruguay regula el ejercicio del trabajo sexual a través de la ley 17.515. Sin embargo, lejos de ser una panacea, el colectivo puteril uruguayo plantea modificaciones a la legislación vigente a partir de la opinión de lxs trabajadorxs sexuales para que más personas puedan acogerse a los beneficios de la seguridad social.

“La ley fue pensada con una mirada noventosa. Está enfocada en las necesidades de los dueños de los locales y de los clientes. No tiene en cuenta las nuevas modalidades de trabajo ni la opinión de las que ejercemos el trabajo sexual” dice Karina Núñez (45) que, además de ser activista y fundadora de O.tra.s, se gana la vida en la ruta del interior profundo del Uruguay desde los 18 años.

Si bien el trabajo sexual en Uruguay fue reglamentado y reconocido como tal, está ley no se encuentra adecuada para estos nuevos tiempos donde el sexo se vende desde privados o a través de páginas web, no contemplando las condiciones laborales de dicha actividad ni desarrollando las políticas públicas necesarias para lograr una cercanía desde el Estado hacia las trabajadoras del sexo.

Según el Registro Nacional de Trabajo Sexual de un total de 12.358 personas que lo ejercen, solo 80 están aportando a la seguridad social. Esto se debe a que las trabajadoras no se afilian por falta de conocimiento para llevar a cabo los trámites necesarios para realizar los aportes jubilatorios y la lejanía entre el Estado, sus instituciones y las propias trabajadoras.

“En nuestro país, el trabajo sexual se rige por la ley N° 17.515, de 2002. Esta ley cuenta con un único decreto reglamentario (N° 480/003), que se limita a establecer las competencias de los ministerios de Salud Pública y del Interior” aclaró con firmeza Karina. En la actualidad, todas aquellas mujeres que ejercen el trabajo sexual deben contar con una libreta médica al día como uno de los requisitos excluyentes para poder registrarse como trabajadoras sexuales.

Además agregó: “Una de las cosas que va a cambiar con éste nuevo proyecto, es que ya no se va a pedir libreta de visita médica, sino un carné de salud extendido. Esto implica ubicar los requisitos sanitarios exigidos a las trabajadoras sexuales en la misma categoría que los requisitos que se exigen al resto de los trabajadores”.

Karina escribió el libro “El ser detrás de la vagina productiva”, donde pudo entrevistar a más de 300 trabajadoras sexuales para poder visibilizar la vida de sus compañeras en primera persona. Además forma parte de la tercera generación de su familia que ejerce el trabajo sexual, tiene seis hijos, y anteriormente trabajó en el área de servicios domésticos y también de zafrales en recolección de frutas, tubérculos y algodón, y dejó en claro “el trabajo sexual me brinda autonomía de elegir quien me oprime, en los otros trabajos era explotada y bastardeada. Acá puedo mirar a la cara y decir que no”.

EL TRABAJO SEXUAL CRUZANDO EL CHARCO

Los aportes jubilatorios hoy pueden hacerse bajo las figuras de empresa unipersonal o de monotributo. Esto permite que todas aquellas personas que ejercen el trabajo sexual lo puedan hacer de manera independiente, aunque en muchos casos el trabajo se ejerce en una modalidad de dependencia encubierta: “Si en un prostíbulo la persona te dice que tenés que trabajar de 19.00 a 7.00 de la mañana, ese es el horario que tenés que hacer. Si esa persona dice que no tenés días libres, tenés que trabajar de domingo a lunes”

Para Karina esta ley debe modificarse, primero para que se cree una categoría laboral particular para las personas en ejercicio de trabajo sexual, ya que actualmente se encuentran incluidas en la rama de industria y comercio. En segundo lugar, que el sistema de aporte sea decreciente y de manera escalonada por edades, es decir, a menor edad, mayor aporte y a mayor edad, menor aporte. Ya que las trabajadores sexuales a diferencia de cualquier otro trabajador, cuanto más grandes son, menos trabajo tienen. Permitiendo que para la jubilación se tengan en cuenta los primer diez años de aporte.

“Gracias a los plantones que hicimos frente a las intendencias, y a las denuncias a Instituciones de Derechos Humanos logramos que sacaran las zonas rojas en la mayoría de los departamentos, aunque aún quedan seis, pero las compañeras no trabajan en esas zonas, establecer esos espacios implica coaccionar nuestro derecho a la libre circulación”, señaló Karina.

Desde O.tra.s exigen que el Trabajo Sexual se reglamente desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, y no desde el Ministerio de Salud Pública, para que puedan generar los aportes jubilatorios y también facturar de manera unipersonal. Ya que cada trabajadora del sexo hoy cuenta con una ficha donde se adjunta su foto, y datos personales en el Ministerio del Interior, exponiendo a las trabajadoras como criminales.

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