Ser trans en cuarentena: entre la emergencia alimentaria y las casas hostiles

Varones y mujeres trans y travestis de Rosario aseguran que la asistencia del Estado es escasa en cuanto a la provisión de alimentos y productos de higiene. A raíz del confinamiento, también aumentaron las situaciones de angustia y pánico por vivir en hogares que rechazan la diversidad.

Por Martín Paoltroni

Las medidas de prevención por la pandemia del coronavirus, dejaron expuesta la precariedad en la que muchas personas del colectivo travesti – trans viven a diario desde hace muchísimo tiempo. La vulneración de derechos básicos y elementales para la vida, como el acceso a una vivienda, al trabajo, al sistema de salud y la educación, desnudan una realidad compleja, que se ve doblemente afectada por las restricciones de circulación que dispuso el gobierno para evitar la propagación de la enfermedad. 

Si bien es verdad que el nivel de aceptación de las decisiones que adoptó el presidente Alberto Fernández es alto, esa conciencia no obtura ni impide observar que el escenario actual dificulta de sobremanera la vida de varones y mujeres trans y travestis producto  aislamiento preventivo y obligatorio al que estamos sometides. En diálogo con La Tetera, referentes de la comunidad revelaron que la provisión de alimentos y elementos de higiene por parte del Estado no alcanza para cubrir toda la demanda. Además, se han incrementado los conflictos en el caso de jóvenes trans que conviven en hogares hostiles hacia la diversidad. 

Una situación muy crítica 

Fátima Rodríguez Lara integra la Asociación Civil Red Reparar, es directora del Centro de Noche para mujeres transexuales de Rosario y asegura que “la situación es muy crítica”  por la escasez de recursos alimentarios y de higiene: “Venimos de hace mucho tiempo con políticas públicas de parche, que dan soluciones a corto plazo, pero jamás se solucionan los temas de inclusión laboral trans desde la raíz. Me atrevo a decir que somos sujetas amenazadas y atravesadas por una continua y constante desigualdad de oportunidades, quedamos fuera de la órbita de protección estatal, donde subyacen todos nuestro derechos y necesidades, dejando al desnudo nuestra cruenta y cruel realidad”. 

Fátima explica que la ayuda que recibieron hasta el momento “es inadecuada”, y reclama que no fueron convocadas para discutir “lo inherente a todas nuestras necesidades». Además remarca: “Nuestra presencia dentro de la formulación de estrategias es clave para poder acompañar en primerísima persona y salvaguardar cada una de las necesidades de nuestra comunidad. Lo más urgente que necesitamos son alimentos, elementos de higiene y de protección personal”. 

“Nos preocupa que los pibes se cortan” 

Santiago Quizamas forma parte del grupo Varones Trans Santa Fe, y revela que durante este período han aumentado los conflictos en los hogares de muchos adolescentes y jóvenes trans: “Vemos situaciones de mucha angustia, ataques de pánico por tener que estar tanto tiempo en la casa. Esto afecta sobre todo a los más chiquitos, los que tienen entre 9 y 18 años. No es fácil autopercibirse trans dentro de casa y eso se vive con mucha angustia. Para muchos salir a la calle, ir a colegio, o tener algún trabajo por ahí era la posibilidad de ser, hoy se hace muy difícil que respeten nuestros nombres cuando tenés un adulto que te baja letra y no te respeta, te violenta”. 

En la misma línea, Santiago insiste: “Los chicos de 11, 12, la están pasando mal. Hay muchas familias pasando una situación económica mala y te agarran como chivo expiatorio. También la propia adolescencia hace que todo esto sea más difícil. Hay compañeres que no tienen la tecnología para afrontar una videollamada y tampoco tienen el espacio. Nos preocupa que los pibes se cortan”, comenta angustiado. 

En relación a la asistencia alimentaria, Quizamas manifiesta que la situación afecta a los varones trans  de mayor edad: “Muchos compañeros tenían trabajo informal y recibieron algo del Estado, pero muy poco, casi nada. Nos estamos autogestionado. La UNR nos facilita viandas. Hay compañeres que tienen hijes pero no se les puede dar una sola vianda. Estamos esperando que esto se resuelva de la mejor manera”. 

Políticas públicas reales 

Jackeline Romero es presidenta fundadora de la Red Diversa Positiva, secretaria de diversidad de Iniciativa Popular,  y explica que la comunidad trans “está en un estado triplemente vulnerado porque las compañeras en su gran mayoría viven del trabajo sexual, y las que no, no tienen una entrada económica para sobrevivir”. 

Sobre la ayuda del gobierno, Jackie reconoce que hubo asistencia, pero que no alcanza: “Es gravísimo lo que está pasando, desde el Estado solo recibimos un bolsón de mercadería que se distribuyó el día 27 y eso a duras penas puede durar una semana. Desde las organizaciones trans y travestis no estamos pidiendo dinero, sino comida, que es lo que más demandan las compañeras, y lamentablemente la ausencia del Estado es más que notable a nivel nacional, provincial y municipal. Se necesitan políticas públicas reales, porque lo que se hizo hasta hoy fueron solamente parches, sin resolver la situación concreta, que es la falta de inclusión real”. 

En este sentido, la militante le reclama a la dirigencia política que “camine a la par nuestra y que de una vez y por todas reconozcan nuestros derechos y respeten nuestras identidades. Hoy el hambre es político, a veces no tenemos ni para hacernos un plato de arroz, y peor aun cuando solo te mandan harina y grasa en un bolsón que es totalmente precario”. 

Redes de comunicación y afecto 

Máxima Zalazar forma parte de Comunidad Travesti-Trans Rosario y de La Casa de las Locas, y cuenta que la cuarentena se está haciendo muy difícil de sobrellevar para las chicas: “Se podría decir que siempre somos las más vulneradas. Muchas ejercen el trabajo sexual, que por obvias razones se tuvo que dejar de realizar, imagínate que es el ingreso principal y hasta en algunas ocasiones ni llega ser un ingreso, ni hablar de que somos pacientes de riesgo, que hay compañeras atravesadas por el consumo y necesitan de un acompañamiento, sin dejar de lado los casos de violencia. Ésta es la vulnerabilidad social en la que vivimos”, asegura. 

Sin embargo, Máxima rescata la construcción de redes de afecto y acompañamiento entre todos los sectores que integran la militancia travesti: “Entre nosotras nos mantenemos en contacto, armamos redes de comunicación para saber una de la otra y nos pasamos información, la cual tratamos de filtrar, ya que a veces puede ser una info no potable. Somos luchadoras desde el primer momento, somos prácticas, tenemos capacidad de resolución siempre vamos a conseguir ayudarnos entre nosotras de alguna manera”. 

Con respecto a las ayudas, la militante señala que no se puede negar que hubo asistencia por parte del Estado aunque “quizás no fue la necesaria” y recata la entrega “del módulo alimenticio, de las viandas, el bono nacional”. Entre lo que falta, explica que se deberían sumar “artículos de limpieza, que las viandas sean más abundante, ya que para muchas es la única comida del día, una ayuda para comprar garrafas y habilitar a los centros de salud para que las compañeras puedan retirar sus medicamentos ahí y no movilizarse hasta el CEMAR”.

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