Santiago Artemis, no somos tu chiste

El colectivo travesti- trans repudió al diseñador de moda por burlarse de las travas de once en el reality que protagoniza en Netflix. “Lo que Santiago y Netflix deberían saber es que más de setenta travestis/trans fueron asesinadas en este año, y nadie tiro confetti sobre sus ataúdes”, dice la escritora y poeta Morena García.

Por Morena García

Con la frase «Yo soy el primero en taconear y vestirme con cosas de mujeres» el fashionista e influencer Santiago Artemis ensayó su defensa frente al repudio de la colectiva travesti de Argentina a partir de una expresión, dicha como al pasar, en el reality emitido por Netflix: “Me llego a caer en tacos y soy un trava boludo, un trava de Once

«Yo no creo en los géneros» añade sin vacilación,  pensando que su supuesta transgresión tendrá como recompensa catapultarlo fuera de la instantaneidad y lo efímero de esta vorágine mediática. Las repercusiones fueron inmediatas y surgen las preguntas de rigor que los medios replican como una guerra vedettera de verano. Ahora me preguntó ¿quién es Artemis?

Luego de ver un par de notas donde la meritocracia y la sorna le otorgan el lugar de intocable por haber llegado a la fama, puedo decir que Santiago es un hijo sano del patriarcado y que sus declaraciones, cambiando el sujeto, pueden usarse para discriminar y violentar otras identidades anteponiendo el éxito como condición sin equanon para ser o desvirtuar al otre. Es incalculable el daño que provoca la proyección masiva de un speech transfóbico desde una plataforma como Netflix.

¿Porque el discurso de este pseudo agénero es nocivo y mortal para el colectivo travesti /trans? ¿Porque alguien que se «hizo» desde abajo tendría tamaña diferencia con las que seguimos siendo excluidas? ¿Error o programación de antemano? Artemis es el nuevo chiche de una sociedad que permite (como si necesitáramos el permiso) la inclusión, cuando la burla al otre es la carta de presentación.

La expresión de la individualidad no es una referencia colectiva, menos aún cuando le ponés etiqueta de colectivo a una construcción clasista y elitista que se rige bajo los parámetros de la industria de la moda. La maricofachocracia ha hecho nido como refugio de aquellos que parecen en su mayoría pedirle perdón a esta sociedad prometiendo pagar con «talento servil» y bufonadas que permitan al consumidor pasar el trago de tanta mariconada.

Mariconada que resistieron gracias a toda la educación que les brindó la TV durante años y que masificó el discurso machista que antes era oral y tradicional. No seas maricón, no te pongas eso que es de nena. No es de extrañar entonces que cualquier persona que logre, a través de su talento cruzar la línea de la marginalidad, sea tentado a pertenecer, sea conminado a amoldarse para diferenciarse del otre en respuesta a una clara identificación que le exige una sociedad consumista que lo que no entiende lo rechaza o lo ataca.

En este caso, Santiago es el new toy de ese mercado que tiene un nicho para todo. Incluso para él. El no lo sabe, pero para la sociedad es un mariconcito loco, un putito que viste a las señoras de los Raúles que lo consideran el nuevo Miguel Ángel de cabotaje. Lo que Santiago tampoco sabe es que su frase avala la violencia sistemática que mata a travestis/trans y que pertenece a una maquinaria que, a través de una sumatoria discursiva machista, pondrá el guiño para que cualquier otro hijo sano del machismo salga pensando que nosotras somos esos monstruos a medio cocinar que hay que erradicar.

Artemis no imagina el daño colectivo que provoca al burlarse de los géneros que están en continua lucha para garantizar derechos. Artemis es una porción de una torta marica que cree que si sos travesti tenés que parecer una diosa griega y si no, sos UN TRAVA BOLUDO, UN TRAVA DE ONCE.

Lo que Santiago y Netflix deberían saber es que más de setenta travestis/trans fueron asesinadas en este año, y nadie tiro confetti sobre sus ataúdes. Lo que Netflix y Santiago deberían saber es que estamos frente a un genocidio travesti trans y que si fuese cualquier otro colectivo la gran Suciedad se rasgaría las vestiduras, porque todos se hacen eco posteando y pidiendo un minuto de silencio por cualquier genocidio excepto por el nuestro.

Porque de última «no era para tanto, solo era un chiste che». Netflix y Santiago deberían saber que no somos SU chiste, que estamos en lucha desde que nacemos, que nuestro cuerpo es nuestra trinchera. Santiago y Netflix deberían saber que la pasarela que transitan está hecha con los cuerpos de nosotras, las que le hicimos de piso para su payasada condescendiente con el amo que pronto encontrará otra mascota más «transgresora» pero con el mismo discurso premoldeado de diferenciación. ¡Santiago y Netflix deberían saber que a pesar de pasar contenido lgbtiq+friendly lo fashionista, influencer y mariquita trendy no quita lo facho!

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