¿Qué hacemos con los celos?

La crisis del amor romántico con la monogamia obligatoria nos llevó repensar las formas en que nos vinculamos sexoafectivamente. ¿Pero alcanza la deconstrucción de las relaciones para saber cómo actuar cuando aparecen los celos? Juli Fernández expone una terna de la vida cotidiana para identificarnos con las diferentes formas de reaccionar.

Llevo varios años sosteniendo vínculos no monógamos o no tradicionales y desde esta experiencia voy a escribir. No es que desprecie las teorías, nombrar lo que hacemos ayuda a ordenarnos pero siento que tienen un límite: la puesta en práctica. Habitar estos conceptos requiere mucho mayor ejercicio que comprenderlos. Destronar al amor romántico como la  forma mainstream de amar empieza por nuestra cultura pero, para efectivizarlo, tiene que ser llevado a nuestras acciones . Los celos atraviesan diversas relaciones, lo que quiero contar puede aplicar a distintos tipos de vínculos (sexuales, amorosos, amistades, noviazgos, familiares, blah) pero yo elijo hacer un recorte caprichoso y enfocarme sobre los celos en “la pareja”.

Las relaciones clásicas parecerían no necesitar explicitar en que normas se enmarcan. Las reglas se enseñan y se refuerzan a través de la cultura. Sabemos que las parejas deben ser de a dos personas que se prometen exclusividad y si no existe hay que fingirla. Sin crítia se acepta que el control y los celos se supongan como muestras de preocupación y cariño.

Pido perdón por extenderme en la introducción pero para dar lugar a la pregunta del título quiero que estemos con este piso de información. Puede parecer básico pero tengo intenciones de escribir simple e intentando comenzar desde cero para que todxs estemos pensando en el mismo idioma.

Cuando queremos sostener vínculos poliamorosos, abrir la pareja, practicar el amor libre o simplemente coger con gente que nos gusta sin mambear… ¿Qué hacemos con los celos? O aún una pregunta más interesante ¿Por qué sentimos celos? ¿Qué son? A veces los miedos se transforman en celos. A veces, y quizas como otra cara de la misma moneda, las inseguridades también se traducen como celos. Miedo a que nos dejen, miedo a que no nos quiera más, a no ser lo suficientemente bueno, a dejar de ser deseable. Todo esto se puede leer como subtexto ante el reclamo “¿Quién es estx y por que le pusiste un like en instagram?”.

Este sistema hetero-cis-clasista-capacitista-monogámico-capitalista (awaaamta) nos mantiene infelices e insatisfechos porque así somos funcionales ya que nos dicen que con esfuerzo y mas plata podriamos alcanzar lo que no tenemos. Es difícil sentirnos bien dentro de una estructura que establece modelos a seguir que son inalcanzables. Este malestar es un posible origen, a mi entender, de nuestras inseguridades, y en consecuencia, de los celos.

Hay personas que realmente no sienten celos pero yo no voy por ese  camino, al menos no como imposición. No nos obliguemos a no sentir, no forcemos ni tapemos eso que brota de forma horrenda porque eso también somos nosotrxs. Poder pensar distintas formas de querer no tiene que ver con un nuevo modelo a respetar sino con romper lo establecido y poder entender nuestras heridas porque suelen ponerse en primer plano cuando nos animamos a conocer al otrx.

Yo no puedo dejar de sentir celos pero intento elegir que hacer con ellos. Y pongo grandes comillas en “elegir” porque nuestras elecciones no son libres sino que seleccionamos dentro de un abanico de alternativas limitadas. Podemos decir que hay distintas formas de tramitar los celos más allá de la enseñada por las novelas de la tarde.

Propongo que hagamos un pequeño juego y pensemos escenarios donde se desarrollan algunas de estas opciones como generalidades. La consigna consiste en usar como base la frase “cuando tengos celos yo…” y completar con la acción que iniciamos para esta situación. Cada quien sabrá como termina su oración, yo voy a contar tres escenarios distintos con lo que me identifico o me identificaba.

  • Cuando tengo celos yo… me los trago y me pongo introspectivo hasta que se me pasan o me odio a mi mismo por sentirlos.

No comunicar que nos sentimos mal puede ser una bola de nieve: mis celos se han transformado en mal humor y quedo susceptible a pelear por cualquier pavada. Finalmente cuento que me pasa pero con un dramita mediante.

Hay quienes pueden distraerse a sí mismos y con poner música les alcanza para alejarse de esta incomodidad, tienen facilitada la evasión pero hay que cuidarnos de no quedar encerradxs en nuestras cabezas, más si tenemos propensión a suponer los peores escenarios ¿Qué relación estamos sosteniendo donde uno tiene que mambear en soledad? Atenti chiques, se puede querer sin sufrir.

  • Cuando tengo celos yo… me cojo a  alguien o me veo con otra persona.

Parecería una lógica ojo por ojo, no? La idea suele ser que el vínculo sea afectuoso y sostenerlo desde la venganza parecería que atenta contra esta intención. Obviamente bebe que no te voy a decir con quien coger, vos lo haces con quien quieras siempre que haya consentimiento, ni mucho menos voy a tirar moralidad sobre los motivos por los que estás cogiendo pero si buscamos que el/la/elle otrx tenga cuidado con nuestro corazón y sea responsable con sus acciones para no lastimarnos, coger por despecho no parecería el camino más adecuado.

  • Cuando tengo celos yo… se lo digo.

Esta es la opción que más me ha resultado pero se lo digo no para que el/la/elle otrx se haga cargo de mis quilombitos sino porque genera alivio poder comunicar las cosas que molestan. No todxs queremo de la misma forma y cuando no nos entendemos es necesaria una charla para volver a estar en la misma sintonía. Esto no significa que la otra persona cambie su accionar necesariamente porque si, por ejemplo, lo que dispararse mis celos fuese que él salga con sus amigos yo no quisiera que él entienda que tiene que dejar de verlos pero seguramente se pueda llegar a estrategias para que eso no lastime. Decir lo que sentimos muchas veces puede funcionar como un buen recordatorio “estoy acá, no me lastimes. Pensa en mi cuando haces cosas que me pueden afectar. Intentá que no me duela.”

Nada de lo que digo es norma ni ley. Mi objetivo es mostrar distintas alternativas, no hay una sola forma de estar con alguien o con varixs. Sería ridículo dictar máximas axiomáticas que vuelvan a frustrarnos cuando no las alcancemos, por eso insisto en compartir experiencias no adoctrinantes pero que nos permitan  adoptar nuevas herramientas que posibiliten vínculos que se acercan a lo que deseamos que sean y no lo que otrxs nos dijeron que tiene que ser.

Diseño de portada: Franco Rasia 

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