Q’iwsa Queer: la identidad marica y precolombina

Jhon Amaray Callisaya recupera las identidades no heterosexuales en la cultura pre colombina como acto político de reivindicación e interpela a los movimientos TLGB tradicionales de Bolivia por su negativa a pensar la lucha de forma transversal a la cuestión indígena.

Por Movimiento Maricas Bolivia

Existimos dentro de un sistema de ordenamiento social con modelos, jerarquías y costumbres basados en el origen, la clase, el color de piel, el sexo, etc. Somos producto de un proceso de subjetivación individual y colectiva y es en este proceso que construimos nuestra sexualidad. 

Por esto la materialidad de nuestro cuerpo está inscrita en una serie de lógicas de funcionamiento que nos son anteriores, pero a la vez presentes, ajenas o propias. Estas lógicas de funcionamiento estandarizan y norman nuestro comportamiento, a la vez que lo clasifican en aceptable o reprochable, de esta manera enmarcan y moldean nuestros sueños, deseos, placeres y sentires.

Así funcionan las políticas identitarias, actúan como dispositivos de control de los deseos, la banalización de nuestros cuerpos, inducen a la normalización; hablan de la higienización para homogeneizar nuestras realidades. Plantean pretensiones hegemónicas sobre nuestras múltiples características desarraigándonos de la relación con el otro, el medio, la comunidad, el territorio que ocupamos. 

Las acciones políticas son guionizadas y no contemplan en ningún caso una relación con otros sectores de la sociedad, aislándonos en nuestra lucha y dándole una visión miope, alejada de la realidad.Reconocidos con una única identidad, cumplimos un rol de objeto exótico, adornamos el circo político y el espacio social, una estructura en apariencia vivificadora en la cual somos incluidos sólo si nos hacemos funcionales y subordinados. 

Nos convertimos en entes sin función teleológica, objetos vaciados de contenido, vaciados de memoria, donde debemos aspirar ser la persona civilizada y educada bajo los parámetros de las sociedades desarrolladas.Nuestros cuerpos [disidentes de cualquier norma] incomodan esa estructura, nuestras existencias y estéticas cuestionan esos constructos sociales. 

Somos un espacio de resistencia al disciplinamiento heterosexual y binario. Nos negamos a seguir sus normas que, paradójicamente, se direccionan en sentido contrario a su discurso porque conducen a reproducir la exclusión, los comportamientos misóginos, homofóbicos, machistas, clasistas y racistas.

Reconocer nuestra historia, nuestra cultura, el lugar donde vivimos, nuestra genealogía, nuestro origen, nuestro color y corporalidad nos posibilita cuestionar, analizar y replantear la forma en que construimos nuestra sexualidad. Una inclusión auténtica debe contemplar a la persona en su integridad, no debe existir posibilidad de inclusión parcial con el desconocimiento de las múltiples facetas del individuo.

Reconocerse maricón, q’iwsa, q’iwa, tevi, marimacha, trava es una propuesta para fragmentar las identidades TLGB y construir nuestra identidad desde nuestra propia existencia. Nuestro deseo y nuestra propia imagen dejarán de estar basados en el cuerpo blanco. Nuestras luchas serán más auténticas, legítimas y basadas en nuestras necesidades reales, reflejarán los problemas individuales y sociales comunes.

¿Qué significa para ti lo indígena, lo indio o lo aymara?

Para mí lo indígena es la [memoria de mis orígenes], emociones, sensaciones, recuerdos que tuve de niño con mi familia, con mis abuelos, que vinieron del área rural a la ciudad. Entonces, yo tengo esa parte de mi ser que me hace identificarme como indígena o descendiente de indígenas. ¿Cómo relaciono lo indígena con mi orientación sexual?, es porque se piensa que las sexualidades no heterosexuales son ajenas a las culturas precolombinas, [borrando la diversidad de sexualidades, hoy llamadas homosexuales, que existieron antes del descubrimiento y la conquista de América]. Lo que estamos haciendo con el activismo es visibilizar que la sexualidad, [en las culturas precolombinas], era tan diversa como lo es hoy, solo que en otro contexto histórico y sociocultural. Así lo demuestran muchas investigaciones, estudios y crónicas de los conquistadores españoles.

¿Dentro de esta lógica de la ascendencia indígena, tu segundo nombre es un anagrama de aymara, cómo surge eso en tu familia?

Yo no sabía el significado de mi segundo nombre, Amaray, y buscaba en internet o en el diccionario y tampoco encontraba referencias. Tuve la oportunidad de hablar con mi papá, mi mamá falleció, y le pregunté por el nombre y lo que me dijo es que cuando nací mi mamá quería ponerme un nombre originario [de nuestra cultura indígena] pero mi papá no quería. Supongo que era por esa experiencia de discriminación que él sufría en la ciudad, porque el también viene de padres aymaras, y lo que él ha hecho es ponerme Jhon en vez de Juan. Y para mi segundo nombre mi mamá opta por Amaray, que es un anagrama de aymara, a pesar de la discusión y la negativa de mi papá. Yo creo que era un regalo por parte de ella porque había cierta negación de esa historia [y de toda la ascendencia indígena] en mi familia, me siento muy feliz de recuperar esa memoria.

¿Cuál es la importancia de discutir o asumir lo indígena como parte de la lucha de las diversidades sexuales y de género en Bolivia?

Es importante transversalizar lo indígena con el activismo TLGB porque, de otro modo, se invisibiliza las realidades de las personas. La sigla TLGB es una sigla que homogeneiza y en el caso de lo gay [genera un estereotipo], el gay de clase media o alta, que va a la gimnasio, ha estudiado con facilidad [por su capital cultural], tiene dinero y tiempo del que puede disponer. Es importante mostrar la otra realidad, las personas que trabajamos todos los días y no tenemos tiempo de estar yendo a reuniones o actividades que sí funcionan en el círculo del activismo [TLGB] de clase media. Porque ellos no se preocupan de ganarse el pan de cada día, por la posición acomodada que tienen se permiten hacer ese activismo desde un lugar cómodo. En cambio otras personas buscamos las formas de luchar por la población TLGB y también persistir y sobrevivir en la vida. Entonces, si es importante transversalizar esos temas porque no solo ponen en discusión las identidades indígenas sino, también, privilegios y posiciones de clase social. 

¿Tú crees que a la agenda TLGB oficial de Bolivia está trabajando el tema indígena?

Hace un año y medio, aproximadamente, se está comenzando a trabajar, y eso es bueno porque nos encuentra y nos muestra la realidad [de homosexuales que tienen que lidiar con otras formas de violencia, entre ellas el racismo]. Pero la agenda TLGB solo se centra en la adquisición de derechos, el matrimonio igualitario y la adopción, se ha ganado una ley muy importante que es la Ley de Identidad de Género pero nos sigue faltando trabajo [en las estructuras patriarcales de la sociedad]. Pero hay otros temas que no están dentro de esa agenda, como lo indígena, entonces tenemos que trabajar para que estas temáticas se visibilicen.

¿Qué significa y representa Qiwsa Queer, el personaje que creas y recreas en tu activismo disidente?

El alter ego que recreo yo lo llamo Q’iwsa Queer, que combina dos mundos diferentes: Q’iwsa es una palabra que se usa para denominar a las personas homosexuales en el área andina de Bolivia, [especialmente en la cultura aymara], y Queer es una palabra que se usa para denominar a esa resistencia de cuerpos que hay frente a la binariedad, a la norma, a la clasificación [heterosexual y también homosexual]. Entonces, lo que hago es activar desde el performance para evidenciar la hipocresía social [respecto de la homofobia] y experimentar conmigo mismo y con la sociedad. No comparto esa idea de que una persona puede ser solamente masculino o femenino, [incluso dentro de la población TLGB], ya que dentro de nosotros existen diferentes formas de expresión de la sexualidad y diferentes sentires [que no tienen que ver con el género binario]. Yo experimento [esos sentires] en mi cuerpo, mi comportamiento, mi vestimenta [disidente], pero también me cuestiono las prácticas machistas, homofóbicas o transfóbicas que tengo para transformarlas y ser una persona libre.

¿Cómo ha recibido la propuesta de Qiwsa Queer el activismo TLGB oficial de la ciudad de El Alto y La Paz?

Una sugerencia que yo había hecho, en un congreso de jóvenes, era que la sigla TLGB agregue otra letra para que las personas, que no se identifican con ninguna de esas letras, puedan sentirse incluidas. He recibido una respuesta negativa de parte de los dirigentes porque ellos decían que el Colectivo solo era TLGB y no podrían incluir otra letra para Q’iwsas, Q’iwas, Queers, Pansexuales, Asexuales. No, porque la sigla solo era TLGB, creada así, y si yo quería que incluyan una nueva letra para alguna población de la diversidad sexual debía hacer otro grupo porque no era parte de ellos. Entonces, yo sentía una contradicción dentro de este activismo porque, por una parte, se llaman diversos, inclusivos, pero, por otra lado, niegan la existencia y la auto denominación de otras personas que no se identifican con lo TLGB pero si son parte de la diversidad sexual. Ahí surgió el primer quiebre con el activismo TLGB oficial porque no podía admitir esa contradicción y esa hipocresía. Si bien entre nosotros nos conocemos [y entendemos] como TLGB, hay otras experiencias y vivencias de la diversidad sexual que no se sujetan a esa sigla y no podemos negar su existencia.

¿A partir de esa ruptura con el activismo TLGB oficial, es posible realizar activismo independiente en la ciudad de El Alto y La Paz?

Hay muchas deficiencias, no existe una profundización política en la lucha, solamente es por derechos, por inclusión, por aceptación, pero no se lucha por cambiar la estructura patriarcal de la sociedad. Al luchar por derechos humanos nos empoderamos en los derechos que hemos adquirido o que se nos han negado, pero no cambiamos la realidad social, no cambiamos el clasismo, el racismo y la discriminación porque creemos haber ganado cuando la sociedad acepta la diversidad sexual. Tenemos que cuestionar todas esas formas de violencia y de exclusión que existe en la sociedad [y en el mismo ambiente TLGB]. Yo tengo como meta profundizar teóricamente en lo que estoy haciendo y adquirir nuevas herramientas discursivas para seguir trabajando mi activismo.

 Q’iwsa proviene de q’iwsuña, que quiere decir torcer, desviar o alterar la rectitud. Su entrada en el libro Vocabulario de la lengua aymara, Ludovico Bertonio (1612), hace referencia al “pecado nefando - q’iwsajucha”, la doctrina católica que sanciona la naturaleza hoy leída como no heterosexual, y que organiza y encausa los significados y usos lingüísticos del aymara. Del mismo modo, la entrada para q’iwsa en el Diccionario bilingüe castellano – aymara, Felix Laime Pairumani (2002), es  “afeminado, maricón, ni hombre ni mujer”; y acomoda el significado a patrones del DRAE. El fin es sancionar, estigmatizar y anular la conducta no masculina. El dato “ni hombre ni mujer” del diccionario de Laime es crucial para entender esa anulación; se aísla al q’iwsa del estricto género binario aymara “chacha – warmi”, hombre – mujer, y al no corresponder a ningún género, no existe. 

 

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