Caro Unrein y un grito incómodo: ¡Háganse cargo!

El nuevo libro de la escritora, actriz y modelo pone de manifiesto la fatalidad de ser joven y trans en un mundo gobernado por la heterosexualidad obligatoria. En esta entrevista con La Tetera, habla también de la necesidad de terminar con la violencia interna que circula entre travestis y maricas.

Por Jose Malé Franch – @jmalefranch

Carolina Unrein tiene 20 años. Es trans, es modelo, es actriz, es escritora. Pero por sobretodo es una de las voces más importantes de las nuevas generaciones de pibas trans. Caro acaba de sacar su segundo libro “Fatal”, publicado por Editorial Planeta, donde habla de su vaginoplastia y toda la fatalidad que fue y que es ser trans en un mundo heterosexual obligatorio. 

La lucidez y la profundidad de Carolina maravillan. Es parte fundamental de nuestro colectivo -si es que algo así existe- y produce cierta  emoción que las nuevas generaciones empiecen a tener este tipo de referencias. Esta pibita cuenta de forma desgarradora – como muy pocas han podido hacerlo –  todo el horror que vivimos les LGBTTI+ desde el primer día que pisamos este mundo por salirnos de los mandatos heteronormales. Hay un grito de guerra que Carolina no para de repetir y es “¡háganse cargo!”. Háganse cargo de este mundo horrendo que nos dejaron a les lgbtti+, porque esta decadencia de humanidad no fue hecha por nosotres.

Fatal, el nuevo libro de Carolina Unrein.

Hace algunos meses, Caro fue agredida por un grupo de  travestis/trans más grandes, basadas en una entrevista que dio a la revista de moda L’Officiele. Las travas más grandes la atacaron espetándole que es hegemónica, que no sufrió, y que no es representativa de la realidad del colectivo travesti trans.

El “escrache virtual” -y penoso- que le hicieron, puso de manifiesto algo que pasa habitualmente entre las maricas y que claramente también se repite entre las travas: las generaciones anteriores odian a les jóvenes. 

-¿Sentís que por parte de ciertas generaciones del colectivo hay un rechazo a la juventud?

Sí, me parece que pasan varias cosas, la primera es esa. Yo siento como generación más joven, que hay que pagar cierto derecho de piso para ser parte de la comunidad. Para que no te traten mal, tenés que demostrar que vos la pasaste tan mal como el resto. Porque asumen que por ser joven no la pasaste tan mal como ellxs.

Por otro lado me parece que pasa esto como dijo Marlene Wayar, que cuando un colectivo es tan violentado, termina reproduciendo los mismos mecanismos de violencia adentro de su comunidad. Ella cuenta que cuando vivía en Palermo se tomaba el trabajo de abrazar a las que venían a la capital desde el interior del país y después se enteraba de cómo las travas más viejas les robaban la cartera, o les rompían una costilla, o las codeaban y bueno el otro día me pasó a mí. De otra forma, de forma virtual y con un casi escrache, con mucha saña e ignorancia.

Creo que ahí se da algo de cierto recelo, que yo nombro en una nota que escribí para Cosecha Roja, en la que le digo al mundo que se haga cargo de todas las violencias que existen hacia nosotras. Una de las cosas por las que pido que se hagan cargo es: que se hagan cargo de que las travas más viejas nos tengan tanto recelo a las más jóvenes.

Nosotras somos la primera generación de travas/trans que estamos creciendo con una Ley de Identidad de Género y pudiendo formar su identidad en un mundo completamente distinto al que ellas tuvieron para crecer, transicionar y vivir. 

Yo no quiero decir que nos tienen envidia, pero algo de ese recelo hay. En el punto en el que mis padres tengan un montón de información, que sus padres no tuvieron y gracias a ello me puedan abrazar y no echarme de casa. En que yo pude crecer en un mundo donde existía esta ley y pude terminar la secundaria, pude elegir mi nombre,  pude elegir lo que podía hacer sobre mi cuerpo y son todas suertes que ellas no tuvieron. Entonces con todos esos factores sumados, se da esta desconexión y falta de comunicación entre generaciones.

-¿Cómo es esto que afirmas que: no existe el colectivo LGBTTI+?

Es algo que vengo pensando hace un montón. Es en base a experencias como estas que me pasaron, que me doy cuenta que no existe una sororidad, ni tampoco se aspira a una, como sí pasa en el movimiento feminista. Esto de bancarse entre mujeres y femeneidades. Y me parece que en el colectivo LGBTTI y sobre todo en el trans, es algo de lo que no se está hablando y es que existe un montón de este recelo, de envidia y es en parte justamente porque el colectivo trans que vino llevando la bandera hasta este momento, es un colectivo muy violentado y ahora que está tan presente lo trans/trava en la discusión pública, están todas codeándose para ser LA figura trans, LA referencia de lo trans. Creo que por eso molestó tanto que yo lo sea, porque soy blanca, hegemónica, flaca y no soy representativa de las experiencias de gran parte del colectivo, cosa con lo que estoy de acuerdo. Pero también creo que ninguna experiencia es universal ni representativa.

Creo que es hora de tejer redes entre nosotras, bancarnos mucho más, dejar de ser tan hipócritas y llevar ese discurso del amor hacia adentro del colectivo y dejar de exigir tanto sólo para afuera. O sí, exigirlo pero al mismo tiempo que exigimos adentro.

Las nuevas generaciones tenemos que tener muy en cuenta esto de tejer, crear redes entre nosotras y no reproducir esas violencias y mecanismos tan chotos en el futuro.

-¿Cuando las agresiones o cuestionamientos vienen del propio colectivo, duelen más?

Totalmente. De hecho la razón por la que me puse tan mal, fue que vino de gente que yo conocía, que admiraba su trabajo, su fuerza, todo lo que habían hecho. Hay un meme que tengo en la cabeza que es: cuando entrás al colectivo LGBTTI pensás que #amorEsAmor y que somos todas re hermanas y no se qué. Después de 10 años te das cuenta que somos un colectivo super violentado, con muchas cosas de mierda, manejos de mierda, repleto de hipocresía. 

Es esto, fue choto porque también me pasó por primera vez el darme cuenta de que las hermanas trans no existen. Que una persona, por el sólo hecho de ser trans no es mi hermana. Y eso, fue feísimo, salirme de esa utopía que estaba viviendo. La realidad es que no, a mis hermanas trans las tengo contadas y nombradas. Y las otras, lamentablemente no son mis hermanas porque ellas jamás me harían esto. 

Una hermana trataría de comprender, abrazar, contener, leer la entrevista completa y me hablaría si en todo caso pensase que estuvo mal lo que dije. Pero no hicieron eso, directamente salieron a escracharme… y es horrible porque del paki uno se lo espera. Del paki uno no espera nada.

– Me parece una locura cuando leía las críticas que te hacían las referentes travas más grandes, porque lo que te criticaban era TODO por lo que ellas mismas y todo el colectivo lgbtti venimos luchando por décadas: que tus padres te abracen, que pudiste elegir tu nombre, tu carrera, tu laburo, etc.

Sí, estoy de acuerdo, me parece que fue una choteada gigante. En vez de ponerse contentas porque hay voces nuevas y jóvenes en estos grandes medios hegemónicos que llegan a un montón de gente, siendo fruto de esa lucha que ellos me criticaban por no tener, que no sé como la iba a tener porque tenía sólo 19 años. En vez de celebrarlo, fue una crítica. No tiene sentido. Perdón que nací en 1999, lo lamento, no lo elegí. 

Por la frase que se enojaron es una frase de la entrevista que me hizo la revista L’Oficiell (revista de moda donde salió la entrevista por la que se generó el cruce intergeneracional), que la sacaron de contexto. Lo que yo dije fue que soy la generación que quería Lohana Berkins. No que represento a una nueva generación y que ahora está todo bien con todas las personas trans. Lo que decía Lohana era que ella quería generaciones de travas que pudieran ejercer sobre su cuerpo, que no mendigasen amor en clandestinidad y yo soy ese fruto.

– ¿Te pasó de hablar con pibas de tu edad después de esto para saber si también les pasó este choque con las generaciones anteriores?

Si, me hablaron un montón de pibas. Muchas bancándome y contándome que ellas también han vivido situaciones así con personas de generaciones más viejas. Me pasó de una piba de 20 años que me decía que viene militando hace un montón y ella sintió que para que le den bola tuvo que hacer un montón de cosas, repetir su CV en todos lados, todas las cosas que hizo. Y así y todo la siguen tratando mal porque dicen que ella es joven y hegemónica y no se le nota lo trans y tiene todos esos privilegios, entonces la siguen rebajando en los espacios de militancia lgbtti.

-¿Cómo consideras que podríamos llegar a laburar adentro de nuestro colectivo con estas generaciones anteriores?, ¿pensás que es una necesidad hacer esto o no?

Me da mucho miedo el pensar que está todo perdido con las otras generaciones y que no haya nada que se pueda dialogar, cambiar o revisar. Y creo que por eso también elegí decir lo que dije. Hay que conversar, me parecería re choto que se de que se haga una grieta todavía más grande entre las nuevas generaciones y las anteriores. 

Si bien no existe el colectivo lgbtti, ni el trans, ni somos hermanes, porque si bien esa es una idea muy utópica, como dice Galeano, la utopía sirve para caminar y tenemos que tratar de acercarnos lo más que podamos a la idea del colectivo, bancarnos entre nosotres y tejer. 

Elijo confiar, quiero ser positiva en ese sentido y no perder las esperanzas de que al menos están abiertas al diálogo, a escucharnos y a revisarse. Nosotras también tenemos nuestros errores y espero que nosotras también estemos atentas a escuchar y ver qué podemos hacer.

– Una de las críticas que leía hacia vos es que tenés un cuerpo hegemónico, pero vos sos así. Y también contaba que rechazaste propuestas de agencias de modelos porque te pedían ciertas formas de vivir que no te interesaban, ¿cómo te parece que se pueden conciliar esas posiciones?

Convengamos que a mí desde el día 1, la idea de ser modelo me hace ruido. No es algo que busqué sino que me llegaron propuestas de tres agencias distintas en tres momentos distintos. Una de ellas me pedía bajar de peso, entrenar, manejar todas mis redes sociales, manejar con quienes me veían en público, manejar con quien salía, tratar de conseguirme un novio. Pensar con quién me podían juntar, a qué fiesta me podían meter.

Esto te lo dicen explícitamente, nombraban personas con quienes yo tendría que salir para crear una imagen. Una de ellas fue “te re veo saliendo con el hijo de Marcelo Tinelli”, muy fuerte. 

Y ahí yo dije, no. La verdad ser modelo me hace ruido y ahora me piden vender mi identidad. Con todo lo que eso implica porque yo mi identidad la tuve que construir. Y nada lo vale. Ni la plata, ni los contactos, ni las lindas fotos. Entonces dije que no.

Después me llegó la propuesta de la agencia que estoy ahora y terminé diciendo que sí. Porque son una marica y una mostra divines, que son muy del amor y me cuidan un montón y ni en pedo se acercan a ser lo que es la otra agencia. Aún así me hace ruido ser modelo porque es reproducir estereotipos de belleza hegemónicos y sé que tengo suerte siendo modelo porque soy blanca, soy flaca, no se me nota ser trans. En eso estoy de acuerdo con lo que decían, que soy el modelo de persona trans que el mercado está abrazando. Pero esto no lo sé gracias a ellas, yo ya lo sabía de antes. 

Lo que yo intento entender es que ese es el negocio que yo hago con la hegemonía, porque mientras yo represento el modelo de persona trans que ellos quieren. Les meto con los medios que ellos me dan y las puertas que ellos me abren, todo un discurso disidente y contrahegemónico que los pone en jaque. Escribo lo que escribo, digo lo que digo y me permito ser con toda mi cosa punky y pendeja, siendo modelo. 

Ahora me sigue un montón de gente por mi trabajo de modelo que tiene que leer las cosas re viscerales, fuertes que escribo sobre ser trans y que probablemente nunca hubiesen leído. Y probablemente con la entrevista para L’Oficiell, por ejemplo, la gente que la lea va a leer los nombres de Marlene Wayar y Quimey Ramos, son dos nombres cruciales que nunca estuvieron en un medio así y ahora todas las señoras chetas que compran esa revista, leyeron los nombres de estas dos travas y eso es un re logro. Eso también fue posible porque hay una modelo trans que es hegemónica, porque sino no hubiera estado en esa revista. 

Yo creo que este es el teje que hay que hacer. Yo creo que la hegemonía se destruye desde adentro. O por lo menos es una de las formas que hay para destruirla. Yo con todos los privilegios  que tengo podría elegir no ser modelo, no llegar a la gente que estoy llegando y hacer lo que estoy haciendo. Ó tomar la decisión inteligente y política y negociar de esta forma.

– Recuerdo cuando achacaban a Flor de la V en la TV y Lohana salió al cruce a decir, ¿por qué Flor no puede ser hegemónica?

Algo que a mí siempre me hizo mucho ruido fue la manera en que el colectivo LGBTTI y sobretodo las trans, que históricamente renegaron de que estuviera en la farándula en el lugar que ocupaba. Mal que mal, no habrá sido una gran militante, ni llevó un discurso contrahegemónico, super revolucionario y anarquista que todas las travas hubieran soñado. Pero abrió un montón de puertas y fue una cara visible de lo trans que no era lo que en ese momento se veía. Que en ese momento una trans sólo era una compañera que se prostituía en una esquina. Flor vino a mostrar otra posibilidad, no era la posibilidad de la mayoría, ok. Pero era una distinta y eso es un montón. 

A ver, ¡había que ser travesti en los ’90, en la farándula! Y nadie le dio crédito por eso. Y yo estoy muy enojada con la comunidad por no haberle dado crédito y no haberla acompañado.

– ¿Cómo reciben tus libros y pensamientos las nuevas generaciones de travas/trans?

Son muchos mensajes del amor. Muchas se ven reflejadas e identificadas. Creo que mi primer libro “Pendeja: Diario de una adolescente trans”, funciona como una brújula, como lo escribió en el prólogo Quimey Ramos. Me fascina que el libro cumpla esa función para las pibas.

Yo escribí ese libro siendo consciente que no había nada sobre adolescencia trans y menos escrito siendo adolescente. Entonces la importancia de que existan libros así y sirvan como un modelo identificatorio, tiene que ver con un sueño que tengo que es el de significar para otras personas, lo que Camila Sosa Villada y Susy Shock significaron para mí

En cierto sentido para un montón de gente esto ya es así. Me escriben un montón de pibites que se dan cuenta que es posible ser trans y escribir, ser trans y actuar, ser lo que vos tengas ganas de ser. Hay una posibilidad. Yo tendré un montón más de privilegios, pero existe la posibilidad de escuchar lo que tenemos para decir, escucharnos, vernos y ahora saben que existimos. Eso es re importante.

También mucha pibas que me cuentan que gracias a mí se están pudiendo entender, madres que me cuentan que pudieron entender a sus hijes en base a lo que hago y digo. Me encanta que funcione como una enciclopedia, como un botiquín, una cajita de herramientas al que la gente pueda acudir para poder entender un poco más lo que sentimos y lo que nos pasa, que en realidad casi nunca se ha escrito ni dicho.

– ¿Cómo te proyectas mas adelante?

Yo siempre me tiro muy para abajo. A diferencia de lo que muchas creen, a pesar de todos los privilegios que tengo, yo también sufrí un montón de violencias. Estoy creciendo en un mundo en el que las oportunidades para las personas trans casi no existen. Están recién empezando a existir ahora. 

Hace poco una persona me describió como la primera modelo trans en argentina en picar alto. Y eso es un montón porque me hace entrar en conciencia que estoy abriendo puertas para otrxs y bajo esa linea no tengo referencias de otras personas en mi país que hayan hecho lo que yo hice y hayan tenido las posibilidades que yo tuve. Entonces soy como una pionera en un montón de cosas. 

Todas las inseguridades que tengo, siempre pienso que lo que estoy haciendo es la última vez que lo voy a poder hacer. Que Pendeja es el único libro que iba a escribir porque nunca más iba a poder escribir, que la vez actué en una película era la última vez que iba a actuar porque nunca nadie me iba a volver a llamar, esa es la forma que tengo de pensar. 

Pero haciendo un gran esfuerzo, les puedo decir que el sueño que tengo es hacer una gran película, poder vivir de la actuación, poder seguir haciendo lo que hago pero más masivamente. Ganar un Martín Fierro o alguno de esos premios importantes y en el discurso decir: esto es un logro colectivo y se lo quiero dedicar… no les voy a spoilear todo mi discurso que ya lo tengo pensado. Pero eso es lo que sueño. Poder seguir haciendo lo que me gusta que es actuar y escribir, pero para un público más grande.

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