Jiwasa: nosotras, nosotres, nosotros

El 12 de octubre en clave disidente: el Movimiento Maricas Bolivia y un manifiesto para poner en tensión a las clásicas lecturas sobre el Día del Respeto a la Diversidad Cultural y la destrucción de la cosmovisión que pregonaban los pueblos antes de la llegada de los españoles.

Por Edgard Soliz Guzmán

Todos los nombres que arrastramos no alcanzan para precisar el franeleo de vulvas o la felación de penes que perecían en anos floridos de tanto acariciarlos para sembrar eróticas que miraban nuestros cuerpos en la desnudes de sus gestos y en el temor de sus profundidades siempre misteriosas ante los ojos de aquellas violencias que intentaban someterlas como acontecimiento restrictivo de un parpadeo en un cataclismo o en silencio como el estruendo lluvioso y no es un problema de la arbitrariedad del lenguaje y su signo sino de la forma como se hegemonizan prácticas discursivas desde la mirada del sujeto que pone el ojo desde arriba y amenaza con la vara del dios de los católicos y su palabra performativa el verbo hacedor de realidades que crea y recrea inhumanidad en el imaginario de los pueblos sin alma sin nombre sin lengua sin sexo sin nada incluso sin la posibilidad de su existencia condicionada a desaparecer porque la norma bendijo su barbaridad al percatarse de la desmesura de esos cuerpos con pelos uñas y fluidos que brotaban como queriendo desatarse ante la tierra como hacia el sol y la luna en la coca como en la piedra y la papa donde no había oro que valiese una vida porque la vida era un accidente en sincronía con los mundos de arriba y de abajo donde morir era la continuidad misma de un suspiro cuya ánima extraviada y obligada a callarse no tuvo otro remedio que bajar la cabeza como signo de rebeldía para resistir en el tiempo la arremetida de esos seres que en calidad de dioses colonos detentores de la palabra la civilización y el padre tomaron nuestros cuerpos para someterlos al escrutinio de sus nombres y pesaron nuestros testículos para descubrir el interior de las vaginas tratando de explicarse por qué nuestras pieles se extendían al sol con la parsimonia de quien convive entre cauces de ríos y ciclos agrícolas y nos nombraron sodomitas aventurando el fuego inquisitorio para destrozar nuestras carnes mutilar gemidos cubrir nuestras pieles y censurar el cruce de vulvas como la clausura del ano y nombrar como todo lo que encontraron a su paso la lengua oficial para obligarnos a rezar a su padre y a su hijo con la devoción de quien le debe la vida misma para salvarnos de las atrocidades de este mundo que no existía ante sus ojos y que fue nombrado para nosotras según su inmensa bondad católica mientras nos volvían a nombrar con el agua de sus dios una y cien veces más hasta que la herida se hizo cicatriz como costra sangrante que no para de recordarnos el nombre

¿Alguien puede decirnos si su nombre le es propio?

Performance fotográfico: “Sonqollay / Corazón”
Colaboración: Rogelio R. Lucana Cueva (Alicio Harriet)
Movimiento Maricas Bolivia 

 

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