Cuerpos gordes: no somos el chiste de tu cuarentena

El aislamiento social develó al rati de las corporalidades y puso de manifiesto la gordofobia latente en ciertos discursos: teléfono para hacedores de memes, comentaristas distraídos y hegemónicos conscientes. 

Por Mariano Maranghello 

El 21 de marzo a través de un DNU el gobierno nacional, a cargo de Alberto Fernández , decretó el aislamiento social, preventivo y  obligatorio para todo el pueblo argentino, a raíz de una pandemia mundial por el virus covid-19 (AKA Coronavirus).

A partir de ese momento, todes nos vimos relegades a los confines de la propia intimidad, lidiando con un mundo virtual en el que depositar masiva y públicamente todas nuestros menesterosos deseos de que el entorno sepa que existimos, cuáles son nuestras preocupaciones y nuestros miedos.

Mi infinita sorpresa, y también preocupación, fue reconocer que el mayor miedo que se instalaba en la gran mayoría de las publicaciones, memes y chistes, no era morir por covid-19 sino ENGORDAR.

Al parecer el temor a no llegar al verano con la panza chata se adelantó un par de estaciones y ahora nos vemos en la obligación de salir de esta cuarentena hegemónicos y felices, porque parece ser que el encierro, el descuido y la falta de salud estarían reservados casi con exclusividad para las personas que habitamos cuerpos gordos. 

Se que en este punto muches están tentados a sacar la balanza y definir si quien escribe merece o no sufrir la violencia que se reserva a un cuerpo gordo o no. Pues déjenme decirles, pequeños padawan, que no hay merecimiento de violencia a razón del kilaje. 

Por supuesto que no es la misma violencia que recibo yo, siendo un puto cis con un cuerpo al que algunes reconocen el maravilloso privilegio de “no ser tan gordo”, que la violencia que recibe un varón trans, una compañera por ser mujer, o mujer trava/trans o no binarie, y que encima se da el lujo de habitar un cuerpo gorde. Claro que no es la misma violencia y que no se ejerce del mismo modo.

“Aclarado” eso, tengan a bien considerar que sea como sea, esa violencia se ejerce y se recibe. La recibimos cuando alguien se pone en policía de la comida y cree que puede marcarte la cantidad de comida que estás comiendo, o la forma en la que elegís comer. La recibimos cuando tenemos que leer continuamente que salir de la cuarentena con panza es “lo peor que te puede pasar”. 

Bueno, no. Porque lo peor que te estaría pasando es que, si sobrevivís al coronavirus, no estarías pudiendo sobrevivir a ser une gordofobique que utiliza la corporalidad de otres para remarcar un rasgo negativo para la humanidad. Y ya sabemos que lo peor no es ser gorde, más grave es ser macrista o policía del cuerpo o de cualquier cosa que creas que está por debajo de “tus privilegios” y sobre los que podes hablar y hacer chistes como si fuera ese el aire vital por el que une gorde ha venido a este mundo: ser tu bufón.

También recibimos esa violencia cuando, y acá me veo obligado a recortar el espectro, las marikas las juegan de aliadas y pretenden experimentar qué tan gordofobiques son intentando cogerse une gorde. Chiques, son el horror. No necesitamos de sus experimentos para reconocer erótica, ni necesitamos que nos reconozcan deseables. Les tengo un secreto: lo somos. A algunes nos ha costado muchísimo más, y muches incluso aún no han podido dejar de leer nuestro cuerpo y el deseo anclado a el, en función de la reprimenda continua de habitar un cuerpo en falta.

Y entonces te encontrás con escenas en las que, así como los pakis suponen que a un puto le puede, perdón, le DEBE gustar otro puto, algune tiene la maravillosa impresión de que tenes que prestarle atención a alguien porque “le gustan les pibes como vos”. 

No amigue, yo elijo quién me gusta y porqué.

Quizás sea necesario aclarar que las corporalidades que responden a hegemonías que sostienen estándares de belleza inalcanzables para TODES, no son solo una ficción de los medios de comunicación. No solo es la violencia que se ejerce en las publicidades donde une gorde solo hace de ridículo, grotesco o gracioso. No son solo los videoclips (sí, soy muy noventa) en donde la ridiculez de los cuerpos hegemónicos radica en disfrazarlos o montarlos, pero al momento de ridiculizar un cuerpo gordo solo es necesario hacernos mover las mover las caderas, porque al parecer nuestras caderas son graciosas per se.

No son sólo las ficciones de los medios que reproducen esas imágenes. Los profesionales de la salud física y mental también sostienen un paradigma en relación al “padecimiento” gordo. Un paradigma que reduce las posibilidades de la angustia humana a la condición de su peso. A LES GORDES NO LES PASA OTRO COSA  ADEMÁS DE SER GORDES.

El médico siempre, siempre, SIEMPRE te va a decir que adelgaces, aunque hayas ido porque te duele la garganta y volviste de italia a principio de marzo. Un cuerpo gorde automáticamente se asocia al descuido y a las enfermedades, a la ansiedad y a la angustia, cuando no a la depresión.

Horas antes de empezar a escribir esto, me choqué de frente con una publicación de una revista PSI que funciona como un escaparate de oferta de terapias random sin más criterio clínico que tener matrícula, en la que se ofertaba un curso virtual (pues pandemia) de tres meses sobre OBESIDAD.

El programa apuntaba a ejes interesantísimos como por ejemplo: edad en la que comienza la obesidad, características cognitivas y fisiológicas de la enfermedad, concepto de comorbilidad o enfermedades coexistentes (porque une gorde es como una bomba de tiempo lleno de enfermedades y problemas relacionados puro y exclusivamente con ser gorde, obvio) y tecnicas increibles (nah mentira, puras estupideces) para reeducar, rehabilitar y evitar la recaída de le gorde. 

Hubo un punto que me pareció como mínimo irrisorio:

“Diagnóstico diferencial entre obesidad acompañada de síntomas depresivos y obesidad resultante de trastorno por depresión”

Claramente no existe la posibilidad de que la depresión, la baja autoestima, la ansiedad, las ideas de muerte,  el rechazo al cuerpo propio no vengan de una “persona fallada” sino que SEAN LA CONSECUENCIA DE HABITAR UN CUERPO QUE DESDE SUS INICIOS MÁS PRIMARIOS FUE ACUNADO EN EL RECHAZO, LA POSTERGACIÓN Y EL INTENTO INCANSABLE DE SORTEAR LA INMENSA NECESIDAD QUE TIENE EL MUNDO DE CONSIDERAR LA GORDURA COMO UN ESTIGMA, COMO UN CUERPO QUE NO DESEA NI ES DESEADO.

Eso, señores, es lo que puede llegar a producir depresión en une gorde, no las dimensiones del cuerpo, sino las dimensiones infinitas de rechazo y violencia en la que los cuerpos construyen su erótica en esta humanidad. Y ese rechazo no es propiedad de les gordes, ese rechazo es el mismo que trata de decirnos(me) qué genital debe portar mi compañere, es el mismo que nos dice qué nombre debemos llevar, cuál debe ser nuestra identidad y de qué formas debemos estar y ser.

Es el mismo discurso. Y por eso es aún más ridículo escuchar a las marikas (entre otras ) preocupadas por subir de peso en la cuarentena. Ojo chicas, quizás suban de peso, pero sería más triste verlas eclosionar de la pandemia con la visera puesta y manejando el patrullo.

Ilustración: Francisco Favaro
@franfavarol

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