Somos la alegría y el amor que nos negaron

Desde la segunda marcha «Basta de Travesticidios» en Rosario, Morena García retrata la vibración de la cuerpos travestis/trans en una convocatoria donde la resiliencia y el amor hermanado de la comunidad, trans forma los gritos del horror en esperanza genuina.

28 de junio de 2019. 50 años exactos de la revuelta de Stonewall y la segunda marcha que nos congregaba en la Plaza San Martín, otrora la Plaza Prohibida. 50 años exactos y la misma impunidad para con nuestro colectivo. Una tarde plomiza donde las travas, las trans y las demás siglas del colectivo iban arremolinándose alrededor del busto del general que prometía libertades y de frente a un monstruo que nos recuerda que las libertades nos han costado demasiada sangre.

Fui preguntando a casi todas mis hermanas para tener un paneo entre lo que la historia contaba y lo que vivimos actualmente. Y la palabra que ecualizaba los reclamos era ¡Cansancio! «Estoy cansada hermana» se repetía una y otra vez con distintas razones. Aun así, el estoicismo y la resiliencia de un colectivo que está acostumbrado a vivir de pie con «parches» en el corazón y la esperanza en el estómago, resoplaba sobre nuestra piel curtida.

Arrancó con un abrazo entre nosotras dándole la espalda a la ex Jefatura donde Marcia y Carolina nos recordaron que no había reparación que repare la adolescencia robada entre esas paredes y las paredes de tribunales o la 4°. Oneroso el precio de libertades y derechos que aún hoy no son  tangibles. Fotos y lágrimas, miradas que grabamos en la retina para reconocernos mañana. Es que la vida de las travas/trans es rauda. Arrancó la columna encabezada con la barredora que rezaba «Basta de travesticidios». La Michelle, la Fátima, la Xiomara, la Silvana,  la Jackie y la Miya marcaban el paso. Un paso lleno de orgullo y aplomo, producto de tanta militancia.

Se escuchaba un tambor de fondo que me apuraba las lágrimas. Mezcla de emociones de ver a la Choco y que nadie haya hecho nada, de ver a la Brenda y que nadie haya hecho nada, ver a la Ro ro y que nadie haya hecho nada. Y aun así, ahí estaban, con una sonrisa incompleta, con un fervor intacto.  Y la llovizna finita comenzó a caer pero era de esas lloviznas que son caricias. Como el resto de la red que nos contenía  (tortas, putos heteros, no binaries, etc.) nos acariciaban con mates y miradas de orgullo.  Cámaras, de las amigas y de las otras, que nos retratan por archivo, por amor, por si las dudas.

 Las putas desplegaban pegatinas que parecían desprenderse de la pared para increpar al vecino. Otres pedían por más cura y menos curas. Y ahí empezaba el hechizo cumbiero de la trava marchando. Ya estaba instalado… era una argamasa definida, Marchante, latente, que al pasar por las puertas del cielo que no nos contempla, gritaba al unísono y sin arengas, tan natural como nuestro derecho a ser: «Iglesia basura vos sos la dictadura» bis tras bis.

Fuimos desembocando en el parque del monumento como desemboca el Ludueña en el Paraná, la lectura del documento evidenciaba las carencias mortales a las que nos someten día a día: inserción laboral, políticas reales que excedan el ego de unos pocos y que perduren, y leyes de salud ante tanto flagelo producto de la desidia, falta de ESI y empatía.

 La conducción de Rubí en el escenario y el cumbiazo de la Beker le puso el toque justo para terminar de decir lo que no se dijo en el documento: Somos la alegría y el amor que nos negaron de chicas. Y aplaudí fuerte… por dejar de lado el ego travesti normado y que también nos consume. Pero no el 28 de junio de 2019… esa noche todo fue perfecto dentro de nuestro propio caos. Las travas por las travas. Y cuando las palmas dejaron de latirme de tanto aplauso me fui con la sensación de que mis hermanas lograban torcer un poco tanta injusticia. Tanto abandono por parte del Estado. ¡Me fui con una sonrisa de victoria en la cara!  Reportera: alguien, en vida desde la marcha.

Texto: Morena García 
Fotografías: Fernanda Quiróz 
Video: Nicolás Méndez
Edición: Martín Paoltroni 

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