La Fabi Fernández presentó su primer libro: Los Mundos Posibles, bajo el sello de Turba Ediciones. Con prólogo de Susy Shock y contratapa de Gabriela Cabezón Cámara, la torta-escritora construye una distopía donde la justicia y el amor no son un privilegio heterosexual.

Escribir sobre el libro de Fabi se volvió, de pronto, en una de las tareas más difíciles que tanto mis amigxs de La Tetera como de Turba me encargaron porque fue emprender la búsqueda de las palabras exactas que pudieran condensar el vínculo amoroso que hemos sabido construir y traducir, así como la belleza de una literatura que no sólo no esquiva nuestra historia sino que viene a recordarnos la historia que también es nuestra y que, por eso mismo, se vuelve urgente la tarea de pensar otros mundos posibles.

De esta manera, con las imágenes palpables de una cotidianeidad que trascurre apacible, pero con los sobresaltos de las vidas que son vividas entre Gilda y Maria Callas, los cuentos de la Fabi Fernández son ella misma.

Así, desde una pluma profundamente política y marcada por una sensibilidad que acaricia el detalle, Fabi no esquiva los datos crudos que, escritos con una prosa amorosa, no nos dejan olvidar que seguimos festejando cada año que las travas, como La Mireya, festejan porque, contra todos los pronósticos, una vez más burlan las estadísticas y “llegan a los 40”.

Esta torta nos alcanza una serie de cuentos que amplían horizontes y construyen relatos que habilitan nuevas miradas y, por qué no, el descubrimiento de nuevos deseos, como los de Juan o Pedro Mena – como se lo conoce en ese escenario virtual de [¿primer?] acercamiento tecnológico que propone el mundo de aplicaciones de levante, habilitando configuraciones múltiples que traigan nuevos besos, fluidos y nudes – .

Presentación del libro en La Casa de las Locas

Mucha tinta corrió respecto a los estudios de memoria pero Fabi, valiéndose de su propia irreverencia, nos propone unos cuentos que recuperan una memoria tantas veces negada o ridiculizada y desde la cual se construyeron mitos que siguen perpetuando tanto imaginarios oxidados como la existencia de clósets donde continuar ocultando [nuestros] deseos de libertad.

De este modo, y recuperando las complejidades que entraman las vidas de los personajes que nuestra tortautora elige para este tránsito, se nos aparece una María Elena Walsh entregada a sus pasiones y que se repite: “ya no tengo más que la intimidad que nos ocurre”. Así, desde esas escenas vívidas de un aeropuerto de Lima, una fila de migraciones a la espera del sello que habilite la entrada a Uruguay y el ansiado encuentro en una playa de Aguas Dulces, la pregunta se posa sobre la construcción de otras intimidades posibles, signadas por los afectos, los enojos y los silencios que van [re]creando otras tramas vitales que se respiran entre aires de confidencias.

En los cuentos de Fabi, que son – como la portada nos anuncia – “cuentos del colectivo”, puedo escuchar voces, nuestras voces, las voces de nuestrxs amigxs, las voces de nuestra propia historia compartida que se entrama entre arias de ópera y los episodios sinfónicos de Cerati. Puedo también recrear escenas de las historias de amor y resistencia que vamos entretejiendo o, mejor dicho, que nos van entretejiendo y haciéndonos formar ese colectivo al que estos cuentos le pertenecen, estos cuentos que son nuestros, que nos cuentan nuestras realidades, nuestros amores y desamores y que tan necesario son.

Fotos: Gentileza Fer Quiróz 

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