Contra un feminismo chetx

Una invitación a repensar las estrategias que algunos sectores feministas han naturalizado: recuperar las discusiones incómodas y negociar en espacios «poco amigables», poner el foco en el erotismo y la sexualidad clasista, y terminar con el punitivismo señalado como el encargado de resolver todas las violencias del patriarcado.

Por Mariana Palumbo

¿Qué mejor lugar para hablar en contra del feminismo chetx que la revista La Tetera? Las teteras han sido espacios de apertura corporal, de puesta en acto de deseos, sentires y de cruce entre varones de los más diversos universos tanto de clase, de edad, como de puntos geográficos. Me hago eco de este ser en el mundo “teteristico” y me propongo repensar, brevemente, al feminismo actual argentino urbano céntrico. 

¿Qué es el feminismo o mejor dicho que son los feminismos? Hay de los más variados colores y consignas. Pero algo que considero fortalecerá aún más al feminismo, más que nunca, es una militancia, interna y externa, contra lo chetx. Vayamos por partes, en primer lugar, caracterizo al feminismo chetx como un feminismo cómodo, donde la energía se pone exclusivamente en una estética feminista que milita principalmente por redes sociales y en escasas oportunidades en el ámbito público offline. Por supuesto que celebro estos actos y entiendo que toda estética es política, pero soy cautelosa ante la comodidad de la acción dado que el enemigo es inmenso y, aunque a veces callado y otras veces despierto, sigue creciendo.

Unas de las herramientas ayudarían a contrarrestarlo es poner nuestras mentes y nuestras cuerpas en discusiones incómodas, (re)PENSAR en colectivo, hacer política y negociar en espacios amigables pero también ríspidos. Más que rompernos las vestiduras porque el novio de una amiga es machista, invito a una militancia organizada y activa contra el machismo, entendida como categoría estructural, y que dejemos muchas de nuestras proyecciones subjetivas para el espacio terapéuticos. 

En segundo lugar, dándole carne a la metáfora de “poner el cuerpo”, una manera de ir contra un feminismo chetx es poner el foco en el erotismo y la sexualidad clasista. Creo que no hay nada más heterosexual, más allá de la práctica sexual en sí misma, que la endogamia, coger con les iguales. Necesitamos forjarnos como sujetes feministas que cuestionen el clasismo, en la retórica y en la cama. Desde allí también se abren nuestras corporalidades a una infinidad de nuevas experiencias, para ello qué mejor que rememorar, aunque sea fantasmagóricamente, a las nostálgicas teteras.

En tercer lugar, quiero hacer una crítica al feminismo punitivista, tan en boga en nuestros días. El punitivismo es una herramienta de lucha contra la violencia machista que se ha impuesto, y que las feministas anti punitivistas también dejamos de alguna manera que se preconice, que se basa en la idea de que el Estado (y todas las instituciones), en su faceta carcelaria y clasista, es el encargado de resolver todas y cada una de las situaciones de violencia que experimentamos quienes no nos adecuamos a la masculinidad hegemónica.

Dejemos de lado en esta reflexión que les propongo a las violencias más cruentas y aboquémonos a las más cotidianas, las simbólicas, ¿dónde queda nuestra agencia? ¿Necesitamos que un pater Estado, patriarcal y liberal, nos proteja, o lo que nos fortalecería, como sujetxs políticxs, es que nuestro activismo pregone por un Estado que habilite condiciones de posibilidad para poder responder sin tantos riesgos –de todo tipo–, de manera colectiva y personal, ante aquello(s) que nos violenta? ¿Es realmente un logro feminista que se penalice y se coloque dentro de una ley al piropo callejero?

De nuevo, me parece necesario pensar dónde ponemos la energía activista y profundizar una militancia, como históricamente los feminismos populares y con conciencia de han venido haciendo, que cruce la dimensión sexo genérica con la de clase social. Es en esa fuerte sinergia que necesitamos batallar por políticas y leyes contra la violencia de género, la persistencia de la brecha salarial, el techo de cemento, la feminización de la pobreza y las juventudes, a favor del aborto. La comodidad y la irreflexión resisten la lucha contra el neoliberalismo y a favor del aborto.

Por último, espero que este repensar del feminismo que propongo recupere una mirada crítica interna contra el avance del feminismo TERF en América Latina. La comodidad de etiquetas estancas y de esencialismos donde lo girly, cis mujer, pareciera ser el ser supremo feminista, sólo promueven un feminismo anti trans y binario. Un feminismo que repiensa al feminismo es crítico del contexto pero también de sí mismo. Mirarnos, leernos, sentirnos, movernos y criticarnos son algunos de los motores feministas para profundizar a una sociedad como así también a un feminismo más justo y emancipatorio.      

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