Matrimonio igualitario: 10 años de un sueño atrevido y desobediente

Argentina vivió un antes y un después de la ley que permitió el casamiento entre personas del mismo sexo. El debate permitió incorporar la perspectiva de la diversidad sexual en la política y sentó las bases para nuevas discusiones.

Por Martín Paoltroni

Dicen que el paso del tiempo permite ver a los grandes acontecimientos de la historia en toda su magnitud. Y aunque parezca grandilocuente, el Matrimonio Igualitario fue eso: un sueño atrevido y desobediente que marcó un sendero y dejó huellas. Un retazo tejido con la intrépida rebeldía disidente que supo colarse entre los huecos más insólitos para inaugurar un nuevo tiempo.

¿Fue la solución para todos nuestros problemas? Sin dudas que no, pero fue punta de lanza para avanzar hacia nuevas conquistas. Fue la demostración real y concreta de la enorme potencia del movimiento LGTBI+ para cambiar aquello que debía ser cambiado. Fue la excusa para empezar a hablar sobre algo más que un tema incómodo: la posibilidad de ser y existir para el Estado con cierta igualdad de condiciones.

Porque, más allá del reconocimiento legal hacia las parejas del mismo sexo y sus hijes, la ley también significó que más personas puedan decidir si querían o no casarse. Aunque suene contradictorio, eso también formó parte de las nuevas libertades con la que muches amanecimos el 15 de julio del 2010 tras un acalorado debate en la Cámara de Senadores. ¿Pero cómo fue el camino que permitió aquel triunfo en épocas donde Francisco todavía era Bergoglio y nos declaraba la guerra santa?

Lo imposible solo tarda un poco más

Bruno Bimbi, autor del libro “Matrimonio Igualitario. Intrigas, tensiones y secretos en el camino hacia la ley”, recuerda que, al principio, embarcarse en un proyecto semejante parecía inalcanzable:

«Amigos, conocidos, compañeros que les parecía bien lo que estábamos haciendo pero nos decían: ‘¿Ustedes saben que no lo van a conseguir, que esto es imposible? Faltan 20 o 30 años para que esto pueda pasar en Argentina’. Y esa era la percepción en ese momento, que estábamos haciendo algo para dejar un punto de partida en algún lado pero que iba pasar 20 o 30 años después«.

Por aquellos años, Bruno era parte de la FALGBT (Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans), desde donde se hicieron los primeros trazos del proyecto:

«Nosotros nos preparamos para todos los escenarios, por eso decidimos presentar recursos de amparo en la justicia, proyectos de ley en ambas cámaras del congreso, y decidimos ir a hablar con el Poder Ejecutivo para conseguir el apoyo del presidente que en aquel momento era Kirchner. Tuvimos todas esas estrategias simultáneas y a la vez decidimos hacer una campaña en los medios de comunicación, llamar a los artistas«.

¿Hubo algún momento que ustedes hayan considerado decisivo?

«Cuando salió el primer falló de la jueza Gabriela Seijas, que autorizaba el matrimonio de Alex y José. Para mí ese momento fue clave porque rompió para siempre la idea de que no se puede. Había un debate hasta ese momento donde nos decían: esto es imposible, no lo van a conseguir. Y eso nos decían incluso algunos sectores del movimiento lgbti y también servía de excusa para algunos políticos que nos decían: “Che mirá esto está bueno, me parece bien, pero ustedes saben que esto no va a salir, ¿no?”. Y era una excusa para no comprometerse. Cuando sale ese fallo y por primera vez está escrito en papel que hay una pareja que se puede casar y lo dice un juez, eso significó un antes y un después porque rompió la idea de que era imposible«.

El periodista considera que hubo una multiplicidad de factores que intervinieron para desembocar en la aprobación de la ley, aunque reconoce que hubo otro momento clave vinculado a la decisión política del gobierno nacional para avanzar en la estrategia.

«Fue muy importante el día que fuimos recibidos en la Casa Rosada en una reunión que no trascendió su contenido y en el que recibimos claramente el mensaje del gobierno a través del ministro Aníbal Fernández de que estaban dispuestos a apoyarnos. También significaba que ese apoyo no iba a ser inmediato, no es que mañana Néstor y Cristina iban a salir a decir que estaban a favor porque no estaban dadas las condiciones para eso. A partir de ese momento fueron pasando un montón de cosas en las que el gobierno nos apoyó de manera no pública y que a la vez fueron ganando espacio«.

Esteban Paulón, María Rachid, y Claudio Pía Baudraco de la FALGBT junto a la presidenta Cristina Kirchner durante la promulgación de la ley en Casa Rosada.

Bimbi también rescata la decisión de Mauricio Macri de no apelar el fallo de la jueza Seijas por entender que significó el apoyo velado del por entonces Jefe de Gobierno porteño al proyecto que impulsaba la federación.

«Eso también marcó un antes y un después porque era el principal líder de la derecha diciendo que estaba de acuerdo con nosotros. Para Bergoglio eso fue uno de los peores días de su vida porque perdió a uno de sus aliados, pero a la vez eso significaba una gran presión del lado izquierdo, porque cuando Macri sale públicamente y dice que está a favor, obviamente lo primero que hicimos nosotros fue levantar el teléfono y decir ‘che, Néstor tiene que decir lo mismo mañana«.

En efecto, el expresidente y por entonces diputado nacional Néstor Kirchner se convirtió con posterioridad en una de las piezas fundamentales en la batalla política y discursiva sobre el rol que debía cumplir el peronismo para garantizar la igualdad de derechos en Argentina. Años más tarde, su compañero de bancada Agustín Rossi así lo recordaba:

«Recuerdo como disfrutó de la sesión cuando sancionamos la ley de matrimonio igualitario. Estaba sentado acá al lado mío. Cuando terminó me dijo: ‘Pusimos al peronismo en el lugar que había que ponerlo, si queremos construir una fuerza progresista tenemos que ser capaces de tener incorporadas las demandas de cada una de las minorías de nuestro país’. Pero durante toda la sesión me decía: ‘Pensá en los jóvenes cuando hablés, ellos van a disfrutar de esta ley, van a poder vivir en una sociedad más tolerante, en una democracia más igualitaria’«.

Pueblo versus corporaciones

La construcción del Matrimonio Igualitario como hecho político y simbólico para la cultura argentina, también estuvo mediado por una gran cantidad de actores que sumaron su activismo y militancia territorial para generar las condiciones que permitieran abrir un gran debate nacional.

Más allá de la estrategia legislativa y política, las organizaciones de base que revindicaban su pertenencia al movimiento nacional y popular participaron de la campaña como eficaces articuladores del discurso para un sector de la población. ¿Se podía ser puto y peronista? La respuesta fue obvia y sus militantes se encargaron de hacérselo saber a la dirigencia del partido.

Mariano Rapetti, militante de la organización Putos Peronistas, recuerda que aunque en aquellos años tenían una postura de fuerte reivindicación al proyecto de ley de identidad de género antes que a matrimonio, entendieron que se trataba de una oportunidad histórica para destrabar otros debates que todavía estaba pendientes.

«En ese momento el bloque de diputados y senadores peronistas estaba partido porque había compañeros que pertenecían a provincias donde la iglesia católica tenía mucho poder. Entonces nuestra intervención tuvo que ver con mostrar a la iglesia como corporación en algunos momentos de nuestra historia como los bombardeos del 55 o el golpe cívico-militar-eclesiástico de 1976«.

Rapetti cuenta que la estrategia fue ubicar el debate en la dicotomía pueblo o corporaciones en un intento por interpelar al movimiento peronista en una de las fibras más sensibles y constitutivas de su formación.

«Lo que se estaba definiendo era la potestad de definir quien tenía el poder de amar, y en ese sentido era el Estado permitiendo un derecho básico como es la posibilidad de formar una familiar, versus la potestad de la iglesia para definir cuáles eran los matrimonio válidos y cuales los que eran abyectos, condenables«.

¿Pensás que el matrimonio igualitario fue el detonante para que el peronismo incorpore a la diversidad en su pliego de reivindicaciones?

Sin dudas. Si hay algo maravilloso de lo que fue la discusión es que permitió que todas las organizaciones del campo popular comprendieran la necesidad de entender al colectivo de la diversidad sexual como parte del pueblo argentino, porque hasta ese momento habían sido profundamente refractarias a ese tipo de políticas. Entonces la tradición de la representación de los colectivos de lo que hoy llamamos la disidencia sexual estaba en manos de los gorilas, o del Partido Socialista y la izquierda, y el peronismo se mostraba bastante conservador. Recuerdo que la primera vez que participamos de la marcha del 24 de marzo venían compañeros grandes a putearnos pensando que éramos radicales porque teníamos una bandera que decía “Putos Peronistas” entonces le teníamos que explicar que éramos putos y peronistas. Hubo un cambio muy grande, un poco tuvo que ver con nuestra acción, y un poco porque ocupamos un lugar que estaba vacante. La representación que había en la sociedad del colectivo de la diversidad configuraba un tipo de gay que no es el mayoritario en nuestra sociedad. El peronismo estaba lleno de maricas, travestis y lesbianas pero no había representación”.

Diputado y padre de un hijo gay

«Yo quiero avanzar desde mi condición de padre de un hijo gay» Así empezó su discurso el diputado del Partido Socialista Ricardo Cucovillo durante la sesión que tuvo lugar en la cámara baja el 5 de mayo del 2010, antes de la sanción definitiva. Su intervención generó gran impacto frente a los argumentos a favor y en contra que se habían esgrimido en un clima de tensión creciente.

El socialista contó que había preparado un discurso con datos e información, pero que unos minutos antes decidió tirarlo a la basura y hablar a través de la emoción. Diez años después, su discurso permanece en la memoria colectiva como uno de los más sentidos.

¿Cómo recuerda ese momento?

Creo que fue el momento legislativo más importante y más emotivo para mí. Habitualmente se ve la torre de un edificio, pero todo eso tiene una historia. Por eso yo me inclino a recordar lo que fue el esfuerzo, la perseverancia, los años y décadas de lucha para planificar y lograr el objetivo. La votación, si bien fue reñida por los actores allí presentes, ya estaba ganada en la sociedad. Si se hacía una encuesta en ese momento, se ganaba por afano. Tan fuerte fue eso de poder torcer el brazo a algunos no convencidos, primero en diputados y después en senadores, que al día siguiente ya se estaba pensando en la Ley de Identidad de Género.

¿Cuál era el clima en la cámara esa noche?

Lo vivimos con la incertidumbre de no saber cuál iba a ser el resultado final. En principio teníamos la idea de que había algunos votos más a favor que los en contra, pero eso hasta la votación final no lo podés saber. Pero el clima ahí adentro era muy emotivo. Hay algunos debates en los que uno está en contra o a favor, y hay fundamentaciones con peso, con apoyo de la ciencia. En el voto a favor con todas las razones que acompañaban desde las ciencias sociales con respecto a que hay una cultura de la desigualdad y a la necesidad de una mayor igualdad. Pero del otro lado no había argumentos sólidos, entonces no había argumentos de mucho peso.

¿Piensa que hoy somos una sociedad mejor?

Creo que el debate fue mucho más importante que en otros países porque aquí se da el voto a una ley de matrimonio igualitario, no es la ley del matrimonio sexual como cuando lo dice algún propagandista que quiere distorsionar la cosa, es la ley del matrimonio igualitario: igualitario es para todos. En todo momento, antes y después de la votación, dije que Argentina iba a estar mejor. Porque iban a tener beneficios quienes no lo tenían, pero quienes ya la tenían iban a vivir en un clima más saludable, de mayor libertad.

Portada: Franco Rasia 

1 comentario en “Matrimonio igualitario: 10 años de un sueño atrevido y desobediente”

  1. Es maravilloso que ya hayan pasado diez años. De todas formas, hay que seguir avanzando y conseguir que el resto del planeta pueda disfrutar de los mismos beneficios. Las personas que no respondemos a lo que el heteropatriarcado esperaría de nosotras tenemos que estar más organizadas, al menos tanto como la gente conservadora, que se reúne un rato todos los fines de semana en sus templos. En torno a una religión atea/agnóstica, no dogmática, feminista, antirracista, ecologista y aliada de los movimientos LGTBIQ, lo conseguiríamos, y seguramente se formarían muchas comunidades. En infiinito5.home.blog escribo sobre ella.

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