“Hay una vuelta a la conceptualización del VIH como la peste rosa”

Rodolfo Hachén, docente e investigador de la UNR, participó como voluntario de la vacuna del VIH y manifestó que asociar las relaciones sexuales de personas LGTBI+ con la transmisión del virus atenta con los derechos humanos. Además, realizó críticas a la metodología utilizada para probar la eficacia.

Rodolfo Hachén es docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario. Hace algunas semanas decidió acudir a una convocatoria realizada por el Instituto Centralizado de Asistencia e Investigación Clínica Integral (Caici) en la que buscaban voluntarios para probar “la vacuna contra el SIDA”, tal como fue anunciado en los periódicos locales.

Desde el centro médico informaron que se trata de la etapa de investigación final en la que unos 130 voluntarios participarán del ensayo que durará tres años, y cuyos resultados se conocerán recién en el 2023. La noticia generó expectativas.

Sin embargo, al momento de la entrevista Rodolfo se topó con algunas inconsistencias: “Se fundamenta en una serie de prejuicios estigmatizantes (versiones moderadas del término «promiscuidad») y en poblaciones de «riesgo» difícilmente categorizables”, expresó en un extenso posteo en las redes sociales que se viralizó en cuestión de horas.

En diálogo con La Tetera, Hachén relató su experiencia como voluntario y profundizó en las críticas a la metodología utilizada para probar la eficacia de la vacuna. Además, explicó que parte de los criterios estigmatizan a la población LGTBI+ al realizar una asociación directa entre las relaciones sexuales de personas del colectivo y la transmisión del virus.

¿Cómo fue la experiencia al presentarte como voluntario para la vacuna del VIH?

Cuando me enteré de  que pedían voluntaries para realizar las pruebas necesarias para una vacuna preventiva contra el VIH, pensé inmediatamente en presentarme. Me comuniqué por whatsapp para manifestar mi interés y fui citado a una entrevista informativa. Me atendió un doctor joven y amable que me preguntó por qué me deseaba participar e intentó explicarme la metodología de la investigación. Eso me preocupaba particularmente ya que no entendía, previamente, cuáles eran las variables y de qué forma iban a evaluar los resultados. Soy profesor de Metodología y Técnicas de la Investigación en la UNR. Tal cual como me lo comunicaron en ese momento, el programa no satisfacía mis expectativas. Pensé, entonces, que si ese proyecto hubiera caído en mis manos para ser evaluado lo hubiera rechazado inmediatamente. Se fundamenta en una serie de prejuicios estigmatizantes (versiones moderadas del término «promiscuidad») y en poblaciones de «riesgo» difícilmente categorizables.

En realidad, me comunicaron, que  buscaban personas que tuvieran relaciones sexuales con individues del mismo sexo, trabajadores sexuales y mujeres trans.  La idea del proyecto es que estas personas (no infectadas) se sometan a la aplicación de las vacunas. Esto implica un universo de contraste ya que aleatoriamente algunes voluntaries recibirían la vacuna y otres sólo un placebo. Ante mi pregunta de cómo iban a valorar la variante «sexo seguro» o cuidados especiales, el doctor me dijo que ellos no les iban a pedir a les voluntaries que no se cuidaran (cosa que sería claramente criminal). De lo expuesto, deduje, en un primer momento, que dejando libre esta variable tan importante (por algo les voluntaries no contrajeron hasta ahora el virus) no habría conclusión posible. Nunca se podría saber, pensé, a partir de esa primera información recibida,  si el no contagio devendría de métodos comunes de cuidado o de la vacuna. También pregunté si inoculaban virus vivos o muertos. Me contestó que se trata de un mix (esto es refutado luego por la lectura del protocolo aclarativo) por lo cual, durante el proceso, los resultados de los análisis podrían ser positivos debido a la reacción inmunológica del cuerpo, pero que ellos estaban dispuestos a extender un certificado que garantice que no se ha contraído la enfermedad (sic).

 Otra respuesta más coherente a la recibida en la entrevista surgió de la lectura del protocolo del estudio Mosaico. Si me hubiera quedado sólo con la información de la entrevista, hubiera podido pensar, como lo hice, que la prueba misma podría llevar a les voluntaries a despreocuparse del cuidado necesario y llegar a contraer el virus que hasta hoy no han adquirido. En tal sentido, entendía que en los países serios, este tipo de investigaciones no son posibles. En EEUU existe el Comité de Human Rights que supervisa todas las investigaciones que comprometan a seres humanos. Incluso si yo quisiera iniciar una investigación en educación, también debería ser autorizada. Si por ejemplo intentara aplicar dos métodos diferentes para alfabetizar para demostrar la superioridad de uno sobre otro, podría recibir sobre el final cantidades de juicios de los padres a cuyos hijos sometí a un método más desventajoso. Lo mismo debería pasar en el caso de esta prueba de la vacuna contra el VIH. Me sorprendía, claramente, la precariedad metodológica. Todas estas dudas me llevaron a leer el protocolo de la investigación en el que se aclara que: 

“El estudio se encuentra en la “Fase III”, esto quiere decir que ya hubo ensayos preliminares (primero en animales y luego en voluntaries humanes), y que a través de los mismos se pudo comprobar que la vacuna fue efectiva para prevenir la infección en animales, que produce una buena respuesta inmunológica celular y humoral y que no produce efectos adversos severos (es decir, que tiene una muy buena tolerancia). Que el estudio se encuentre en su tercera fase, implica que ahora participarán miles de personas en todo el mundo y que de esta forma se podrá demostrar la eficacia para prevenir la adquisición del VIH.”

Definido así el estado de la cuestión, mi duda continuaba siendo intensa respecto de la conformación del universo de estudio, de la dinámica en vinculación con el universo de contraste (placebo) y de la posibilidad de la transmisión del virus. Respecto de la transmisión del virus, encontramos esta respuesta:

“¿Puedo adquirir el virus del VIH a través de estas vacunas?

La respuesta es NO.

La vacuna consiste en un adenovirus (el de un resfrío común atenuado) en el que se insertan proteínas manipuladas genéticamente que, al ingresar en contacto con el organismo, generan anticuerpos que reconocen al virus del VIH y de esta manera impiden el ingreso de este a las células. ¿Complejo? Pensémoslo así: El virus del resfriado como caballo de Troya para introducir en nuestro organismo a las proteínas manipuladas genéticamente. Estas engañan a nuestro cuerpo y “le hacen creer” que tenemos el virus del VIH. ¿Cuál es la reacción del organismo? generar las defensas necesarias para proveernos inmunidad.

En algunos casos es posible que al realizar un testeo de VIH durante el periodo del estudio, el mismo resulte positivo, pero esto no quiere decir que se ha adquirido el virus, ni que exista carga viral, sino que el testeo da “positivo” por la propia respuesta inmune que lo protege del ingreso del VIH. Nadie, absolutamente nadie, puede adquirir el virus del VIH con la vacuna, porque la misma no contiene VIH ni vivo, ni muerto, ni atenuado. Lo que se estudia en les voluntaries, que recibirán aleatoriamente la vacuna o placebo, es la diferente respuesta inmunológica y la eficacia de la vacuna para prevenir la adquisición del virus”

Ya me habían informado en la entrevista que  la prueba constaba de tres momentos: el primero con una sola aplicación y los dos restantes con dos aplicaciones simultáneas. Esto nos permite pensar que en la segunda y tercera aplicación se inocularía  “un adenovirus (el de un resfrío común atenuado) en el que se insertan proteínas manipuladas genéticamente que, al ingresar en contacto con el organismo, generan anticuerpos que reconocen al virus del VIH y de esta manera impiden el ingreso de este a las células”. Esto explicaría también la función del universo de contraste ya que “lo que se estudia en les voluntaries, que recibirán aleatoriamente la vacuna o placebo, es la diferente respuesta inmunológica y la eficacia de la vacuna para prevenir la adquisición del virus”

Ahora bien, si todo es como se explica: ¿por qué necesitan que la población pertenezcan a la mal llamada “situaciones de riesgo”?

“¿Quiénes pueden participar del estudio MOSAICO?

-Hombres que tengan relaciones sexuales con hombres cisgénero y/o personas transgénero // que no vivan con VIH y que por sus prácticas sexuales se encuentren expuestos al #virus.

-Mujeres transgénero que tengan relaciones sexuales con hombres cisgénero y/o personas tránsgenero // que no vivan con VIH y que por sus prácticas sexuales se encuentren expuestas al virus.”

Rosario es la única ciudad del interior del país que participará del ensayo patrocinado por el laboratorio Johnson & Johnson.

¿Cuáles son las críticas metodológicas?

Las críticas metodológicas son varias. Lo más importante se refiere a  la conformación de la población a investigar y las variantes que se consideran pertinentes. Durante la entrevista me informaron que se utilizaba la categoría de “población en situación de riesgo” para no hablar explícitamente de “promiscuidad” (no tener pareja estable; haber tenido relaciones sexuales con al menos 5 personas  diferente, del mismo sexo, en el último año y haber contraído  enfermedades venéreas a repetición) y que no se tomarían en cuenta la variable de cuidado personal. Esta conformación estigmatizante de la población es de conceptualización retrógrada e innecesaria si creemos que la prueba es como se plantea en el protocolo del Mosaico. Si lo que realmente se busca es la reacción inmunológica del organismo ante la inoculación de un adenovirus en relación a su vinculación con el placebo y la vacuna: ¿qué importa la elección sexual y de género de la población? ¿Cuál sería la diferencia de la reacción inmunológica en otras personas? En la entrevista llegaron a decirme que muches trabajadores sexuales manifestaron no “cuidarse” a pedido de sus clientes, pero en ningún momento se dijo que esos “clientes” (muchas veces autoproclamado como “heterosexuales”, monógamos y padres de familias) fueran a ser parte de la investigación. Si la investigación requiere de personas en “situación de riesgo” es porque se considera que las relaciones homosexuales constituyen una variable importante. Esto se contradice con la prueba descripta en el protocolo. Si lo que se busca es la reacción del organismo en inoculados con vacunas y placebos ante un virus específico inoculado, también, durante la prueba cualquier persona podría ser voluntaria.

¿Se estigmatiza a la población LGTBI+?

Claramente hay una vuelta a la conceptualización del VIH como “la peste rosa”. Asociar las relaciones homosexuales y a las personas mujeres trans con la prostitución, la promiscuidad y la transmisión del virus atenta contra los derechos humanos. Inclusive, durante la entrevista, se puso en evidencia una concepción muy reducida de la categoría genérica de “trans” confundiendo personas transgénero con transexuales. Como ya he sostenido (si tengo que creer a lo expresado en el protocolo del Mosaico) la conformación de la población resulta innecesariamente estigmatizable e irrelevante a la hora de ser tomada como variable central de la investigación

¿Por qué no podrían participar personas heterosexuales?

Tal y cual está formulada la investigación en el protocolo, nada hace pensar que la definición estigmatizante de la población sea necesaria. Respecto de estos criterios se nos dice:

“En principio tenemos que saber que los criterios de inclusión son internacionales, es decir, no son expresados por cada país, ni cada centro puede elegirlos, sino que, por el contrario cada centro debe respetarlos. Por su parte, para poder comprender de qué hablamos cuando hablamos de criterios de inclusión, tenemos que saber algunas cosas; si bien entendemos que los números, cuando se habla de personas, no son de lo más simpáticos, es necesario comprender que hay variables epidemiológicas que nos demuestran que la prevalencia de diagnósticos positivos de VIH en estos sectores de la población es 20 veces mayor que en otros. ¿Por qué? Las últimas estadísticas indican que el uso autorreportado del preservativo en las relaciones sexuales entre hombres cisgénero o personas transgénero se encuentra por debajo del 65%. De todos modos esto no termina acá: también les participantes deben referir a tener varias parejas sexuales y haber tenido alguna ITS.”

Los “principios internacionales” no presentan autoría ya que en ningún momento se explicita qué país o centro internacional de investigación los ha definido. Las estadísticas mencionadas son de conclusiones dudosas ya que apelan al “uso autorreportado del preservativo”. Desde un punto de vista metodológico serio, sólo se pude concluir en este tipo de estudios que hay una tendencia mayor “entre hombres cisgénero o personas transgénero” a aceptar que no utilizan perservativos en sus relaciones sexuales. Nada se dice al respecto de la autodefinición como “heterosexual” ni de la sinceridad a la hora de ser interrogados respecto de sus prácticas sexuales. El error central es asociar ciertas prácticas sexuales y elecciones de género con la transmisión del virus y no a la ausencia de cuidado. La transmisión debe ser asociada a la falta de cuidado y no la las mal llamadas “personas en situación de riesgo”. Esta falta de cuidado debe ser, sin dudas, vinculada, también, en muchos casos, con la pobreza, la falta de educación sexual, los deseos/morbos personales y las inadecuadas políticas públicas.

Insisto, como se explica la investigación, nada permite pensar que las llamadas personas “heterosexuales” no pudieran participar de la población.

Entrevista: Martín Paoltroni 

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